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Los desequilibrios de cuenta corriente requerían financiamiento del resto del mundo, y cuando éste se agotaba sobrevenía la necesidad de ajustar las cuentas externas, por lo general vía devaluación de la moneda local. Esto provocaba una mejora en la balanza comercial, a causa del enfriamiento de la economía que seguía a la caída en el poder adquisitivo de la población con ingresos fijos y la consecuente reducción en las importaciones. No obstante, dado que por lo general los efectos que se lograban sobre el tipo de cambio real se disipaban con rapidez, el proceso se repetía en el tiempo, en un continuo de marchas y contramarchas.
Existen varios subperíodos en que se presentaron algunas de estas características, pero en especial interesa recordar lo ocurrido con las últimas recuperaciones económicas que en su nacimiento incluyeron un nuevo plan, e inicialmente algún grado de depreciación de la moneda local. En primer lugar puede describirse lo ocurrido con el plan austral.
Entre 1985 y 1987 la economía se recuperó 10%, pero mientras las importaciones aumentaron 30%, las exportaciones cayeron 14%, por lo que si bien mejoró el resultado comercial en el primer año del plan, éste se deterioró rápidamente, hasta acercarse a cero en 1987.
Por su parte, en 1985 se alcanzó el equilibrio fiscal en términos primarios (en 1984 había existido un déficit de 3,7% del PBI), pero dos años después el desequilibrio alcanzaba a casi dos puntos y medio del PBI.
Resulta suficientemente conocido que los problemas se generalizaron en 1988, y se terminó en la hiperinflación del año siguiente.
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