El diario «Perfil» después de cinco semanas de operación de prensa contra el padre Julio Grassi y la Fundación, este domingo volvió a mentir para que se agrave la situación de Felices Los Niños. La semana que pasó la Fundación se vio sorprendida por la presencia del juez de Menores, Gerardo Frega, del Tribunal de Menores 2 de Morón, quien a pedido del fiscal José De los Santos se hizo presente para ver en qué condiciones estaban los chicos de la Fundación. Los acompañaban médicos forenses, especialistas en bromatología, salud y arquitectura de la Municipalidad de Hurlingham. Se sorprendieron al ver que, a pesar de la ausencia de aportes estatales, la Fundación seguía adelante con vigor.
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La denuncia que habían recibido de sindicalistas del gremio Utedyc (entidades deportivas) era que «los chicos no comían bien» y vieron no sólo que la despensa está llena sino que la comida era abundante, programada por un menú que se cumple estrictamente y se hace en condiciones de higiene. No había factores de peligro en las instalaciones, salvo cables telefónicos «en panza» que no representaban peligro para los niños. Algunos vidrios rotos producto de inconductas que responden a la población que atiende a la Fundación y lámparas de los caminos (que aún no se repusieron) que rompió la catástrofe de granizo de fines de julio.
La cocinera Elba, ese miércoles 6 de setiembre, como todos los días, preparaba lo que el menú indicaba y tenía un par de ayudantes que ponían en las bandejas de postre las mandarinas. Ella estaba por cortar la panceta y el chorizo que acompañaban un completo guiso de lentejas. De repente irrumpieron en la cocina el fiscal De los Santos, la Policía, el juez de Menores, inspectores de Bromatología, un médico forense y un fotógrafo que obedecía las órdenes de la Justicia. Doña Elba quedó petrificada frente a la panceta. Inmediatamente la comitiva se abalanzó contra el inerte tocino:
«Fotos aquí», gritó el fiscal. «¿Cuándo fue matado este animal?», dijo. «No sé», respondió la pobre cocinera con miedo.
Fotografías
El inspector de Bromatología y el médico forense miraban y olían la panceta y solicitaron la boleta de compra, así como la del chorizo.
Rápidamente se les trajo el certificado del porcino y la factura de compra que dejó tranquilos a los visitantes. Tres cucarachitas inoportunas (¿en qué cocina no se asoma una aun después de fumigar?) comenzaron a caminar por el techo. Claro: sólo se buscaba perjudicar sacando fotos donde peor luzca la Fundación. Toda la recorrida fue igual: agotados de ver cosas bien, sólo pararon a fotografiar lo que veían mal y sin pensar que ¡bastante que se hace a pesar de llevar 8 meses sin el pago de subsidio oficial!
La Fundación tiene la guerra declarada a los piojos y la sarna pero no la puede vencer porque los chicos que viven en los hogares, a pesar de ser tratados, toman contacto con sus familias los fines de semana o con los chicos externos y vuelven a contagiarse. Tal vez la misma Municipalidad, que por primera vez viene a la Fundación en sus 12 años de vida, podría ayudar a realizar una campaña básica. Normalmente ayudan en salud a Felices Los Niños las monjitas del Barrio San Damián, aún más que el Municipio al que se le pidió comida y nunca dio nada, remedios y no dio nada, dinero para mejorar y no dio nada. Habían recibido denuncias de tanques en mal estado y vieron que estaban bien, ya que una empresa privada hace las limpiezas a tiempo y profundamente. Los de Utedyc denunciaron que la planta cloacal estaba desbordada y no andaba y verificaron que eso era mentira. Sólo encontraron un bajo en el que se juntó agua con líquido con grasa de cocina y la Fundación ya está haciendo allí una cámara para solucionar el tema. Como siempre con una eficiencia que no tienen organismos oficiales.
«Perfil» trata de perjudicar a la Fundación poniendo una foto del baño de un hogar que está cerrado y que además está en reparación y en el que no hay chicos hace un año. Sin embargo usó la foto. Por otra parte en panadería se encontraron excrementos de roedores que entraron por una ventana que rompió un ventarrón de la semana pasada. Pero nunca habían tomado contacto con la harina o mercadería que está siempre bien guardada. La desratización de los sectores y la fumigación están en regla a pesar de las dificultades. El fotógrafo de la Fiscalía sacaba fotos especialmente a lo que veía mal (manchas de humedad o desorden que los chicos pudieron provocar).
En Perfil en el año 2002 los trabajadores habían tomado la editorial y pidieron al padre Grassi que salga de mediador con el director de Recursos Humanos, Emilio Toroc. ¿Por qué cuando al padre lo atacan le echan más leña al fuego? ¿Es justo? Si saben que la plata no alcanza, que los problemas de mantenimiento son porque no hay ayuda. ¿Por qué no ayudar en lugar de agravar? ¿Acaso creen que la Fundación es un factor de poder de lucro?
Es una obra que soluciona grandes problemas de chicos que, si no tienen esta obra, estarían en la calle. De 2002 a la fecha cuando comenzaron la maniobra contra el sacerdote Grassi 1.500 chicos ya no pudieron ser atendidos: ¿creen un logro mandar más niños a la calle?
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