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22 de marzo 2022 - 14:09

Día del Agua: la prioridad es gestionar hasta la última gota

Debemos incorporar, en la lógica de la gestión de excedentes pluviales, la adopción de estrategias que tiendan a devolver el ciclo natural del agua, promoviendo la infiltración, velocidades de escurrimiento bajas, la descontaminación, y la sinergia entre agua pluvial y planificación del verde urbano.

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Télam

Desde que desarrollamos ciudades, la gestión de las aguas pluviales ha sido uno de las cuestiones ambientales más importantes a resolver. Podríamos, en honor a la simplicidad, resumir la historia de la gestión del drenaje en dos grandes momentos: un primer momento donde el objetivo era “sacarse el agua” lo más rápido posible, desarrollando los medios para captar y conducir estos excedentes fuera de las zonas urbanas y evitar así inundaciones.

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Un segundo momento se observa con la idea de no trasladar los impactos de la impermeabilización aguas abajo, es decir se empezó a evitar que el exceso de caudales provocados por la impermeabilización, se trasladen aguas abajo. Para gestionar estos excedentes se empezaron a plantear, además de la infraestructura de captación y conducción, elementos de regulación como lagunas de retención.

Estas obras de retención temporal de excedentes hídricos se calculan y diseñan para soportar los excesos hídricos provocados por lluvias de bajas recurrencias, es decir tormentas fuertes con periodos de retorno de 25, 50, 100 años o superiores. Este segundo momento de la gestión del drenaje se impuesto y es hoy el paradigma reinante.

Ahora bien, este paradigma asume que el problema asociado a la pluviometría radica en precipitaciones de intensidad y duración muy alta, en términos simples, aborda lluvias que suceden con baja recurrencia. Pero ¿qué sucede con el resto de las situaciones?

Haciendo un ejercicio mental rápido podemos tener lo siguiente: de los 750 mm anuales de lluvia que recibe en promedio la ciudad de Córdoba, la mayor proporción lo hace con lluvias de alta frecuencia (es decir, precipitaciones con periodos de recurrencia menores a los 2 años); es decir que estamos gestionando la mayor proporción del drenaje como lo hemos hecho desde hace siglos: simplemente buscamos sacar el agua del sistema lo más rápido posible.

Ahora bien, ¿qué implica esto? En primer lugar, destaca el hecho que, la impermeabilización de superficies implica la no infiltración de agua, es decir, el primer efecto es la reducción de la infiltración de agua al subsuelo. Por otro lado, consideremos algunas cuestiones referidas a la calidad del recurso: el agua de lluvia, antes de llegar al macrodrenaje principal (ríos, arroyos, lagos, etc.) atraviesa, en secuencia más o menos ordenada, la atmósfera, techos, veredas y calzadas. En ese recorrido el agua, originalmente muy pura, modifica su pH, su temperatura, disuelve materiales, lava superficies, emulsiona hidrocarburos y arrastra sólidos y otras sustancias y patógenos; es decir, se produce la contaminación de las aguas de escorrentía. En un sistema de drenaje tradicional, estas aguas, con todos lo que lleva consigo, llega a los sistemas de macrodrenaje, aportando carga contaminante a medios naturales, fuentes de agua de consumo humano, aguas de uso recreativo y productivo entre otros.

En este marco, asumo que estamos en la puerta de un nuevo momento en la gestión del drenaje urbano. De hecho, en muchas partes del mundo vienen trabajando en esta línea. Debemos incorporar, en la lógica de la gestión de excedentes pluviales, la adopción de estrategias que tiendan a devolver el ciclo natural del agua, promoviendo la infiltración, velocidades de escurrimiento bajas, la descontaminación, y la sinergia entre agua pluvial y planificación del verde urbano. Para ello existen estrategias basadas en los Sistemas Urbanos de Drenaje Sostenible (SUDS). Este tipo de estrategias no reemplaza el planteamiento actual cuyo paradigma es “no inundarnos ante tormentas fuertes”, sino que viene a repensar y decir “no inundarnos ante tormentas fuertes, y devolver el ciclo natural del agua para la mayor parte de los excedentes hídricos”.

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Así las cosas, si el sistema actual de gestión de excedentes pluviales busca diseñar y planificar infraestructuras para tormentas de baja recurrencia, los SUDS además incorporan el diseño y planificación de infraestructuras para las escorrentías producidas por lluvias de bajos periodos de retorno (alta frecuencia); en otras palabras, este paradigma busca gestionar hasta la última gota precipitada. Algunos elementos estructurales propios de los SUDS son los humedales urbanos, los sistemas de infiltración, techos verdes, cunetas con accesos a canteros, canales vegetados, micro retenciones de bajo caudal, sistemas de filtración previo al desagüe, entre otros. Por su parte, cada vez más se busca implementar medidas no estructurales vinculados a los SUDS: planificación urbana y ordenamiento territorial, aumento de la densidad urbana y liberación de superficie verde y permeable, mejores planes y programas de higiene urbana, legislación asociada a SUDS, sistemas de alerta temprana, monitoreos de calidad, entre otros.

Es hora de un nuevo momento en la gestión del agua pluvial; tenemos las herramientas y el conocimiento, es hora que le devolvamos al agua el lugar que le corresponde en la gestión urbana.

Docente de la Universidad Blas Pascal.

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