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2) La sociedad pensaba que, con crecimiento y honestidad, la economía cerrada a la invasión de productos importados, mayor control y rigor sobre las empresas privadas, inversión pública y dureza ante los acreedores externos, los problemas de inseguridad, empleo, indigencia y pobreza extrema y metodología piquetera se terminaban. Se equivocó.
3) Kirchner pensaba que aliándose con una parte del movimiento piquetero, dándole apoyo político y económico, podía reducir y aislar al resto, y utilizar a ese grupo como instrumento para manejar aparatos políticos propios. Se equivocó.
4) La sociedad identificó a Kirchner como capaz de romper en serio con la vieja política y sus viejos métodos, incluyendo el clientelismo piquetero y su violencia chantajista. Se equivocó.
5) Kirchner suponía que la idea de que, con precios de la energía congelados y demanda creciente, la crisis energética era una «amenaza» de las empresas para obtener beneficios y no una realidad. Se equivocó.
6) La sociedad consideraba que se podía seguir pagando electricidad y gas baratos, sin problemas de oferta. Se equivocó.
7) Kirchner estimaba que el aumento del empleo y los aumentos salariales por decreto iban a ir acelerando la reducción de la pobreza y la indigencia. Pero dado que el ritmo de crecimiento de la inversión es muy bajo, y por lo tanto la productividad de la economía es baja, los salarios se mantienen bajos y la mayoría del empleo es «en negro». Se equivocó.
8) La sociedad consideró que la inversión es sólo función de la rentabilidad del negocio y que no hace falta crédito, ni salir del default, ni tener un clima pro inversión más favorable y que, en todo caso, la inversión pública puede sustituir eficientemente y en cantidad la menor inversión privada. Se equivocó.
9) Kirchner evaluó que, pese a un superávit fiscal récord y a una tasa de crecimiento fuerte, los acreedores y sus representantes políticos iban a aceptar una propuesta de salida del default muy «amarreta» rápidamente. Se equivocó.
10) La sociedad pensó que el default no importa. Se equivocó.
Pese a estos errores «compartidos», la economía argentina tiene margen para seguir creciendo, de la mano de un sector externo favorable que empieza a cambiar de tendencia, pero muy lentamente, y de una macro que depende, más que nunca, de austeridad fiscal, para ayudar a la política monetaria a mantener su doble objetivo de tipo de cambio alto y tasa de inflación baja. Sin embargo, cada vez se va a notar más la necesidad de encarar reformas estructurales de fondo que modifiquen las señales de largo plazo que se están emitiendo. Entre ellas, reformas que despejen las dudas sobre la solvencia fiscal de largo plazo, mejorando a la vez la calidad e intensidad del gasto, en especial en educación. Reformas en el marco regulatorio y contractual para retomar un sendero de inversión privada creciente e innovadora. Reformas institucionales para terminar en serio con la vieja política. Reformas, en síntesis, que permitan empalmar recuperación con crecimiento sostenido, antes que los tiempos políticos vuelvan a jugar el juego que mejor juegan y que más les gusta. Kirchner vuelve de China con muchas promesas y pocas concreciones. Me dicen los que saben, que la cultura china no concreta temas en un solo viaje y rápidamente, y que ahora habrá que pasar en serio a la acción. Curiosamente, un viejo proverbio chino indica que «no hay nada que el no hacer no haga». Da la impresión de que a K y a su equipo les ha llegado el tiempo de empezar a hacer y de gestionar eficientemente. Lo que se podía hacer sin hacer ya se hizo.
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