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20 de septiembre 2006 - 00:00

Chile prueba por qué debe apoyarse la innovación

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Ricardo Lagos
Antes de dejar su cargo como presidente de Chile, Ricardo Lagos formó una comisión especial llamada Consejo Nacional de Innovación para la Competitividad. El objetivo fundamental de este consejo era preparar un informe sobre la situación de la investigación e innovación en Chile. El informe final, de más de 100 páginas, fue dado a conocer a principio de año (es accesible a través de la página www.paisdigital.org/node/246).

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Si los datos del informe provocaron preocupación en Chile, es aún más interesante si lo comparamos con la Argentina. En un párrafo puede leerse:

Chile muestra un desempeño innovador muy por debajo de sus potencialidades. Sólo 0,7% del PBI se invierte en investigación y desarrollo, y menos de un tercio de esa cifra proviene de la empresa privada. El número de empresas que invierte en I+D no llega al millar y su vinculación con instituciones de investigación, tales como universidades u otras, es muy escasa. El número de patentes otorgadas anualmente en Chile a solicitantes nacionales bordea las 50, en tanto la cifra de patentes otorgadas en Estados Unidos a chilenos no supera las 15 al año.

En cambio, la Argentina se encuentra hoy en niveles de 0,44% (los datos más actuales son de 2004), de los cuales 38% proviene del sector privado. Estos niveles comparan desfavorablemente con los niveles de los países europeos, que invierten 1,8%, y de los miembros de la OCDE, que invierten 2,2%.

En patentes estamos mejor: 840 en 2004 (108 residentes + 732 no residentes). Pero para obtener una patente en los Estados Unidos, y hoy en la globalidad hay que patentar allí o en Europa, hacen falta 2.918 americanos (cantidad de patentes/población total), 11.592 coreanos y 542.857 argentinos, de acuerdo con cifras de 2003.

  • Estudios coincidentes

    Se podría preguntar cuál es la importancia de estos datos. El informe chileno contesta:

    Es sabido -en ello coinciden todos los estudios más recientes a nivel internacional- que el crecimiento está determinado por la productividad total de factores (PTF) más que por aumento en la cantidad de trabajo y capital, y la mayoría de ellos señala que el factor de mayor significación en el incremento de la PTF es la innovación tecnológica.

    La clave es la innovación tecnológica, es decir, la generación de nuevas ideas y su implementación. Chile ya ha dado algunos pasos que pueden servir de experiencia:

    Estableciendo incentivos impositivos para la inversión en investigación en todos los sectores.

    Mejorando la relación entre Universidad y empresa, fomentando la creación de clusters académico-industriales.


    Facilitando el acceso a la tecnología de las pymes para que puedan actualizar procesos de producción e investigación.

    Fomentando el estudio de ciencias desde la escuela primaria,mediante la inserción de mayor cantidad de horas de matemática y luego de ciencias en la secundaria.


    Creando institutos de enseñanza media con orientación científica, inclusive utilizando becarios o investigadores del Conicet como profesores.

    Por su parte, China e India han utilizado también la mayoría de estas prácticas creando áreas de alta tecnología, como en Bangalore, con resultados tremendamente exitosos. Obviamente, todos estos pasos pueden realizarse, únicamente, en un ambiente de respeto a la propiedad intelectual. Esta situación no existe hoy en la Argentina: un país que no respeta la propiedad de bienes físicos menos va a respetar la propiedad intelectual. Pero la falta de respeto a la propiedad intelectual tiene otro problema: no respeta las nuevas ideas. De esta manera, el país pierde las dos cosas, la creación intelectual y la idea.

    No podemos esperar. La pobreza hoy se mide en términos de cómo y cuánto se invierte en innovación. Si un país no genera ideas, difícilmente genere progreso y si no genera progreso, difícilmente mejore la calidad de vida de sus habitantes: es decir, está condenando a la pobreza y a la indigencia a gran parte de ellos. La Argentina como sociedad y la dirigencia política en conjunto no deberían permitirlo.
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