Cada dos años asistimos a lo que llamamos la “previa electoral”, pero este 2021 es distinto porque está enmarcado en una pandemia y cuenta con un mercado financiero de alta volatilidad. Mientras que en el mundo se debate entre la irrupción de la variante Delta del Covid-19 y la reapertura de las economías, Argentina está enfocada en su contexto particular.
La economía para el segundo semestre: qué esperar con el dólar y la inflación
Cada dos años asistimos a lo que llamamos la "previa electoral", pero este 2021 es distinto porque está enmarcado en una pandemia y cuenta con un mercado financiero de alta volatilidad.
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En el plano macroeconómico, según las cifras del REM del BCRA de mayo, este año se espera una recuperación del PBI del +6,0%, aunque algunos datos de alta frecuencia apuntan a una desaceleración en la actividad económica, de la industria y construcción.
Si bien el dato del EMAE del INDEC correspondiente a abril registró una caída de -1,2% con respecto a marzo (sin estacionalidad y encadenando tres caídas consecutivas), se incrementó +28,3% en relación al mismo período del año pasado. Vale destacar que en abril del 2020 se registró el nivel más bajo de ese año para el indicador, es decir, que implica una base baja de comparación. Por su parte, en mayo la construcción registró su cuarto mes consecutivo de retracción y la industria acumula dos meses de cifras desfavorables.
En cuanto a la inflación, el 15 de julio se conocerán los números de junio. Luego de observarse +4,8% en marzo, +4,1% en abril y + 3,3% en mayo, el REM de mayo sugiere una continuación en desaceleración. Por su parte, el Índice de Precios al Consumidor Online de Bahía Blanca indica que los precios habrían avanzado un +2,84% el mes pasado, convalidando la baja esperada. Respecto a las proyecciones de consultoras, se habla de un rango de aumento en los precios entre 3% y 3,5%.
Esta desaceleración se explica tanto por una menor tasa de depreciación del tipo de cambio oficial convalidada por el BCRA, como así por los controles de precios y tarifas impulsados desde el gobierno. Si bien estas medidas han tenido un impacto positivo de corto plazo, comienzan a introducir preocupaciones a futuro sobre el impacto que tendría el desarme de controles o una corrección en el tipo de cambio oficial para mantener un tipo de cambio real competitivo.
El tipo de cambio real se relaciona íntimamente con la evolución de las Reservas Internacionales a futuro. Junto a los altos precios internacionales de los granos, desde comienzos del 2021 hasta el 2 de julio (último dato disponible), el BCRA logró comprar unos 6.728 millones de dólares en el mercado oficial de cambios.
Sin embargo, la recomposición de RRII brutas fue de apenas 3.254 millones, dado que debió resignar más de 2.400 millones de dólares para pagos a organismos internacionales e intervención en los dólares financieros (entre otros conceptos). A su vez, el segundo semestre contaría con un menor aporte estacional de dólares de exportación, por lo que será necesaria sintonía fina de parte del BCRA para no perder demasiadas reservas (como vía importaciones o demanda de divisas en mercado oficial y financiero) para mantener controlada la brecha cambiaria y el dólar oficial calmo de cara a las elecciones.
Por su parte, el tipo de cambio real multilateral calculado en base al dólar CCL se encuentra en niveles máximos históricos, pero aquel valuado según el tipo de cambio oficial (el utilizado para operaciones de comercio exterior) mostró una tendencia a la apreciación hasta abril y, luego, descomprimió junto a la apreciación del real brasileño contra otras monedas. Como se estima que la inflación continúe corriendo por encima de la depreciación, el gobierno en algún momento deberá convalidar una mayor tasa de avance del tipo de cambio para recuperar competitividad. Esto no necesariamente implicaría un salto discreto del dólar en un momento puntual, pero sí una dinámica de avance más vigorosa con respecto a los precios.
La dinámica inflacionaria favoreció (y continúa haciéndolo a pesar de la desaceleración reciente) el posicionamiento en bonos atados al CER, en detrimento de aquellos instrumentos dollar-linked o títulos públicos denominados y pagaderos en dólares. Estos últimos, junto a las acciones argentinas, presentan valuaciones sumamente atractivas, aunque altísimos riesgos. Hoy la clave para ver el despegue de acciones y bonos en dólares es una compresión del spread de riesgo soberano. El mismo, podría llegar de la mano de un acuerdo con el FMI y resultado electoral que produzca un giro en torno a una política macroeconómica consistente y orientada a la estabilización.
Gerente de TSA Bursátil



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