El mundo de hoy funciona como un sistema de carácter multipolar. Y los organismos que regulan su gobernabilidad no son ni buenos ni malos en sí mismos. Simplemente son. Por ello depende exclusivamente de nuestra capacidad, sacarle el mayor beneficio posible a esa multilateralidad.
No discutamos solamente con los técnicos del Fondo, sino también y fundamentalmente con los jefes políticos de los países que más dinero aportan al organismo y que son en definitiva quienes en la mesa del G-7 elaboran, toman y ejecutan decisiones que, entre otras, comprometen el presente y el porvenir de nuestro país. Siempre es más fácil persuadir a un político que a un técnico que sólo se debe al cuidado de un interés muy particular.
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