Aún el gobierno no llegó a completar los compromisos asumidos en cuanto a la rebaja tributaria; tema que también hay que tomar en cuenta porque no existe certidumbre respecto de lo que vendrá a ese respecto.
Actualmente, la carga impositiva a soportar por las empresas es muy diversa y surge de un contexto de normas legales y reglamentarias, así como de otras disposiciones que, en su totalidad, abarcan los tres niveles de gobierno
Varios son los aspectos a considerar para conjugar una correcta planificación fiscal
Aún el gobierno no llegó a completar los compromisos asumidos en cuanto a la rebaja tributaria; tema que también hay que tomar en cuenta porque no existe certidumbre respecto de lo que vendrá a ese respecto.
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Así las cosas, adquiere relevancia plantearse algunas reflexiones e interrogantes en torno a conocer la situación del sistema tributario hoy día y su influencia en la planificación y decisiones de las compañías.
Seguidamente algunas cuestiones que no pueden soslayarse en el análisis tributario y de planificación de las empresas
El sistema impositivo argentino no ha variado mucho en los últimos años. Se hicieron promesas de reducción que aún no se concretaron totalmente.
Nuestro sistema se basaba en la complementariedad de las manifestaciones de capacidad contributiva: renta - patrimonio - consumo. Dicho en otras palabras, el impuesto a las ganancias, el impuesto sobre los bienes personales y el impuesto al valor agregado han sido por años la base de los recursos del Estado Nacional. A esto se agregan otros impuestos específicos como internos, impuesto débito crédito bancarios y otros menores.
A nivel provincial, el pilar fue y sigue siendo el impuesto sobre los ingresos brutos, complementado con el impuesto de sellos, publicidad, municipales sobre la propiedad y otros. Algo similar ocurre a nivel municipal.
Este conjunto de impuestos nacionales, provinciales y municipales continúa ejerciendo una fuerte presión sobre los contribuyentes, tanto personas humanas como jurídicas.
La disminución de impuestos prometida por el Gobierno nacional aún no se hizo sentir. Comenzaron por las retenciones del campo y la disminución de impuestos internos sobre ciertos consumos; quitaron el impuesto país y su pago a cuenta y también la quita de impuestos patrimoniales (bienes personales).
En el periodo 2025 y lo que va del 2026 (informado al Congreso) la presión tributaria se ubica en torno del 22,7% del PBI. Este valor está ligeramente sobre la media observada en países de Latinoamérica y claramente inferior a la presión tributaria de los europeos.
Adicionalmente, el esquema impuesto por años para el cobro de impuestos mediante mecanismos de retenciones, percepciones y otros pagos a cuenta, hacen que la tributación se vuelva más compleja y, además, perjudicial financieramente para los contribuyentes, ya que el adelantamiento de impuestos alcanza tal magnitud en algunos casos que desfinancia a las empresas, quedando importes muy elevados de saldos a favor de difícil recuperación.
Es claro que la falta de reglas claras entorpece la toma de decisiones de las compañías y de los inversores. Nadie invertiría dinero si no sabe cómo accionará el Estado de un país frente al cobro de impuestos, cómo reaccionará frente a los incumplimientos, cómo aplicará las sanciones, qué impuestos se aplican a las actividades que se pretenden realizar, etc.
Hoy hay intensiones de ordenar el sistema impositivo a nivel nacional y se pretende que lo propio ocurra a nivel provincial y municipal. Pero esto dependerá de la recaudación y la necesidad de fondos del Estado.
En general, debe prestarse atención a la comunicación de novedades impositivas dadas por el Gobierno y comunicada por distintos medios. No hay forma de prever cuál será el movimiento que realizará el Estado en pos de imponer nuevos tributos o quitar los que distorsionan en la economía.
Muchas veces, tomar decisiones para anticiparse a lo que vendrá puede resultar más costoso si por alguna razón las normas no terminan siendo sancionadas por el Congreso.
Tal vez lo más razonable sea armar planes de acción para los distintos eventos que pudieran ocurrir. Y seguir la evolución de los proyectos normativos de cada plan.
Uno de los principales errores es no contar con toda la información para analizar y tomar una decisión, o tener una visión parcial de los hechos.
En toda planificación impositiva hay que considerar los efectos que una decisión pueda tener en los distintos impuestos, de manera de lograr una optimización impositiva acorde a las actividades que se planean llevar a cabo.
En general, las decisiones no involucran cuestiones que se vinculan solamente con temas impositivos. En muchos casos es necesario recurrir a otras especialidades como la contable, aduanera, cambiaria y legales. La interacción de estas áreas en las planificaciones es fundamental. En ocasiones solo se focaliza en una sola especialidad, lo que genera demoras en la toma de decisiones.
Gerente de Impuestos de Pgk Consultores
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