La hipótesis de una implicación somalí en los atentados del jueves pasado contra el hotel Paradise -en el que murieron diez keniatas, tres israelíes y los tres terroristas suicidas-y contra un avión israelí fue apuntada enseguida por Washington -en momentos en que un coche cargado con explosivos estalló ayer cerca del aeropuerto de Khos, en Afganistán, ocupado por tropas de EE.UU. -y conduciría al grupo fundamentalista Al Ittihad al Islamiya. Las reacciones ante este señalamiento no se han hecho esperar. El pasado noviembre, tropas de reconocimiento norteamericanas peinaron este país, situado en el cuerno de Africa, en busca de presuntos campos de entrenamiento de terroristas.
La Agencia Central de Inteligencia (CIA) sospecha que Al Ittihad tiene estrechas relaciones con la red terrorista Al-Qaeda, de
El Buró Federal de Investigaciones (FBI) cree, además, que en uno de esos campamentos fueron preparados los atentados con bomba contra las embajadas norteamericanas en Nairobi y Dar el Salam en 1998. Pero los expertos del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) aseguraron, tras numerosas investigaciones, que «ya no existen esos campamentos».
En su informe sobre el terrorismo de 2001, Estados Unidos califica a Al Ittihad, que se cree cuenta con 2.000 seguidores, como la mayor organización islamista de Somalia. Pero los expertos en este país están convencidos de que los buenos tiempos de esta organización ya pasaron: debilitados por las luchas de clanes y el ejército de la vecina Etiopía, los combatientes de Al Ittihad han variado su táctica, señalan.
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