La historia del magnate muestra cómo una fortuna de millones puede desmoronarse por decisiones y secretos.
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En el Japón de la burbuja inmobiliaria de los 80, la tierra valía oro y el poder se medía en rascacielos. En ese clima, millones miraban cómo un empresario silencioso se quedaba con una porción enorme del país, sin dar entrevistas y con una red de negocios que parecía infinita.
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Detrás del Grupo Seibu, Yoshiaki Tsutsumi armó un “circuito cerrado” de trenes, hoteles y propiedades que lo llevó a la cima del ranking global. Pero esa misma lógica de control total, cuando el mercado cambió de viento, lo empujó a una caída marcada por maniobras financieras, escándalos y una tragedia que golpeó a su círculo.
Un imperio de propiedades y transporte lo puso en la cima de millones; la caída llegó cuando el control absoluto empezó a crujir por dentro.
AFP/AFP vía Getty Images
Cómo Yoshiaki Tsutsumi se convirtió en el hombre más rico del planeta
Tsutsumi tomó el mando del holding familiar en 1964, con apenas 30 años, después de heredar el negocio de su padre, Yasujiro Tsutsumi. A partir de ahí, expandió su influencia con una receta de época: tierra, infraestructura y turismo, todo bajo una misma marca.
La interna familiar también definió el mapa del poder. Tras la muerte del patriarca, la herencia se partió y su medio hermano, Seiji Tsutsumi, quedó con los grandes almacenes Seibu, que más tarde derivaron en el imperio financiero Credit Saison. Yoshiaki, en cambio, se quedó con los ferrocarriles, los complejos turísticos y el negocio inmobiliario.
El resultado fue un sistema gigantesco: redes de trenes privadas, más de 80 hoteles, decenas de estaciones de esquí y campos de golf, centros comerciales y extensiones de bienes raíces. En muchas ciudades, una persona podía moverse de un tren a un hotel o a un shopping sin salir del universo Seibu, al punto de que la prensa lo bautizó como el “Reino Seibu”.
Cuando la burbuja de activos elevó a niveles delirantes el valor de la tierra y las acciones, su cartera inmobiliaria se disparó. Entre 1987 y 1990 encabezó las listas de riqueza global, con una fortuna que rondó los 20.000 millones de dólares, una cifra que hoy equivaldría a varias decenas de miles de millones con inflación.
De los millones a la cárcel: que pasó con el magnate
A comienzos de los 90, el boom se pinchó y el derrumbe del valor de los terrenos dejó expuesto el talón de Aquiles: el imperio se sostenía con deuda y apalancamiento. En vez de achicar y ordenar, el control se endureció y aparecieron órdenes para ocultar pérdidas, maquillar números y disimular estructuras de propiedad.
En 2005 llegó el golpe público. Tsutsumi fue arrestado y luego condenado por fraude bursátil y por falsificar estados financieros, en un caso que incluyó una violación a las reglas de la Bolsa de Tokio por el nivel de control que ejercía sobre las acciones.
El escándalo sumó un costo humano: Terumasa Koyanagi, expresidente de Seibu Railway, se quitó la vida tras admitir que recibió instrucciones para alterar balances. Tsutsumi se declaró culpable, recibió una pena de prisión en suspenso y una multa, y se borró de los rankings que alguna vez dominó.
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