En pleno auge del frenético mundo de Wall Street, Charles Coristine decidió darle un vuelco a su vida. Con 52 años, y tras años de operar en la bolsa, se cansó de la rutina de números y presiones. En un giro casi insólito, el ejecutivo renunció a su trabajo seguro para lanzarse a la aventura de comprar una empresa de snacks en quiebra.
Si bien puede sonar como un salto al vacío, y en un principio lo fue, Coristine supo reestructurar la empresa desde adentro y cambiar el aproach al público para lograr una enorme mejoría en ventas y revalorizar a la compañía, que terminó cuadriplicando su valor, que se vendió en más de 650 millones de euros.
Charles Coristine: el ejecutivo de Wall Street que transformó una empresa en ruinas en un imperio alimentario
Coristine comenzó su trayectoria laboral trabajando en Morgan Stanley, la consultora de finanzas estadounidense, moviendo acciones en las bolsas de Londres y Tokio. Sin embargo, tras años donde dejaba su vida en la empresa, decidió dejar su empleo por agotamiento mental. Intentó redireccionar su carrera estudiando másteres, pero su situación no mejoró.
En un último intento, donde arriesgó todo lo que tenía por emprender, gastó todos sus ahorros, 250.000 dólares, en una empresa a cuyo dueño conoció en una juntada entre amigos. La empresa, LesserEvil, estaba en quiebra, pero el la vio como la oportunidad perfecta de poner en práctica todo lo que había aprendido en los últimos años.
La actividad de la empresa estaba dirigida a la producción de snacks y pochoclos. “No conocía a nadie en el mundo de la gastronomía. Si hubiera investigado la compra, me habría dado cuenta de que la probabilidad de éxito era baja”, confesó Charles. Sin embargo, al poco de empezar, el producto empezó a tener éxito y la cifra de ventas cada vez era mayor. El proceso que empezó en 2011 se vendió en más de 650 millones de euros en el 2025.
LesserEvil: la reinvención de una marca fallida que conquistó el mercado de snacks saludables
Con la adquisición de la empresa, Coristine se centró en aplicar un plan integral que contemplaba tanto ajustes operativos como financieros. Bajo su dirección, se realizó un análisis detallado de la estructura del negocio, identificándose áreas claras de mejora: desde procesos de producción hasta estrategias de marketing y posicionamiento en un mercado cada vez más orientado a la salud.
El proceso implicó también delegar en personas de confianza. Coristine se rodeó de viejos amigos y colegas, entre ellos su compañero universitario con quien compartió la convicción de apostar a lo inexplorado. Poco a poco, el cambio dio sus frutos: los productos de LesserEvil se pusieron de moda en los supermercados y tiendas de barrio de Estados Unidos, impulsados por el creciente interés de un público que buscaba alternativas más sanas sin renunciar al sabor.
La inversión inicial se complementó con inyecciones de capital adicionales para sanear deudas y modernizar la planta de producción, transformando así una marca con serias dificultades en una propuesta competitiva y alineada con la tendencia hacia productos saludables. Poco a poco, LesserEvil logró reposicionarse en el mercado, ganando espacio tanto en la distribución tradicional como en canales innovadores.
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