El experto en mercados internacionales personificado como Gordon Gekko de la película «Wall Street» destacó la defensa que hizo Ben Bernanke en cuanto a mantener la supervisión del sistema financiero. Respecto de la crisis del mercado inmobiliario en Estados Unidos, sostuvo que los casos de los fondos de Bear Stearns están bajo control con pocas chances de que se propage el impacto.
PERIODISTA:¿Un Bernanke más político que de costumbre en su visita al Congreso?
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Gordon Gekko: No pase por alto que la Fed compite con otras agencias oficiales en la regulación de los bancos. No tiene el monopolio. Y los trastornos del crédito hipotecario subprime son un argumento ideal para cuestionar el enfoque de «manos libres» que alentó la Fed de Greenspan.
P.: ¿La Fed ve peligrar su franquicia en el control de los bancos?
G.G.: Siempre tuvo que defender el territorio. Con más razón ahora que los problemas afloran a borbotones y el ala política -u otros reguladores- preguntan cómo pudo haber pasado...
P.: No es una pregunta indebida...
G.G.: Desde ya que no. Y lo mejor es curarse en salud. Por eso la descripción detallada de las iniciativas para defender al consumidor de servicios financieros tomadas en conjunción, como se subraya, «con otras agencias federales de supervisión». La clave de la posición de la Fed es el acento puesto en que las regulaciones deben contemplar que el acceso amplio al crédito y a la propiedad de la vivienda son dos objetivos importantes y que los préstamos subprime razonables contribuyen mucho en ambos sentidos...
P.: Un tiro por elevación a los colegas...
G.G.: Correcto. Después de todo, 86% de los deudores hipotecarios subprime está corriente con sus pagos. Y hay que recordar que 100% carece de puntaje para merecer un crédito convencional. Es fácil multiplicar los controles y las restricciones (en definitiva, el modelo tradicional de hipotecas ya está inventado), pero, a la par, ello implica denegarles el financiamiento a los segmentos de más bajos ingresos.
P.: En Inglaterra, el banco central hace política monetaria, y la FSA se ocupa de la supervisión bancaria. Y los banqueros centrales no lo sufren; agradecen la separación de tareas...
G.G.: No es el caso de la Fed. Greenspan defendió la necesidad de retener la facultad de supervisión con uñas y dientes. Los cruces con Henry González, el diputado demócrata por Texas, fueron, en su tiempo, memorables. Greenspan siempre mostró la experiencia del Long Term Capital como un caso emblemático. La Fed necesita conocer la situación íntima de la banca en tiempo real para actuar con eficacia y anticipación. Esa visión se mantiene. Y la crisis subprime, lejos de contradecirla, le concede actualidad.
P.: No recuerdo una sesión semianual en el Congreso que haya dedicado tanto tiempo a tratar el tema subprime. Sin embargo, hasta ahora, la Fed repetía que el asunto carecía de envergadura macroeconómica. ¿Es una señal de que cambia la percepción?
G.G.: No, necesariamente. Lo que sí Bernanke reconoce es que la crisis de la vivienda será más duradera que lo estimado. Y corrigió la tendencia central de crecimiento prevista para este año en un cuarto de punto porcentual para acomodar una actividad de la construcción más débil que lo que pensaba la Fed a principios de año...
P.: Esto supone un crecimiento de 2,5%...
G.G.: Entre 2,25% y 2,50%. Un punto completo por debajo, a su vez, de la proyección de julio 2006. La Fed no descarta un repunte de la demanda residencial, pero, aun así, la construcción demorará en responder, ya que primero debe digerir un gran excedente de inventarios.
P.: El mensaje de Bernanke mantiene firme la apuesta a una recuperación posterior de la economía...
G.G.: Eso dijo. Pero es un repunte desde una base más baja que la esbozada en febrero. Es que también la proyección del PBI para 2008 se corrigió a la baja. En un cuarto de punto. Y quedó en 2,50%/2,75%. O sea, sin hacer demasiado hincapié en ello, achicó la apuesta.
P.: ¿No es curioso que la Fed repita que la inflación es el problema principal, pero, a la hora de actualizar proyecciones, los números de inflación sean benignos y, en cambio, surja que el crecimiento es mucho menor que lo esperado?
G.G.: La categoría de riesgo principal significa poco en términos operativos. La decisión importante de Bernanke se tomó en agosto de 2006, cuando canceló la suba de tasas de interés. Y estuvo motivada, sin dudas, por el temor a la crisis inmobiliaria y a su eventual incidencia sobre la salud de la economía. La situación inflacionaria en sí abogaba por la continuidad de las subas. Lo que Jeff Lacker, el presidente de la Fed de Richmond, se encargó de recalcar votando en oposición. En esa reunión y en todas las que participó hasta que expiró su mandato rotativo.
P.: La crisis inmobiliaria se prolonga. El mercado de crédito está herido. La economía crece menos que lo esperado. Y, sin embargo, se advertía más preocupación entonces, a fines de 2006, que ahora. Nadie, por ejemplo, deduce que la revisión de las cifras de crecimiento sea la antesala de una baja de tasas de interés...
G.G.: Es verdad. Se temía el efecto impacto. El golpe pleno. No se sabía a ciencia cierta su repercusión. Hoy, es un mal grave, pero conocido. Y, en el margen, se piensa que la crisis inmobiliaria irá decantando sus efectos. Lo que es razonable, aunque todavía no haya ocurrido.
P.: ¿Que los dos hedge funds administrados por Bear Stearns hayan perdido uno, casi todos sus recursos; y el otro, 91% de su valorno es suficiente?
G.G.: Es un tema muy sensible. Pero, créase o no, la conclusión, paradójicamente, es que se pudo pilotear la situación limitando las pérdidas al capital original. Con todo, es una conclusión provisoria. Y nada garantiza que si la experiencia se repite en otros hedge funds, los resultados sean los mismos...
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