La Sociedad Rural Argentina es una entidad gremial que desde hace 140 años representa al sector agropecuario, lo que la convierte en una voz autorizada a la hora de expresar sus expectativas y reclamos.
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Es necesario tener en cuenta que, por lo general, el productor rural no suele enrolarse en la acción gremial. Probablemente, debido a la propia naturaleza de las actividades características del campo, cuyas unidades productivas se encuentran sumamente atomizadas y esparcidas geográficamente.
No significa, sin embargo, que más allá de sus posibilidades efectivas de participación, el productor rural no tenga una posición tomada sobre las cuestiones que marcan la agenda política nacional. Muy por el contrario, su opinión suele ser definida, máxime en un momento como el actual, en el que nos encontramos frente a un punto de inflexión histórico.
Por una parte, el agro ha vuelto a ser a todas luces el gran motor de la economía nacional. Sin embargo, nos enfrentamos a la paradoja de que este nuevo rol no ha sido reconocido por la dirigencia política ni por buena parte de la opinión pública en general.
En este punto resulta necesario formular una autocrítica, puesto que, al menos en mi opinión, una de las causas esenciales de dicha ausencia de reconocimiento del papel preponderante del agro en la historia económica nacional es el rol de la dirigencia.
La admisión de esta falencia trae aparejado el desafío de reparar esa dificultad de comunicación y la consecuente elaboración de una estrategia más eficaz de acercamiento a la dirigencia política y a la opinión pública, que exprese la verdadera naturaleza y las expectativas del sector.
En la medida en que los dirigentes ruralistas sepamos explicar la importancia del agro como motor de la economía nacional, tanto en su dimensión histórica como actual, tendremos la oportunidad de recuperar el espacio de liderazgo en la vida pública nacional que alguna vez supimos ocupar.
Ese eventual liderazgo del agro en general, y de la dirigencia rural en particular, implica al mismo tiempo una gran responsabilidad a la hora de conducir las relaciones entre el sector y el resto de la sociedad, más allá del aspecto puntual de la comunicación.
La gran demanda que surgió en el mundo en los últimos años ofrece la posibilidad de llevar a las actividades relacionadas con la generación de agroalimentos a niveles de producción nunca vistos.
Posibilidad
El aprovechamiento de esa favorable circunstancia internacional nos ofrece la posibilidad de generar una reactivación en todos los sectores de la sociedad, cuyos efectos se han estado viendo en los últimos tres años como resultado del llamado boom exportador.
El impulso que acompaña ese nuevo auge de la producción y la exportación de agroalimentos puede lograr, a su vez, que desde otros sectores se empiece a mirar al agro con otros ojos. La dirigencia no puede pasar por alto esta ocasión.
Para lograr todos estos objetivos son fundamentales la unión y la cooperación de las entidades. Es esencial un ruralismo unido, que busque la concordancia en los grandes temas.
Una iniciativa muy importante en este sentido fue la conformación del foro de la cadena agroindustrial, que concentra más de 52% de las exportaciones argentinas y emplea a 35% de la población económicamente activa. Esta fue una iniciativa que suma a más de 40 cámaras y ya está arrojando sus primeros resultados, como la elaboración de trabajos académicos en temas tan diversos como sanidad, infraestructura de transporte, educación y política tributaria.
Resulta fundamental, asimismo, el fomento a la capacitación y la formación de nuevos dirigentes que adviertan y acepten estos desafíos. En la medida en que logremos consolidar la dirigencia rural podremos enfrentar la difícil coyuntura que atravesamos.
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