La curiosidad que derivó en una empresa de alcance federal
La historia de Marmicoc comenzó en 1948, cuando Juan Goldstein, un inmigrante alemán que había llegado a la Argentina a los 18 años después de la Segunda Guerra Mundial, decidió fabricar localmente un producto que había conocido durante un viaje al exterior.
Durante una visita a casa de sus anfitriones, Goldstein fue invitado a comer y calculó que tendría que esperar durante horas porque recién empezaban a preparar la comida. Sin embargo, en unos veinte minutos el plato estaba servido. La explicación estaba en una olla a presión, un producto que despertó su curiosidad.
Goldstein regresó con una de esas ollas, la desarmó y comenzó a trabajar en una versión fabricada en Argentina.
Diego Pinchuk, nieto del fundador y CEO de Marmicoc.
Según recuerdan hoy sus continuadores, la inversión inicial para poner en marcha el emprendimiento fue prácticamente cero, pero el proyecto derivó en el desarrollo de un producto que terminaría convirtiéndose en la principal referencia de la empresa.
Uno de los desafíos, destascan, fue resolver los sistemas de seguridad con la tecnología disponible en aquella época.
Casi ocho décadas después, la empresa continúa en manos de la familia. La conducción está actualmente en la tercera generación, encabezada por Diego Pinchuk, nieto del fundador, que se desempeña como CEO.
El contexto actual muestra una etapa de crecimiento. Entre enero y julio de 2026, las unidades vendidas de toda la línea de Marmicoc aumentaron 45% respecto del mismo período del año anterior.
El plan de expansión se apoya en cuatro grandes categorías: ollas a presión, productos de fundición, baterías y accesorios de cocina, con una estrategia orientada a ampliar la distribución y alcanzar distintos puntos del país.
La compañía trabaja con alrededor de 400 clientes, entre distribuidores, bazares, cadenas de electrodomésticos y comercios. Al mismo tiempo, mantiene producción propia de la olla a presión en una planta con líneas semiautomatizadas y somete cada unidad a un test individual antes de que salga al mercado, bajo certificación internacional.
La apuesta por un producto que nació hace casi 80 años también tiene una explicación vinculada con el consumo: cocinar con olla a presión puede reducir entre 50% y 70% el tiempo de cocción frente a una olla tradicional, aseguran sus fabricantes basándose en datos de la Secretaría de Energía.
"Si una carne es dura, la olla a presión la ablanda. Así, la gente que no tiene capacidad de comprarse un lomo puede comprar una carne más dura y la termina tiernizando. Es un producto que le mejora la vida a la gente", explica Pinchuk.
La compañía busca ahora llevar esa presencia histórica a una escala mayor. "En casi 80 años hay miles de ollas en hogares argentinos", señala el CEO, quien sintetiza el objetivo de la nueva etapa: "La proyección para los próximos años es lograr estar con nuestros productos en todas las cocinas de los argentinos".
La estrategia también implica una transformación de una empresa identificada durante décadas con un único producto hacia una marca con una propuesta más amplia.
Su oferta actual incluye distintas categorías de artículos de cocina, mientras la distribución se apoya en acuerdos con grandes superficies y una mayor llegada federal.
Del primer camión a una red logística regional
El recorrido de TASA Logística tiene otro punto de partida. En 1936, Alfredo Ader compró su primer camión en Buenos Aires y comenzó una actividad vinculada al transporte de cargas que, con el paso de las décadas, se transformaría en una compañía de soluciones logísticas integrales.
La historia oficial de la empresa ubica aquel primer camión como el origen de un proceso de expansión que posteriormente incorporó almacenamiento, distribución, transporte, servicios de valor agregado, última milla y desarrollo de parques logísticos.
El crecimiento también estuvo marcado por cambios en el modelo de negocio. En 1982, la empresa fue pionera en la implementación de un esquema de tercerización logística, el modelo 3PL, que posteriormente se convirtió en una práctica extendida dentro de la industria.
En 2012 incorporó criterios de sustentabilidad con uno de los primeros centros de distribución argentinos certificados bajo normas LEED y posteriormente obtuvo el Premio Nacional a la Calidad, en 2017. Su sistema de gestión mantiene además certificaciones ISO 9001.
Jorge Ader, hijo del fundador de TASA Logística, donde además trabaja su hija Paula.
La innovación, en este caso, no está asociada a un producto puntual sino a la transformación permanente de la actividad. La firma incorporó tecnología para administrar depósitos, controlar inventarios, optimizar rutas y realizar seguimiento de las operaciones. Su plataforma TMS permite monitorear vehículos en tiempo real y trabajar sobre la planificación y optimización de recorridos.
Jorge Ader, hijo del fundador, le dio el impulso para transformar a TASA Logística en un operador logístico líder. “Mi experiencia y mi formación han mostrado que un componente fundamental en la empresa moderna es la innovación. Acudimos a ella con naturalidad siguiendo el lineamiento schumpeteriano: la innovación y la creatividad como condición del empresario”, explicó.
La línea de descendencia en la empresa se completa con Paula Ader, nieta del fundador y socia en la compañía que cuenta con Facundo Casillas como director ejecutivo, a cargo del día a día.
La expansión también dejó de ser exclusivamente argentina. En el marco de su 80 aniversario, la compañía avanzó hacia Chile y Paraguay, operaciones que comenzaron en 2016. Posteriormente incorporó Uruguay y actualmente cuenta con presencia en los cuatro países.
Hoy la compañía opera 475.000 metros cuadrados de warehouses en la región y ofrece servicios de transporte y distribución con cobertura nacional e internacional, además de soluciones para industrias específicas y comercio electrónico.
"Noventa años no son un punto de llegada. Son el punto desde donde miramos e innovamos el futuro", concluye Facundo Casillas, el director ejecutivo de la empresa.