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26 de octubre 2026 - 16:15

Brasil confirmó a Lula, Israel pone a prueba a Netanyahu y Trump se encamina a perder poder

Tres elecciones casi al hilo -cinco si sumamos Serbia y España-, ninguna con resultados que sean halagüeños para Donald Trump y mucho menos para Javier Milei que pierde a sus amigos o estos quedan con mucho menos poder y más problemas.

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¿De mosqueteros, a “patos rengos”? Flavio Bolsonaro quedó fuera. Este martes puede ser el turno de Benjamín Netanyahu. En tanto, la semana que viene Donald Trump verá en cuanto le recorta su poder el pueblo norteamericano.


Primero Brasil. En los últimos días el reelegido presidente de Brasil, Luiz “Lula” da Silva, lanzó una serie de medidas que podríamos llamar “ultra populistas” buscando mantener el caudal e incentivar a quienes lo habían escogido en el pasado, pero 4 de este mes, decidieron abstenerse (o incluso a votar por Flavio Bolsonaro), para lograr un nuevo periodo presidencial.

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Rebaja impositiva y subsidios a los combustibles (9/10), alivio de deudas y créditos para microemprendedores (13/10), bloqueo de celulares en las cárceles, ampliación del plan de ayuda a estudiantes universitarios (Pé-de-Meia), reducción de la jornada laboral con el fin de la escala 6x1, reajuste de la Bolsa Familiar, propuesta de transporte público gratuito los fines de semana, etc…

Visto esto, uno no puede dejar de preguntarse a dónde ha estado mirando el Tribunal Superior Electoral de Brasil. El artículo 73 de la ley de elecciones de 21997 establece que el gobierno en ejercicio no puede usar la estructura del Estado de forma que afecte la igualdad de oportunidades entre los candidatos. Pero con dos de sus siete miembros nombrados por Jair Bolsonaro, dos por Lula da Silva y 3 por Dilma Rousseff, se entiende que las quejas por la extensión del horario de votación, por parte de Bolsonaro y aliados no lleguen a ningún puerto.

¿Quién ganó?

Más allá de las sospechas e irregularidades ganó Lula. Más de cuatro millones de votos de diferencia es demasiado para pensar que aún, habiendo fraude, no se hubiera llevado la presidencia. Pero “¿qué ganó?”. Obvio que la presidencia y la representación del Brasil.

Lula está “grande” y la realidad es que, desde aquel gremialista combativo que alcanzo la presidencia en 2002, ha venido girando hacia el centro. El mayor temor es que durante este periodo podrá nombrar 4 jueces en el Tribunal Supremo, agregando un neto de dos, para llegar a tener 7 de los 11, de su lado.

Que los apostadores se hayan equivocado dos veces son el resultado eleccionario de Brasil, solo los afecta a ellos. Que los “profesionales lo hayan hecho”, habla de su falta de “profesionalismo”.

Pero para esto debe contar con la aprobación del Senado y acá es donde se le complican las cosas, porque hoy está en peores condiciones que ayer (en realidad, antes de estas elecciones).

Si bien luego del 1 de febrero, que es cuando se realiza el recambio legislativo (él reasume el 5 de enero) seguirá contando con 9 senadores afines, a grandes rasgos los aliados a Bolsonaro pasaron de 49 a 55, asegurándose la mayoría de las 81 bancas, en tanto el “Centrao” (los partidos de centro: MDB, PSD centro moderado y Podemos, el PP y Republicanos más a la derecha, con União Brasil entre ambos, claves para los avances legislativos) se redujo de 22 a 16 (queda un independiente).

Si el PL (Bolsonaro) logra aglutinar realmente esos 54 asientos, podría destituir a los Supremos. También podría destituir al presidente, pero para iniciar la causa necesita el aval de dos tercios de la Cámara de Diputados (342).

“Por las dudas” los encuestadores fueron achicando el margen a favor que le daban a Flavio Bolsonaro. Sin embargo, su error fue -otra vez- mayor a lo que marca el error estadístico.

Tras la elección, la derecha llega -estirando las cosas- a 334 diputados, la izquierda a 95, en tanto el “Centrao” retrocedió a 83 (queda un independiente), lo que significa que el “impeachment” sería un trabajo cuesta arriba.

Lula es un hábil negociador y seguramente logrará mucho, pero sus proyectos más extremos, parece imposible que pasen por el nuevo Congreso. En castellano: es un “pato rengo”

¿Fue una sorpresa?

Para los apostadores, las encuestas y el mercado, sin dudas que la victoria de Lula fue una sorpresa… pero claramente estaba dentro de lo posible (ergo, acá hubo impericia de más de un “profesional”)

Van algunos números: respecto de 2022, el padrón electoral brasileño creció en 2,3 millones de personas, mientras que la cantidad de votantes en la primera vuelta aumentó en 1,6 millones. En cambio, la abstención sumó 698.000 personas más. Los datos sugieren que al menos 700.000 electores, en su mayoría jóvenes, no fueron a votar en la primera vuelta.

Que estados del Brasil se volcaron por Lula la segunda vuelta.

Los terceros partidos fueron escogidos a principios de mes por 600.000 almas menos que hace 4 años. Flavio sacó 5 millones de votos más que su padre en la primera vuelta de 2022 pero 2 millones menos que en la segunda y Lula 3,4 millones menos que en la primera y 6,5 millones menos que en la segunda.

Si Flavio no superaba los números de su padre durante la segunda vuelta de 2022 y Lula lograba que el 96,53% de los de aquel entonces volvieran a escogerlo, el gremialista se aseguraba un cuarto mandato. Algo difícil para Lula, pero no imposible.

El mapa de la primera vuelta

Lo que debía hacer Lula para esta segunda vuelta era básicamente motivar a quienes lo votaron antes, que volvieran a hacerlo; lo que debía hacer Flavio era conquistar nuevos votantes.

Flavio terminó consiguiendo apenas 600.000 votos más que su padre hace 4 años, Lula casi 4 millones más que lo que había logrado en la elección anterior. Convenció a los que antes lo habían apoyado y motivó a casi 4 millones más para que no se abstuvieran y lo escogieran.

La influencia de Donald Trump

Un par de días antes de la segunda vuelta de 2022, Donald Trump emitió un mensaje en su red social en la que llamaba a votar por Bolsonaro, calificando a Lula de “Lulu”, loco.

En julio del año pasado, cuando impuso aranceles del 50% a los productos brasileños, Donald Trump lo justificó por “la cacería contra Jair Bolsonaro”.

Cuando en aquel octubre se negociaba la baja de aranceles, la condición norteamericana fue que no se limitara de forma arbitraria “a disidentes políticos” en la elección de este año.

En mayo pasado, Flavio fue recibido por Trump en la casa Blanca y al día siguiente estuvo con J.D. Vance (se mencionó a alguna institución que habría canalizado fondos hacia Brasil). Normalmente, Trump no recibe a quien no sea un mandatario en la residencia presidencial.

Hace cuatro años Trump acusaba a Lula de loco. Esta vez se mantuvo inusualmente callado, viendo que sus intervenciones solo servían para castigar a Flavio Bolsonaro

En julio, Washington quiso enviar una delegación a “discutir la integridad electoral”, pero Brasil les negó la visa a los dos funcionarios del Departamento de Estado. Trump subió los aranceles a los productos brasileños al 25% y en agosto le revocaron la visa a la embajadora brasileña María Luiza Ribero Viotti.

El viernes previo a la primera vuelta de la elección de este año, la embajada y el consulado de los EEUU cerraron sus puertas argumentando cuestiones de seguridad.

El 5 de octubre luego de los resultados de la primera vuelta, publicó un posteo en su red social elogiando el sistema de votación brasileño declarando al salir de la casa Blanca que el resultado de la elección había sido “una gran victoria” (de Flavio Bolosnaro).

Después de la primera vuelta electoral de este año, Trump congratulo el sistema de votación brasileño, para llevar agua a su propio molino, y dar una señal que consideraba la elección absolutamente valida (esto termino entrampándolo y hoy no puede argumentar fraude)

Desde entonces no hubo ninguna otra referencia a la elección, hasta este domingo a la mañana cuando a la salida de la Casa Banca optó por no declarar preferencia por ninguno de los dos candidatos y solo afirmó que no quería entrometerse en el asunto (de las elecciones en Brasil) y que “we are watching”, estamos observando lo que sucedía -fue llamativo que esta vez el consulado y la embajada siguieron funcionando-.

No fue evidente, pero apoyo de Donald Trump a Flavio Bolsonaro hubo, aunque fue inusualmente prudente, sabedor que cualquier acusación de injerencia norteamericana “patearía en contra” de su candidato.

Lo más fuerte que se escuchó o leyó en contra del resultado de la elección en Brasil por parte de los EE.UU. fue este tweet de Donald junior.

Al escribir estas líneas lo más que había sucedido es un tuit de Donald Trump junior (la noticia de desinfo y otros medios, en base a la Agencia EFE, es un “fake”). Conociendo el paño, no se sorprenda si en algún momento Trump sale a decir que él ya sabía que perdía Flavio.

Las iglesias

Tal vez el mayor error de Flavio haya sido apoyarse sobre todo en los evangelistas, lo que le garantizaba una base electoral alta (los evangelistas son poco menos de uno de cada tres brasileños), pero no le podían aportar más votos en la segunda vuelta.

El 22 de abril, durante un acto en Sinop declaró: “Esta es una elección en la que vamos a rescatar almas. Vamos a honrar el nombre de Dios en este país. Y todos los días le pido a Dios sabiduría, coraje y todo lo que ya mencioné aquí. Porque tengo el sueño de que, cuando llegue el momento de pronunciar el discurso de asunción, voy a hacer una oración para consagrar que Brasil es del Señor Jesucristo”.

El 2 de agosto duplicó la apuesta publicando un video en el que prometió: “Cuando sea presidenta, uno de mis primeros actos será decretar que Brasil es del Señor Jesucristo”.

Flavio Bolsonaro se recostó sobre el voto y el poder de los evangelistas brasileños

Cierto o no, una periodista de la rede Globo, informó poco después que el grupo de legisladores evangelistas, aliados a Flavio, estaban impulsando un proyecto para quitarle a Nossa Senhora Aparecida -una pequeña estatuita de la Virgen de la Inmaculada Concepción que adquirió un tono oscuro de piel- el título de Patrona del Brasil que porta desde 1930.

La noticia fue desmentida, aunque el exdiputado y pastor Victorio Galli apuntara en otro sentido reflotando su proyecto de 2007. En “A Bomba: A verdade pode ser explosiva”, Joa Batista Carvalho, el pastor principal de Flavio Bolsonaro dedica el capitulo 10, “A Rainha dos Ceús no Brasil”, cuestionando la imagen al punto de escribir “Dios odia el culto de la Reina de los Cielos” (Flavio pasó de la “Igreja Batista Itacurucá” -Rogelia, la madre es evangelista- a la “Comunidade das Nações” a comienzos de 2024). Cierto o no, había -por decir lo menos-, mucho para enojar a los católicos y a los obispos de Roma.

Lula, siempre un gran oportunista, no ha tenido ningún empacho en apelar a la devoción por la Virgen María, en busca a de votos.

El 18 de junio la “Conferência Nacional dos Bispos do Brasil”, CNBB, publicó el “Mensagem ao povo brasileiro por ocasião das eleições”. El lema fue “Examinai tudo e guardai o que for bom” (1 Tesalonicenses 5, 21) y si bien se aclara que la Iglesia no indica candidatos ni partidos (la decisión del Papa León XIV de no visitar Brasil en el viaje de noviembre, tiene que ver con esto), pide un voto consciente orientado al bien común y a la doctrina social, cerrando con una encomendación del país a Nuestra Señora Aparecida.

Entre mediados de agosto y mediados de septiembre la CNBB lanzó cinco podscats a cargo de los cardenales más populares, bajo el titulo general “Discernimento Católico – Eleições 2026”, sobre Iglesia y política (o una formación electoral católica).

Esto se montaba sobre un cambio que se viene produciendo en las bases católicas. De manera más discreta que los evangélicos, en los últimos años el conservadorismo católico, ha venido exhibiendo un creciente activismo, impulsando manifestaciones y acciones judiciales e incluso estableciendo alianzas sobre algunas pautas con los evangélicos (Instituto de Estudos da Religião, “Ativismo Católico Conservador no Brasil”, Octubre).

Apelar a Javier Milei fue otro de los errores de la campaña de Flavio Bolsonaro. En los últimos días lo llamaron a silencio, lo mismo que a Donald Trump, y el presidente argentino no viajó a celebrar la victoria de su amigo.

Desde 2010 y en especial 2018 (cuando ganó Jair Bolsonaro), las iglesias evangélicas han tenido un rol activo y explícito durante las elecciones y en la política. Si bien no abarcan a todas las iglesias y los hay de casi todos los partidos, cuando deben tratar en el Congreso alguna cuestión relevante pare ellos, los legisladores evangelistas se funden por encima de lo partidario en la “Frente Parlamentar Evangélica” (son cerca del 45% del Cámara; de ellos 43% evangélico y 38% católicos).

Michelle de Paula Firmo Reinaldo, la tercera esposa de Jair, es una evangélica bautista “de verdad” -con un gran ascendente ente las mujeres- y quien abrió la puerta del apoyo protestante a Bolsonaro padre, en particular el de los pastores de la “teología del dominio “-Malafaia, Robson, Damaraes, etc.- que ven la política como un espacio que debe ser ocupado por los cristianos.

Flavio nunca se llevó muy bien con su madrastra, lo que lo obliga a cierta sobrerreacción para asegurarse el apoyo evangélico. La relación entre ambos estalló el 24 de junio cuando el hijastro anunció que acordaba con la gente de Ciro Gomes, un límite que la madrastra no estaba dispuesta a aceptar. Es arriesgado decir que volvió la paz entre ellos, pero el 11 de agosto se mostraron juntos, lo que significa que las iglesias iban a votar en conjunto.

Hasta la elección de este año los católicos pudieron “dormir”, Jair Bolsonaro se declaró siempre católico y supo armar una red de contactos y confianza tanto con los Obispos de Roma como con los evangélicos. Pero Flavio no es Jair (Casa Galilea, una organización política de cristianos, acaba de publicar: “Primogênito do Messias - A fragilidade das alianças católicas e evangélicas de Flávio Bolsonaro¨).

Frente al silencio oficial del gobierno argentino, el insólito tweet de Santiago Caputo tras la victoria de Lula da Silva. Que el lector entienda lo que pueda.

Sus declaraciones -potenciadas por el proverbial oportunismo de Lula- han hecho que los católicos pasaran a ser uno de los principales factores decisorios en quien será el próximo presidente del Brasil.

El 30 de septiembre, Folha de Sao Paulo, un diario que suele mantenerse al margen de las cuestiones religiosas publicaba “Guerra religiosa entre católicos e evangélicos influencia campo donde la fe no debería interferir”.

El 28 de septiembre, Quaest publicó una encuesta: la controversia en torno a la Virgen, que se sumó a la decisión de Lula de prohibir los sitios de apuestas, fue acompañada de un incremento del 43% al 48% entre los electores católicos y de 23% al 27% entre los evangélicos, frente a los datos de la semana previa, mientras Flavio caía del 49% al 46% entre los evangélicos y pasaba de 27% a 29% entre los católicos.

Consciente de que necesita a los católicos para ganar, a fines de septiembre Flavio intento conseguir el apoyo de ocho sacerdotes considerados “influencer” y algunas organizaciones católicas. Dicen que alguien lo recibió, pero nadie quiso apoyarlo.

Sin dudas que su acusación, cuando estaba de campaña por el estado de Goias, que la CNBB había articulado junto al PT la “fake” sobre Nuestra Señora Aparecida”, algo tuvo que ver.

La respuesta del CNBB fue: “Atribuir a la CNBB participación en estructuras de producción o difusión de desinformación, sin hechos ni pruebas que respalden tal afirmación, perjudica injustamente a la institución y no contribuye a la serenidad y la responsabilidad que deben caracterizar el proceso electoral. La mentira no se combate con otra mentira. La CNBB reafirma su compromiso con la verdad, el diálogo y la paz”.

Todavía no tenemos los números “finos”, pero según una encuesta de Datafolha de principios de mes, el 55% de los católicos iba a votar por Lula en la segunda vuelta y el 38% por Bolsonaro. Entre los evangélicos, el 32% lo iba a hacer por Lula y el 62% por Bolsonaro. Según Poder Data la cosa era más repartida, entre los católicos 48% por Lula y 46% por Bolsonaro y entre los evangélicos, por Lula 33% y por Bolsonaro 59%.

Esta elección, no fue una de negros y mulatos contra blancos, ni ricos contra pobres, sino de católicos e independientes contra evangelistas.

¿Porque ganó Lula?

Explicaciones muchas, pero en concreto lo que tuvimos es un escenario en el que ganó Lula y perdió Flavio, incapaz de atraer nuevos electores.

Hay quien ve esto como un freno al avance de “las derechas en América Latina” y en particular al de la influencia de Donald Trump y los grupos evangélicos. De hecho, desde el PT celebraron la victoria bajo el argumento que habían logrado frenar el avance del fascismo. Pero, ¿por qué fascismo?

A fines del año pasado Flavio viajó a Israel, se reunió con Benjamín Netanyahu, posó con una kipá frente al Muro de los Lamentos y se sumergió por segunda vez en el rio Jordán (ya se había bautizado allí en 2016).

Las iglesias evangélicas del Brasil (pentecostales y neopentecostales) heredaron del protestantismo yanqui su visión sionista, la idea del “pueblo elegido”, donde la existencia del Israel moderno se lee como cumplimiento de la profecía, y apoyarlo un deber de fe. Así que, si bien esto lo acercaba a los movimientos evangélicos, no lo acercaba a los católicos, para quienes la existencia de Israel no es una cuestión religiosa.

Según una encuesta de Atlas Intel de febrero, el 42% de los brasileños considera legítimo comparar el trato que le da Israel a los palestinos con el que recibieron los judíos de los Nazis. Según la encuesta de julio del Instituto Brasil-Israel, 34% coincidía con Lula en que hay un genocidio sobre Palestina, 18% que la respuesta israelí era exagerada y solo 27% que era una acción de legítima defensa (el resto, no sabe/no contesta).

En agosto, según Genial/Quaest, a nivel país 50% de los brasileños tenían una opinión desfavorable de Israel y solo 35% favorable -cuando en 2023 había sido 27% a 52%- y mientras apenas el 30% de los católicos brasileños veía a Israel con buenos ojos, esto trepaba al 52% de los evangélicos.

Cuesta pensar entonces que el manifiesto acercamiento de Flavio hacia Israel, le hiciera sumar puntos entre quienes se abstuvieron de votar en la primera vuelta, básicamente, independientes y católicos que ven en Israel y especialmente en Netanyahu algo así como un neofascismo.

Israel

Para decirlo claro: Benjamín Netanyahu se juega su supervivencia política en las elecciones de este martes, y posiblemente también su libertad. Ya comentamos en una nota anterior como, aun si no gana, mientras logre que la oposición no alcance a formar gobierno, el seguiría en el poder.

Para esto, más allá de la campaña sucia (que si ganaba la oposición el ejército se retiraría de Cisjordania, que crearían un estado Palestino con Jerusalén como capital, que Mansour Abbas sería el ministro del interior, que se le daría la ciudadanía a cientos de miles de palestinos, etc.) Bibi no ha tenido ningún empacho en apelar a cualquier medida populista, aunque sin tomar el camino de la munificencia gubernamental de Lula, para incentivar y aglutinar a su electorado reforzando la agenda sionista… mejor dicho, su propia agenda.

El 18 de este mes, endureciendo su doctrina de seguridad nacional presentó sus “nuevos principios de seguridad” prometiendo completar los objetivos militares pendientes, habló de derribar al régimen iraní y minimizó el alcance de la violencia de colonos israelíes en Cisjordania.

De manera unilateral -avisó, pero fue sin apoyo yanqui- el 19 envió decenas de aviones de combate y aviones cisterna a sobrevolar la zona límite de la frontera iraní. Oficialmente fue para disuadir a Teherán de cualquier idea de actuar antes de las elecciones; para los mal pensados, para buscar una rección del régimen que justificara nuevos ataques (un par de semanas atrás alertamos contra esto). Dijo que ordenó al ejército y al Mossad que trabajaran para derribar el régimen iraní.

Benjamín Netanyahu enfrenta el momento mas riesgoso de su carrera política.

El 23, prometió lanzar una operación militar de gran escala, “no vista desde la Guerra de los Seis Días de 1967”. La medida incluía el cierre de Cisjordania, el cerco de la región de Hebrón, la destrucción de varios edificios y el desplazamiento de los residentes de los barrios donde vivían quienes, días antes, habían matado a dos soldados israelíes en un puesto de control, antes de ser abatidos..

Prometió además fortalecer la infraestructura de los asentamientos israelíes en Cisjordania (ilegales según el derecho internacional) y mencionó que el gobierno está estableciendo y legalizando más de cien nuevas comunidades. Dijo que ante la condena internacional por los asentamientos, Israel debe prepararse para posibles sanciones bancarias con una economía capaz de eludirlas, y mencionó criptomonedas y blockchain.

El problema es que, si bien aún no podemos hablar de que nadie alcance las 61 bancas para formar gobierno, los números parecen indicar que el margen de “Bibi” se viene reduciendo.

Las últimas tres encuestas dadas a conocer este viernes hablan de menos de 50 escaños para el Likud (que pasaría de los actuales 32 a solo 20 representantes) y sus aliados. La oposición, encabezada por Gadi Eisenkot obtendría entre tanto de 52 a 56 lugares y los partidos árabes de 14 a 16 (los reservistas podrían llegar a quedarse con 4 escaños). La semana pasada hablábamos de 51/24 propios, 52 y 14.

Casi como anécdota, el oficialista canal 14 de televisión le da 60 escaños a la gente de Netanyahu, de los cuales 30 serían del Likud (“678” hay en todas partes). Hay quien habla de que hay en Netanyahu algo parecido a la desesperación.

Desde que Donald Trump publicó la semana pasada su mensaje de apoyo, los comentarios dentro del gobierno norteamericano son que “Bibi” ha llamado más de una vez a Trump pidiéndole que haga explícito un respaldo más grande. Específicamente se habla de dos llamados en los últimos tres días, en los que el israelí incluso sugirió el texto de lo que debería difundir “su amigo” y que sería bueno que diera una entrevista a la prensa de Israel como señal de confianza.

Por alguna razón y a pesar de la insistencia del ala israelí dentro del gobierno, Trump se ha mostrado reacio a darle un nuevo apoyo a su amigo (ahora, con la derrota de Flavio Bolsonaro en Brasil-en realidad como siempre con Trump-, todo puede suceder).

A esperar a los resultados de mañana para ver qué pasa en Israel, donde aún en el mejor de los casos, Netanyahu no pasará de ser un “pato rengo”.

“Pato Rengo”

Posiblemente el término surgió durante la primera mitad del siglo XVIII en referencia a los navíos viejos o en mal estado incapaces de seguir al resto de la flota.

En una carta del 28 de diciembre de 1761, Horace Warpole le escribe a Sir Horace Mann: “A propósito, ¿sabés que son un Toro y un Oso y un Pato Rengo? No, yo tampoco; solo estoy seguro de que no son ni animales ni aves de corral, pero están extremadamente interesados en las nuevas emisiones (de títulos).

Unos meses antes, Thomas Mortimer había publicado “Every Man His Own Broker: or, A Guide to Exchange-Alley”, una de las primeras guías para la inversión bursátil (en 1688 había aparecido “Confusión de Confusiones. Diálogos curiosos entre un Philosopho agudo, un Mercader discreto, y un Accionista erudito descriviendo el negocio de las Acciones, su origen, su ethimologia, su realidad, su juego, y su enredo”, firmado por Joseph de la Vega; sí, la primera guía bursátil del mundo fue en castellano).

Grabado de 1770 representando la fauna bursátil, los osos, los toros y los patos rengos que huyen sin hacer frente a sus obligaciones

Allí Mortimer hace una llamada aclarando la figura de “Lame Duck” o Pato Rengo como: “El nombre que se le da en el Callejón de la Bolsa a aquellos que se niegan a cumplir sus contratos. Hay alguno de ellos en cada fecha de liquidación. El castigo por el no pago es prohibirle la entrada al café de Jonathan (donde se reunían los operadores en acciones), pero pueden seguir actuando como brokers en las oficinas (esto les significaba perder muchos negocios)”.

De esa segunda mitad del siglo XVIII y hasta entrado el XIX tenemos una buena cantidad de ejemplos textuales y grabados sobre la figura del “pato rengo” (incluso en la esfera teatral), en referencia a alguien que no se hacía cargo de sus compromisos o promesas en el ambiente bursátil británico. Pero esto era en la Bolsa.

En Mirabeau (julio de 1832) tenemos una de las primeras asociaciones de la idea del “pato rengo” a la política, cuando Thomas B. Macaulay escribe: “El regente (está relatando la burbuja de John Law entre 1716-1720; se refiere a Felipe de Orleans, cuando Luis XV era aún menor de edad) agravó el malestar con fraudes de los cuales un pato rengo de la bolsa estaría avergonzado”.

No tardó demasiado, pero fue del otro lado del Atlántico cuando el 10 de junio de 1844, en la página 2 del Gettysburg Compiler vemos usarse la idea del “pato rengo” en un sentido moderno -en referencia a los políticos-, donde leemos: “Henry Clay es reconocido como un jugador de primer nivel del juego de “brag” (antecesor del póker), pero Polk hará de él un pato rengo”.

Es claro que para el 14 de enero de 1863 el término era usual en la política. Durante el debate por la reorganización de la Corte de Apelaciones el “Congressional Globe” (que registraba la actividad del Congreso Norteamericano) relata que el senador John P. Hale había sostenido que la corte era: “una suerte de refugio para los políticos pato rengos que habían sido lastimados y debían retirarse antes de enfrentar la condena social”, agregando que el proyecto de reestructuración no era nada más que un intento de proveer de un mayor refugio a estos “patos rengos”.

En 1848 la idea que alguien que en política pierde poder es un “pato rengo”, comienza a difundirse

De la vereda de enfrente el senador John S. Carlile le respondía: “En ningún caso, ni tal como fue organizada originalmente ni tal como está organizada ahora, podría ser tachada de manera justa (la corte) de ser un receptáculo de ‘patos rengos’ o de políticos quebrados” (el proyecto salió, perdió Hale y se aumentó el numero de jueces de 3 a 5).

En un principio lo del “pato cojo” se refería puntualmente a los diputados o senadores que habían perdido las elecciones (años pares), pero esto fue cambiando.

Hasta principios de siglo XX las elecciones nacionales se realizaban en los EEUU durante noviembre -como hoy en día- pero los legisladores y el presidente asumían el 4 de marzo. Teníamos así un Congreso en el que durante cuatro meses -lo que se llamaban las “short sessions”- muchos de los legisladores estaban de salida, eran “lame ducks”.

Cuando luego de la elección de 1922 el 5 de diciembre el Senador George W. Norris presentó un proyecto para acortar este periodo, la prensa y los políticos comenzaron a referirse a estos periodos como “sesiones de patos rengos”.

Para 1915 la idea de los “patos rengos” en política era generalizada.

En mayo de 1926, el Appleton Post-Crescent (de Wisconsin) publicó un editorial titulado “Making a lame duck of Coolidge”, posiblemente la referencia más antigua que tenemos sobre un presidente visto como “pato rengo”.

En 1933, con la 20ava Enmienda Constitucional, conocida popularmente como el “Lame Duck Amendment” los senadores pasaron a asumir el 3 de enero y los diputados junto con el Presidente el 20 (son las únicas fechas en que las Cámaras tienen la obligación Constitucional de reunirse).

Con esto, el período de sesiones del Congreso como “Pato Rengo” se acortaron a unos dos meses. Si bien más de una vez una o las dos cámaras del Congreso dejaron de sesionar durante diciembre, ya que cualquier legislación nueva que sea aprobada en el interín por alguna de las dos mayorías que están “de salida” es vista como algo que va contra el espíritu democrático, en lo que va de este siglo esto es cada vez más raro.

Pero lo que esto no mejoró es la situación de aquellos presidentes que, sin posibilidad de reelección y tras perder las dos mayorías legislativas en las mediotérmino, se convertían en “patos rengos” durante los dos últimos años de su administración.

Desde principios del siglo XX, esto le ocurrió a Woodrow Wilson, Dwight Eisenhowaer, Bill Clinton, George W. Bush y Barak Obama, que en todos los casos fueron sucedidos por presidentes del otro partido.

De manera creciente, este parece ser el escenario al que se estaría por enfrentar Donald Trump a partir del 4 de noviembre.

Un pato a los picotazos

Los argentinos estamos acostumbrados a que, cuando no cuentan con el apoyo legislativo, nuestros presidentes imponen su voluntad mediante Decretos de Necesidad y Urgencia.

Desde Raúl Alfonsín, el récord lo lleva “el Cabezón” Duhalde con unos 9,5 por mes, le sigue “el Furia” Kirchner con cerca de 4,4 y tercero “el Loco” Javier Milei con 4,2. Al final de la tabla, “el Carlo” con 1,6, “Mauri” con 1,5 y finalmente “Cris” con 0,8.

Para los humoristas, Donald Trump ya es un “pato rengo”

Lamentablemente para los deseos de Donald Trump, la constitución y las leyes norteamericanas no le proporcionan este instrumento (eventualmente podría apelar a una “Proclamation” ya lo hizo dos veces, en 2019 emergencia de la frontera sur y 2020 con el COVID), que solo se pueden aplicar a cuestiones concretas y de todas formas no tiene la fuerza de las leyes y no pueden generar derechos.

Lo que puede parecerse a nuestros DNU son la “Executive Orders”, órdenes ejecutivas, que son decisiones que toma el presidente respecto al funcionamientos del gobierno federal y sus agencias. No tienen fuerza de ley, no pueden crear derechos que contradigan leyes, ni regular las materias a cargo del Congreso. Como contrapartida no están sujetas a la autorización del poder legislativo, que las puede derogarlas pero esto queda sujeto al veto presidencial.

Desde que asumió la actual gestión (aun no necesitándolo, ya que contaba con la mayoría legislativa), Donald Trump ha emitido en promedio 14,3 Órdenes Ejecutivas por mes (ya suma 291), le sigue de lejos Jimmy Carter con 6,7, Gerald Ford con 5,8, Su propia primera administración con 4,6 y Ronald Regan con 4.

El problema con Trump no pasa solo por el numero de Órdenes que viene emitiendo, sino la naturaleza de las mismas que muchas veces llegan a imponer políticas que en la practica equivalen a legislar y en otros casos ignoran o derogan en el efecto de leyes sancionadas por el Congreso.

Ejemplos de los primeros son las Órdenes sobre el derecho de la ciudadanía por nacimiento, las reglas electorales o la imposición de las tarifas comerciales. En el segundo grupo tenemos retención o desvío de fondos ya dispuestos por el Congreso, retraso en la aplicación de leyes, desmantelamiento de agencias, derogación de regulaciones o la orden de aplicar leyes vigentes, etc.

La estrategia de Trump con sus órdenes es clara, por un lado, que sean instrumentos de propaganda. Por el otro, imponer su voluntad de manera unilateral, llevando las cosas hasta el límite, para que los tribunales y eventualmente la Corte Suprema definan que puede hacer el Poder Ejecutivo y que no (esto ha generado que tengamos en la actualidad una 370 causas contra el Poder Ejecutivo).

Sin el apoyo del parlamento, es claro que Trump tensará todavía más la cuerda, apelando al uso de las “Órdenes Ejecutivas”.

Si en estas elecciones de mediotérmino el presidente norteamericano pierde el Senado además de la mayoría en diputados, sabe que enfrentará un juicio político, sus funcionarios y vinculados investigaciones de todo tipo, no podrá aprobar prácticamente ninguna nueva ley ni nombrar jueces, embajadores o funcionarios de un nivel alto, enfrentará problemas con la aprobación del presupuesto y el techo de la deuda, limitaciones a sus poderes de guerra, etc.

Si en estas elecciones de mediotérmino el presidente norteamericano pierde el Senado además de la mayoría en diputados, será un “pato Rengo”, lo que es seguro es que como su famoso tocayo, “no será un pato más”.

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