16 de abril 2008 - 00:00

Aumentan alimentos (y las crisis políticas)

El FMI, el Banco Mundial y la FAO, entre otros, están reclamando al mundo medidas para controlar el aumento de los precios de los alimentos, por los efectos negativos que ello tiene para los pobres de las naciones con bajo nivel de desarrollo. El titular del primer organismo ha dicho que se producirán guerras y miles de muertos por este problema, que ha comenzado a afectar al Africa, los países más pobres de Asia e incluso a América latina.

A mayor nivel de pobreza de un país, mayor es el daño que causa este incremento. El ejemplo más claro en la región es el de Haití. Siendo el país con menor desarrollo humano de América latina según las Naciones Unidas y el que tiene la calidad de vida más baja para «The Economist», es el primero que ha sufrido una crisis política por este problema. El aumento en el precio de la comida generó fuertes disturbios y saqueos en la capital, por lo que fue atacado el Palacio de Gobierno, que debió ser protegido por el contingente brasileño de la fuerza de paz que actúa en ese país. El primer ministro debió renunciar a pedido del Senado y el gobierno ha quedado muy debilitado.

El aumento del precio de los commodities agropecuarios era hasta ahora una ventaja más que una desventaja para América latina como región, pero ahora esto está cambiando. La suba de alimentos -sea la tortilla en México, el pan en Haití o la carne en la Argentina-, además de generar descontento popular, produce inflación en el conjunto de la economía, lo cual lleva a una situación muy peligrosa desde el punto de vista económico y social. En términos generales, cuando mayor nivel de pobreza tiene un país, mayor riesgo enfrenta de sufrir una crisis política por el incremento del precio de los alimentos, por la sencilla razón de que el consumo de la población pobre se concentra en ellos.

Bolivia es el país más pobre de América del Sur y a la vez el que sufre la mayor crisis política de la subregión. Esta no tiene como causa central el precio de los alimentos, pero éstos inciden. En Brasil y México, un tercio de la población vive bajo el nivel de pobreza, pero en algunas regiones del país, dos tercios están en esta situación y allí existe el riesgo de que el encarecimiento del precio de la comida genere protestas sociales con efectos políticos. En Asia se está viviendo una situación análoga con el arroz y en Africa con el trigo y el maíz.

La Argentina y Venezuela muestran una peligrosa combinación de alta inflación con aumento en el precio de los alimentos, aunque son las dos economías de la región con mayor crecimiento. Aunque crecen entre 7% y 8%, con precios de los commodities que exportan muy altos -soja el primero y petróleo el segundo-, ambos sufren las inflaciones más altas de América latina, ya que van camino a superar 30% anual y, simultáneamente, son los dos que están aumentando más el gasto público. El problema es que la inflación en términos de alimentos es muy superior al promedio y en consecuencia, pese al crecimiento, la pobreza y la indigencia o pobreza extrema empeoran.

Los dos países están viviendo crisis políticas en las cuales el precio de los alimentos juega un rol importante. En el caso de Venezuela, si hoy se realizaran las elecciones locales de noviembre, Chávez las perdería pese al récord en el precio del petróleo, porque el desabastecimiento y la inflación han sido causa central de su pérdida de popularidad. En el caso argentino, Cristina de Kirchner ha sufrido la crisis política más grave desde que llegó su marido al gobierno cinco años atrás, por el conflicto con los productores del agro que llegaron a cortar 400 rutas en todo el país. En este caso, fue el aumento de los impuestos a los productores lo que hizo estallar el conflicto.

La situación planteada genera dificultades para la estrategia brasileña de potenciar la producción de biocombustibles. La FAO y otros organismos internacionales han sostenido que esta producción alternativa de combustibles es una causa importante del aumento del precio de los alimentos. En América latina, el tema había provocado una polémica política entre Chávez y Castro por un lado, criticando los biocombustibles porque encarecen el precio de los alimentos de los pobres, y Lula, defendiendo la oportunidad que ellos dan para las exportaciones de América latina y para bajar el precio de los combustibles en los países menos desarrollados que son importadores de petróleo. Días atrás, Brasil firmó un acuerdo con Holanda -entre otros varios que ha firmado, incluidos con EE.UU. y Chile- para el desarrollo de este combustible alternativo. Pero internamente, Brasil también ha comenzado a sufrir las consecuencias del aumento del precio de los alimentos en la franja más pobre de la población. Aunque ahora, con el reciente hallazgo petrolero, serán menos relevantes para su estrategia de largo plazo.

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