La cadena británica de grandes almacenes Debenhams se declaró en quiebra y pasó inmediatamente bajo el control de sus acreedores que tendrán la ardua tarea de relanzar una empresa que simboliza la crisis de los comercios físicos en Reino Unido.
La cadena británica de grandes almacenes Debenhams se declaró en quiebra y pasó inmediatamente bajo el control de sus acreedores que tendrán la ardua tarea de relanzar una empresa que simboliza la crisis de los comercios físicos en Reino Unido.
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Debenhams anunció en un comunicado haberse declarado bajo el régimen británico de la quiebra, un procedimiento especial que le permite mantenerse a flote y proseguir con su actividad.
La empresa pasó así a manos de sus acreedores, que deberán inyectar 200 millones de libras en la firma.
La decisión implica sin embargo que la participación de sus accionistas queda reducida a cero y será además necesario un duro plan de reestructuración que afectará a 165 tiendas y 25.000 empleados.
La firma, cuyos orígenes se remonta a finales del siglo XVIII, enfrenta graves dificultades financieras, debidas en gran parte a la caída de la frecuentación de sus comercios frente a la competencia de las ventas por internet y al alza de los alquileres en Reino Unido.
También a la introducción de formatos de bajo precio y tiendas de "todo a una libra". Y, además, el proceso del Brexit, que negocia la salida británica de la Unión Europea, le provocó un mayor costo de las importaciones tras la depreciación de la libra.
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