Para analizar la situación actual, hay que partir de un primer punto esencial que es el de reconocer que la Argentina posee una economía sana. Sana en el sentido de que ha tenido una capacidad extraordinaria de recuperación. Pero lo importante, de aquí al futuro, es tratar de analizar cuáles han sido los elementos fundamentales que apoyaron o que en cierta forma estuvieron por detrás de esta recuperación extraordinaria y en qué medida estos elementos son persistentes, que es lo que nos permitiría realmente pasar de la recuperación al crecimiento sostenido. También ver cuál es el rol de la inversión y del sector financiero en todo esto.
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La recuperación refleja dos elementos fundamentales y ambos han jugado un rol esencial. En primer lugar, el ambiente internacional particularmente favorable, y en segundo lugar, las políticas domésticas moderadas, basadas en una serie de elementos que en cierta forma son novedosos pero que creo que han logrado aprovechar ese marco externo favorable e interactuar con él para que entre estos dos factores hayan llevado a esta recuperación.
El elemento internacional yo creo que ha sido muy favorable y continuará siendo muy favorable. En las políticas domésticas que apoyaron esto, ¿cuáles son los dos factores que explican la recuperación? El primero creo que es la columna vertebral, no queda absolutamente ninguna duda: el superávit fiscal alto y sostenido en el tiempo. Pero el segundo elemento, que se menciona tal vez menos en forma analítica pero que es fundamental, es la rápida mejoría que se logró a partir de la crisis en la capacidad de la economía argentina para competir en los mercados internacionales.
Tenemos equilibrio fiscal pero el equilibrio externo también se logró a través de una mejoría bastante espectacular en la capacidad de competir en los mercados internacionales. Acá quiero hacer una distinción entre competitividad legítima por un lado y la capacidad de competir. El resultado fiscal no vale la pena que lo discutamos. El tema esencial se centra sobre la competitividad. Creo que esta capacidad se ha basado en cuatro pilares. El primero es la tasa de cambio competitiva, la política del dólar alto. Pero esta política no funcionó por sí sola, obviamente fue complementada por la realidad de costos laborales bajos en promedio, de tarifas bajas o congeladas en los servicios públicos que abarataron en forma directa o indirecta los costos y una gran variedad de subsidios directos o indirectos. La competitividad se logró en base a estos cuatro factores.
Soy de los que creen realmente que la competitividad cambiaria hay que mantenerla. Pero no es suficiente, y creo que las otras tres patas no son sostenibles en el largo plazo.
No es sostenible una economía basada en costos laborales contenidos, no es posible competir solamente con tarifas congeladas o con subsidios. Entonces lo que nosotros necesitamos es realmente adicionarle o sustituir estas patas, excepto la competitividad cambiaria, por otros elementos que nos den realmente competitividad legítima. Uno es aumentar la productividad de la economía argentina. Segundo, mejorar la infraestructura, que se está haciendo mucho. Tercero, la educación, donde probablemente habría que hacer mucho más. Y cuarto es el adelanto tecnológico. Creo que las cuatro patas de la competitividad que nosotros hemos observado fueron fundamentales.
No planteo este tema acá como una crítica; lo planteo como algo que no es sostenible en el tiempo. A mí me tocó ponerle el pecho a la crisis en la peor parte, y viéndolo desde adentro creo que los elementos que se utilizaron para salir de ella, aunque no hayan sido los más ortodoxos o tradicionales, fueron legítimos y genuinos en ese momento. Pero también creo que ahora es cuando debemos sustituir esos cuatro pilares por cuatro más legítimos y para eso hace falta inversión. Ahí es donde la inversión, pública y privada, juega un rol fundamental para poder aumentar la productividad, crear la infraestructura física y humana y tener la tecnología necesaria.
¿Por qué necesitamos inversión en forma dramática? Porque la competitividad global de la Argentina, como se la percibe en el mundo a través de encuestas basadas en una serie de grandes factores y de elementos objetivos que se coleccionan internacionalmente -como la percibe el empresario internacional-, basada en factores macroeconómicos, institucionales y estructurales se encuentra en un nivel extremadamente bajo.
La competitividad argentina en uno de los rankings más importantes y aceptados -el ranking del Foro Económico Mundial de Davos- muestra al país en el lugar número 69 en el mundo, entre 125 países, empezando por Suiza como el más competitivo este año y terminando por Angola como el menos competitivo. El único país latinoamericano que tiene un ranking aceptable probablemente es Chile en este caso. Estamos relativamente bajos en Latinoamérica y para colmo la región está extremadamente baja con respecto a otros países emergentes. El rol de la inversión es fundamental para revertir esta tendencia, para ganar realmente competitividad legítima.
La inversión bruta interna fija se ha recuperado al mismo paso tal vez o mucho más rápido si lo vemos en números o en porcentajes, pero se ha recuperado como lo ha hecho el producto. La inversión en la construcción ha llegado a 13,5% del producto, según los números del segundo trimestre, un récord histórico comparado con los años 90, muy por arriba, pero en la evolución de la inversión en equipo durable, por ejemplo, estamos por debajo de los niveles que se encontraban en los 90. Creo que acá hay un desbalance y creo que la pregunta que nosotros debemos hacer, el interrogante crucial es cómo se equilibra la composición de la inversión manteniendo el dinamismo de la construcción, por todos los factores que se han mencionado, y porque hay una necesidad crucial, dentro del marco de la inversión en capital humano, de resolver el problema habitacional.
Pero al mismo tiempo se debe inducir una inversión reproductiva mayor y de mayor calidad. ¿Cómo se equilibra, cómo se hace, cuáles son los elementos de política que van a llevar a un incremento en la inversión? Creo que hay tres canales: el horizonte macroeconómico, el marco jurídico, pero hay un tercer factor y es el financiamiento, el rol del sector financiero.
En términos del desarrollo financiero, en la Argentina, el mercado de capitales ha sido relativamente mediocre comparado con otros países emergentes. Hay mucho trabajo para hacer porque lo importante es que el sistema financiero argentino está todavía muy basado, fuertemente dominado por la actividad bancaria. El resto del mercado financiero no tiene desarrollo suficiente. Y el bajo desarrollo de los otros componentes del mercado financiero no ha sido compensado por el crecimiento demasiado dinámico del sector bancario, porque el mismo no se ha recuperado totalmente del colapso luego de la crisis. Ahora bien, corresponde realmente decir en este momento que la recuperación ha sido casi milagrosa.
¿Qué pasa con el crédito? El crédito bancario en América latina está muy por debajo de otros países emergentes, también muy debajo del resto de los países industrializados. Es de alrededor de 25% del producto en Latinoamérica. Pero nosotros estamos muy por debajo, casi a la mitad del promedio de Latinoamérica, quedamos todavía muy por debajo en términos de crédito. En este contexto, el crédito hipotecario ha comenzado a recuperarse pero está todavía muy por debajo de sus niveles históricos.
Para terminar, un punto es el tema social. Creo que el modelo productivo con inclusión social, como lo denominó Felisa Miceli, ha logrado reducir los niveles de pobreza, ha logrado reducir los niveles de indigencia rápidamente, pero creo que esos niveles son todavía preocupantes, son realmente altos. Tenemos hoy en día realmente una situación en la cual en promedio la economía argentina creció 1,5% anual por 8 años. Por eso estamos por arriba de los niveles del año 98, pero con una deuda social pendiente, una deuda social que no puede ser de ninguna forma saldada si no mantenemos estos niveles de crecimiento. No es suficiente crecer a 4%, a 3% para la Argentina. La economía argentina necesita seguir creciendo a tasas de 6-7% y para eso no hay sustituto a la inversión y no hay sustituto a la ganancia de competitividad legítima basada en los elementos a los que hacía mención.
* El texto corresponde a parte de una disertación realizada en la Cámara Argentina de Comercio.
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