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Primero fue la SIP, a quien denostó y acusó de tergiversar la verdad en sus informes sobre libertad de prensa en la Argentina; después replicó duramente al titular del Fondo Monetario Internacional, Rodrigo de Rato; continuó descalificando públicamente -por intermedio de su ministro de Justicia-al Banco Mundial y a los tribunales CIADI.
¿Fueron todo estos conflictos reales en los términos planteados y tuvieron la verdadera dimensión y el foco del problema donde los colocó el Presidente? De ninguna manera.
El conflicto con la SIP respecto de la libertad de prensa en realidad esconde el verdadero problema que hoy se enfrenta en este campo cual es el de un Estado protector de algunos medios de comunicación por la vía del rescate de su deuda privada, concesión de beneficios en la materia prima e inmunidad concursal, bajo el pretexto de ser « patrimonios culturales». Lo del FMI esconde la impotencia para resolver los 24.000 millones de dólares que quedaron afuera del canje y el conflicto todavía abierto con las empresas privatizadas que amenazan con abandonar el país y que generarán una crisis en servicios y energía. Los episodios del Banco Mundial y del CIADI esconden los errores de no haber sabido recurrir a la asistencia adecuada para tramitar los procesos, demorando innecesariamente encarar las soluciones y encaprichándose en fórmulas retóricas de que «no se debe privatizar la defensa de la Patria». El llamado boicot a Shell esconde la inflación que se está produciendo en otros campos (la canasta familiar) y que agotará en el primer cuatrimestre del año los índices reales proyectados para todo el período anual. Lo de monseñor Baseotto esconde -finalmente-los proyectos que se están gestando hacia la eventual despenalización del aborto.
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