«Pocos días antes de la reunión de Al-Qaeda, la CIA ya conocía los nombres de algunos de los asistentes, y el servicio de seguridad de Malasia aceptó seguirlos y fotografiarlos». Después de la reunión, la CIA siguió el rastro de Alhazmi cuando voló desde Kuala Lumpur a Los Angeles «y los agentes descubrieron que el otro hombre, Almihdhar, ya había obtenido visa para múltiples entradas en Estados Unidos. Pero, asombrosamente, la CIA no hizo nada con esta información» hasta dos semanas antes de los atentados, cuando emitió una alerta. El 23 de agosto la CIA envió un boletín a todas las oficinas de las fuerzas de seguridad pero no pudieron ser ubicados.
Durante un año y nueve meses, no fueron avisados ni el Servicio de Inmigración (INS), ni el FBI.
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