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16 de noviembre 2025 - 00:00

Dime cómo conversas y te diré cuánto innovas

La innovación deja de ser un resultado fortuito y se transforma en una práctica cultural de todos. De qué se trata.

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La innovación no ocurre en soledad ni en un laboratorio; ocurre en las conversaciones cotidianas. 

Se suele confundir ser innovador con tener creatividad. Y la realidad es que la creatividad es una habilidad imaginaria que hace que puedas plantear ideas para hacer cosas distintas o mejor de las que se están haciendo. Pero la innovación, sin embargo, es un proceso productivo colectivo, y por lo tanto es una secuencia de acciones diarias, sostenidas en el tiempo y en relación con un otro que requieren muchas más habilidades que solo las imaginarias: se requieren habilidades interpersonales y estratégicas.

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Por esta razón, la innovación es la consecuencia de tu manera de pensar, sentir y hacer, y como desde ahí te relacionas con un otro. Y, ¿cómo puedo medir la calidad de mis relaciones? Mediante la calidad de tus conversaciones. La calidad de tus relaciones es directamente proporcional a la calidad de tus conversaciones.

Qué dicen los estudios

Estudios arrojan que más del 75% del proceso de innovación fracasan por la poca seguridad psicológica que hay en los equipos, ya que no se diseñan ni se habitan conversaciones donde las personas se sientan incluidas, con seguridad para desafiar, aprender o contribuir sin sentir miedo, vergüenza o pánico a ser castigados de alguna manera.

De allí que diseñar y habitar conversaciones auténticas, transparentes y responsables ayudan a cualquier persona, equipo u organización en su transformación, o sea a la propia evolución, ¡o sea a SER innovadores! La innovación es ser no tener (ideas creativas)

Tus habilidades interpersonales y estratégicas en estas conversaciones son fundamentales, ya que las misma determinarán la posibilidad de abrir o cerrar caminos de acción.

Cuatro herramientas fundamentales

Queda claro entonces, al menos a mi, que la innovación no ocurre en soledad ni en un laboratorio; ocurre en las conversaciones cotidianas, en los espacios que ponemos para parar la pelota, en las conversaciones que tenemos que dar por una situación no esperada o fuera de la linea. Ocurre entonces cuando nos animamos a mirarnos, a cuestionarnos y a crear juntos nuevas realidades, en espacios seguros de aprendizaje continuo.

La innovación, entonces, deja de ser un resultado fortuito, de algunos pocos y se transforma en una práctica cultural de todos.

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