El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Primero, comenzamos a ignorar las leyes de tránsito; luego, hicimos caso omiso de las normas contravencionales; posteriormente pasamos a eludir las leyes tributarias; después, cerramos los ojos ante los pequeños robos y los considerados «delitos menores»; finalmente nos familiarizamos con el engaño y la mentira, desde el poder y entre los ciudadanos. Pero también todos colaboramos en desarrollar los mecanismos de la corrupción desde las pequeñas cosas tales como el soborno al policía de tránsito, la «propina» para obtener mejores ubicaciones en el cine; la obtención de «carnets» para circular libremente, entrar gratis a espectáculos, u obtener diversos beneficios; las cartas o recomendaciones para exámenes; los certificados médicos falsos; los apadrinamientos políticos para conseguir un trabajo o para darlo; o « zafar» de las inspecciones; entre muchas otras.
Hasta hemos llegado a escuchar atónitos, en alguna oportunidad, esa máxima argentina referida a que no importa si un gobernante o dirigente roba, en la medida en que «haga obra».
Y esa cultura de no valorar la norma legal ni cumplir con ella, y considerar la violación de la misma como algo natural nos condujo paulatinamente, durante años, a la actual situación de decadencia, donde la impunidad domina a la sociedad y se han perdido los mecanismos para hacer cumplir la ley; donde, inexplicablemente, el miedo ha abandonado a los victimarios para habitar en las víctimas.
Si queremos ciudades seguras, donde no haya más secuestros, asaltos, robos, violencia, pobreza ni tragedias como la vivida recientemente en República de Cromagnon, necesitamos cambiar profundamente como sociedad.
Necesitamos empezar a cumplir con las leyes; con todas ellas, desde las menores a las mayores, y necesitamos, como sociedad, dejar atrás la cultura de la permisividad, las influencias y la corrupción. Y admitir que las autoridades nos exijan y fiscalicen ese cumplimiento.
Hoy por hoy, la Argentina es un país donde lo más común es que se dejen de cumplir las leyes; donde la sociedad todavía tolera la falta de estado de derecho y donde los estímulos están puestos para que les vaya mejor a los que no cumplen o no aplican la ley que a los que quieren hacer lo contrario.
Dejá tu comentario