La Argentina termina el primer trimestre del año con una alta inflación, cercana al 12% y una devaluación del peso en torno del 9,6%, y esto nos señala que el Gobierno comenzó con la política de atraso cambiario.
El gobierno logró mejorar las cuentas fiscales de enero y febrero, a esto hay que sumarle la posibilidad de postergar pagos al FMI y el Club de París para el año 2022.
La Argentina termina el primer trimestre del año con una alta inflación, cercana al 12% y una devaluación del peso en torno del 9,6%, y esto nos señala que el Gobierno comenzó con la política de atraso cambiario.
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Desde abril en adelante la economía se colocará en modo electoral, esto implica devaluar en forma más lenta el tipo de cambio para tratar de anclar esta variable y que los precios comiencen un proceso de desaceleración que, según predicciones del Gobierno, coloquen a la inflación en el 29% anual y la tasa de devaluación en el 25% anual.
Para que esto ocurra, es muy importante que se logren postergar los vencimientos del pago de la deuda con el Club de París y el FMI, esto implica que el gobierno postergue el pago de u$s7.500 millones. Si a esto le sumamos que el FMI le enviará a la Argentina una suma de u$s4.354 millones, suma no reintegrable distribuida por el organismo para ayudar a los países miembros en el marco de la crisis sanitaria, el stock de reservas sufriría menos estrés financiero y, lejos de bajar, podríamos tener reservas más elevadas que las actuales a fin de año.
Debemos resaltar que lo que hoy no le pagamos al FMI y el Club de Paris deberemos reestructurarlo en el año 2022, esto implica que deberemos firmar un acuerdo con el FMI en donde tendremos que cumplir metas, y que los principales puntos que pondrá sobre la mesa el organismo son equilibrio fiscal, cortar la emisión sin respaldo y adiós a la maraña de subsidios que tiene nuestra economía. Si se firma un acuerdo y se cumple, lo que viene por delante será un duro ajuste para el sector público, pero seguramente sucederá el año próximo, y eso para Argentina sería el larguísimo plazo.
En el corto plazo, uno de los grandes desafíos del gobierno, es renovar sin inconvenientes el total de la deuda en pesos emitida. En el primer trimestre del año vencía deuda de capital e intereses por un monto de $667.082 millones que se logró refinanciar con éxito, sin embargo, para el resto del año, nos queda un stock de deuda elevado. En el segundo trimestre vencen $951.879 millones, en el tercer trimestre $1.110.520 millones y en el cuarto trimestre $343.184 millones. A esta deuda en pesos habría que sumarle el stock de deuda en pesos del Banco Central, que entre leliq y pases suma $3.101.973 millones. La suma de la deuda en pesos del Tesoro y del Banco Central en los próximos 9 meses se ubica en $5.507.556 millones y si lo convertimos al dólar oficial nos daría un total de u$s59.734 millones que es una suma superior a las reservas que suman u$s39.521 millones.
Estamos frente a una deuda en pesos elevadísima, que con una simple devaluación se puede licuar. En la actualidad devaluando el peso a una tasa del 25% y pagando tasas del 38% anual la podemos seguir incrementando en términos de dólares. La deuda en pesos se está convirtiendo en una bola de nieve que podría comenzar a tener vida propia y sería inmanejable si en algún momento no le ponemos un límite.
Se acerca el invierno y emerge una posible crisis sanitaria, Argentina no tiene fondo anti cíclico de reservas para gastar, cuenta con escasos dólares y carece de crédito interno. Si la economía se cierra por la pandemia, volveremos a tener un fuerte déficit fiscal, que solo podrá ser financiado con emisión monetaria, que se transformará en deuda en pesos para seguir alimentando deuda financiera.
En el primer trimestre del año los dólares alternativos mostraron sobre oferta. El dólar bolsa vale hoy $140 igual que en diciembre de 2020. Esto se debe a que el sector privado tuvo que vender dólares para enfrentar pagos de impuestos, como es el caso del Impuesto a la Riqueza. Para el segundo trimestre del año, el almanaque está plagado de vencimientos impositivos, comenzando por Ganancias y Bienes Personales, esto también generaría una presión en el mercado de cambio, algunos venderán dólares ahorrados para hacer frente a los compromisos, y en otros casos, las grandes erogaciones que harán en estos tributos, le quitarán capacidad de ahorro. El dólar quedará muy ofertado y poco demandado. Si a esto le sumamos que las exportaciones logran su mayor caudal en este trimestre, la calma cambiaria parecería estar asegurada.
Conclusiones
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