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1 de agosto 2022 - 13:30

Mis bonitos pueden ser más bonitos

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En el mundo bolsero, muchas veces se dice que la historia se repite y que no hay nada nuevo bajo el sol. Lo que pasó una vez, va a volver a pasar, aunque pensemos que this time is different. Eso es lo que le pasa hoy a los que piensan en invertir en bonos argentinos: los defaultearon en 2001, lo volvieron a hacer en 2019 y existe la posibilidad que lo vuelvan a hacer en el corto plazo.

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Eso explica que veamos paridades que rondan entre el 20% y 25%, aún con la furiosa suba que se vio en la última semana Una paridad de ese tipo implica que si hoy ponemos u$s1000, nos compramos todos los AL30 que podamos comprar (4349 papeles, para ser exactos) y nos sentamos a ver la tele hasta el 09/07/2030 (fecha en que el bono hace su último pago), recibiremos un total de u$s4549. Multiplicar una inversión por 4,5 en ocho años parece un negocio redondo, pero claro está, la coyuntura actual hace que pocos se animen.

Pero yo soy un tipo positivo. Y miro el pasado para proyectar el futuro, por lo que voy a volver 20 años hacia atrás al año 2002. Precisamente a mayo de 2002, en donde esta nota de Ámbito Financiero nos ilustra con los precios de los Bontes, bonos soberanos emitidos antes del desastre de finales de 2001 y que están en pleno default tras el descalabro financiero del país y el paso del 1/1 a un 3/1 con cinco presidentes en una semana. Le recuerdo, soy un tipo positivo. Y patriota. Así que, ilusionado por el Mundial de Corea-Japón que está cerca de comenzar con una Argentina de Loco Bielsa que me llena de esperanzas, decido agarrar u$s1000 y comprarme todos los bonos que pueda. ¿Y si salimos del default?

Con un dólar que cotizaba a $3,20 y un Bonte 2003 en el orden de los $0,62 (el precio era $62 por lamina de 100 bonos), me compro 5161 Bontes 2003 (su ticker era TY03). El bono vencía al otro año, pero estaba en default, como le indiqué recién. Así que me compro los bonos, los guardo en un cajón (bah, en realidad los dejo en la comitente, que de paso está le aviso señor lector que siempre debe cuidarla) y me siento en el sillón a esperar el Mundial. ¿Batistuta o Crespo? Yo hubiera puesto a los dos, pero el Loco pensó distinto.

Pero basta de fútbol. Esto es por guita. Así que después del gol de Svensson y del fracaso mundialista (Pablito Cavallero podría haber hecho algo más, me parece a mi), empiezan a pasar los años. Se va 2003, Boca gana la Libertadores pero mis bonos todavía no me dan un mango. Se va 2004, la Selección gana los Juegos Olímpicos y yo todavía no cobré ni un peso de renta. ¿Me habré equivocado en el 2002 como hizo Bielsa al no llevar a Riquelme?

Sin embargo, llega 2005. Y a principio de año, ¡SE HACE OFICIAL LA OFERTA DEL CANJE DE DEUDA SOBERANA! Casi tres años después de mi compra, voy a poder canjear esos Bontecitos. Es cierto que en 2004 ya se había hecho la oferta, pero recién se publica el 12/01/2005. Así que me siento, leo la misma y decido cuál es la mejor alternativa de todas las que se me ofrecen. Finalmente, opto por la opción de quita del 67% para recibir Bonos Discount ($DICA) y una proporción de Valores atados el PBI ($TVPA). En números, a cambio de entregar mis Bontes, recibo una combinación de 1703 $DICA + 5057 $TVPA, a razón de 2.97 $TVPA por cada $DICA recibido.

Pero yo soy muy optimista. Y como diría cierto economista, “creo en el DICA, quiero al DICA y apuesto al DICA”. Así que apenas recibo todo, vendo los $TVPA y con lo que recibo de dinero me compro más $DICAs. En total, tengo 1969 hermosos Bonos Discount 2033. El bono empieza a cotizar el 08/06/2005 a $2,70 con un dólar a $2,90. Por lo que si mido mis tenencias en dólares, mis u$s1000 iniciales ahora son u$s1946. Estoy un 95% arriba. I LOVE MY DICAs.

Y acá es donde arranca la Dicaneta en todo su esplendor. El bono empieza a pagar intereses dos veces por año y como yo amo a este bono, lógicamente reinvierto el dinero que voy recibiendo para comprar más papeles. Entre 2005 y 2007, el dólar no se mueve al tiempo que el bono sube un poco de valor. Yo, acumulo. En 2007 Román levanta la Libertadores y yo termino el año de la siguiente manera: 2318 bonos a $3,05 con un dólar a $3,15. Tengo u$s2245 y ya dupliqué lo invertido. Soy el mejor inversor del mundo, me siento un capo. Me pregunto porqué no vendí la casa, el auto y hasta el perro para comprar todos los DICAs del mondo.

Llega 2008. Año olímpico. Y de crisis subprime. Y de selloff a nivel mundial. La cosa es que mis DICAs tampoco se salvan del desbande mundial provocado por la crisis estadounidense (se pueden mirar The Big Short para más precisiones, buena película). Se termina el año y mis bonos valen $1,34, menos de la mitad de lo que valían el año pasado. Mis tenencias ascienden a u$s 994. Volví al punto de partida. Menos mal que no vendí la casa, el auto y el perro. Soy un tipo precavido, lógico, hay que diversificar, no poner todos los huevos en la misma canasta, blablablá.

Pero por suerte, como diría Julio Humberto, todo pasa. Un año después, en 2009 el bono cierra a $3,70 con un dólar en el orden de los $3,80. Yo ya tengo 2761 bonos que valen u$s2688. Los siguientes dos años, todo se mantiene bastante parecido, ya que no hubo grandes movimientos ni del dólar ni de las paridades. Finaliza 2011, Messi termina el año con 58 goles y yo ya tengo 3084 bonos que valen u$s3335. El dólar vale $4,30. La fiesta es total.

Sin embargo, a partir de 2012 comienzan algunos problemitas con el tipo de cambio. Problemitas que al parecer todavía persisten, podríamos decir. En ese año, al gobierno de CFK se le ocurre una brillante idea para tratar de calmar las aguas: poner restricciones a la compra de dólares a través de un impuesto que hace subir el tipo de cambio a quien quiere comprar y que después se puede deducir de ganancias. ¡Excelente iniciativa! No obstante, los bonitos terminan bastante bien el año, cotizando por arriba del valor del dólar. Sigue la fiesta, porque yo ya tengo u$s3841.

En 2013, se endurece el cepo. Del 15% se pasa al 35% por lo que el dólar encepado cierra el año a $8,29. Pero mis bonos siguen indemnes, cotizando a $11. Mi inversión inicial clava un 4,5X y yo ya tengo 3464 bonos que valen u$s4597. El siguiente año finaliza en la misma tónica. El dólar continúa con el 35% adentro y mis bonos valen u$s4391.

Llega 2015. Gana Mauricio y se va el cepo al dólar sobre el cierre del año. Los bonos están felices con la llegada del hijo de Franco y terminan el año con una paridad por arriba del 100%. Yo ya tengo 3945 bonos que totalizan u$s6235. Si, arranqué con u$s1000 y ahora tengo 6 veces más. Debería haber vendido la casa, el auto y el perro, pienso nuevamente.

2016, 2017. Pasan los años, River festeja títulos de la mano de Gallardo y Boquita sigue sin conseguir la Séptima. Por suerte, tengo consuelo en los bonos. Termina 2017, miro la comitente y mis 4409 DICAs valen u$s6935. Casi 7 lucardas, pero qué bien que estamos. Hay que vender todo y comprar más DICAs, llamo a mi mamá, a mi papá, a mis hermanos, a mi profesora de la primaria y les digo que compren DICAs. Nada puede salir mal, vivimos en la abundancia de Don Mauricio. En la cena de fin de año, hablo con todos los familiares y veo cómo a mi tío le brillan los ojos cuando le digo que multipliqué POR SIETE lo que invertí.

Pero, pero, pero… Ningún árbol creció hasta el cielo. Llegamos a 2018. Sampaoli dirige la Selección. Salvio juega de lateral derecho contra Islandia. Ya es un mal augurio. Se empieza a complicar el temita del dólar otra vez. Los $18,61 con que terminamos 2017 empiezan a escalar. $20, $22, $26… Me voy a Madrid. Perdemos la final. Vuelvo a Buenos Aires y abro la comitente. u$s5454. Perdí un 20% respecto al año pasado. Me encuentro con mi tío en Navidad. Me dice que me hizo caso y vendió una lancha para comprar DICAs. No lo noto muy contento desde el otro lado de la mesa. “Ya habrá revancha”, pensé internamente. Seguro que el año que viene ganamos la Copa y el tío se compra un yate con las ganancias del bono.

Pero, pero, pero… 2019 no se un gran año que digamos. Hasta el 30/6, más a menos la vamos llevando. Pero el segundo cuatrimestre se complica fuerte. En agosto llegan las PASO y el dólar se va al demonio, al tiempo que los bonos se hacen pomada. En octubre quedamos afuera de la Libertadores otra vez contra los primos y a fin de mes Alberto gana las elecciones. Los bonos entran un virtual default, al tiempo que previo al cierre del año, vuelve el impuesto a la compra de dólares, esta vez del 30%. Brillante idea.

El 30/12 del 19, el DICA debe pagar renta, pero ya no lo hace. El 30/06/2019 fue el último día en que mi amigo fiel pagó cupón. Decido abrir la comitente, previo a la cena de fin de año. Va a estar mi tío, seguramente. Tengo 5119 bonos, que valen $42,66. Pero el dólar se fue a $81,90, por lo que mi balance es de u$s2666. La mitad de lo que tenía el año anterior. Voy a la cena, mi tío está 20 kilos arriba y ya no tiene pelo. Vaya uno a saber porqué, ¿no? Al menos, ya no gasta dinero en ponerle nafta a la lancha, pienso yo. No me saluda, capaz tuvo un mal día.

Llega 2020. Llega la pandemia. Me encierro a mirar series mientras espero que los bonos se muevan. Pero no lo hacen, al contrario. El dólar sigue subiendo y yo sigo mirando cómo mi inversión se descrema. Hasta que llega el 4 de agosto. Ese día, el tweet del amor, de parte del Ministerio de Economía: HAY ACUERDO DE REESTRUCTURACIÓN DE LA DEUDA DE BONOS. Fiesta mantecosa en los ADRs argentinos, con Banco Galicia tocando u$s14,94. Un espíritu me dice “todo lo que te den te tenés que llevar”. Yo me siento, me sirvo un aperitivo y me pongo a estudiar las distintas alternativas que se me presentan. En el encierro de mi habitación, decido elegir la opción de AL41 + AL29, los nuevos bonos. En este caso, me dan 140 AL41 + 7,9 AL29 por cada 100 DICA que entrego.

El número final me deja con 7178 AL41 y 402 AL29 en la comitente. Recién un mes y medio después del anuncio del acuerdo (o conocida en el mundo Twitter como LA MEJOR – RIP Ozono), los bonos empiezan a cotizar. El AL41 arranca cotizando a 44 centavos de dólar, mientras que el AL29 arranca en 57 centavos. Agarro la calculadora, y el número que veo me deja más tranquilo: u$s3387. No es para tirar manteca al techo, pero es un 27% más de lo que tenía al inicio del año. Cambio mis AL29 por más AL41, porque amo el largo plazo. Y así encaro el resto del año. Tengo 7700 AL41 abajo del brazo y tengo fé que siempre brillará, y la luz de mis papeles no se apagará jamás.

Sin embargo, se apaga. Parece ser que LA MEJOR no resultó ser tan buena como se pensaba. Apenas un mes después de arrancar a cotizar, mis bonos se hacen pelota y caen entre un 15% y 20%. La felicidad de volver a salir después de la cuareterna se contrasta con la depresión de ver mi comitente depreciarse sin parar.

Termina el año y con eso mi camino penoso viendo cómo los bonos no levantan. El balance al término de diciembre no es bueno: u$s2764. En la cena, mi tío ni siquiera viene. Aduce un malestar estomacal. Seguro se empachó en Navidad y no está entero para volver a comer a lo grande. Digo yo, es una hipótesis.

Entramos en 2021. Esperanza. Esperancita. Desazón. Esa es la evolución del estado de ánimo que transito durante el año. Los bonos de los que nadie espera nada, nada terminan haciendo. Y mi bono, que cerró 2020 a 35 centavos de dólar, un año después lo hace a 36 centavos. Nada ha cambiado, my friend. Eso si, el 9 de julio me pagó intereses. Cuánto? El 0,11%. No hay error, es lo que pagó. Cobré u$s8,50 de interés, que obviamente usé para comprarme 24 bonos más y cerrar el año con 7724 papeles equivalentes a u$s2780.

Arranca 2022. Aprovecho el previaje y me voy a Mardel. Descanso un poco, despejo la cabeza y decido no abrir la comitente hasta el 13 de mayo, fecha en la cual se cumplirán 20 años de que puse u$s1000 y me compré los BONTEs, que canjeé por DICAs, que a su vez canjeé por AL41s. Porque claro está, si no abro la comitente, entonces no perdí. Vuelvo del mar, me dedico a trabajar y a ver a mi querido Boquita, hasta que llega el viernes 13. Me hago un cafecito con toda la familia durmiendo y entro en mi agente de bolsa.

El AL41 vale 32,3 centavos de dólar. Mis 7724 pelpas son u$s2494. Ah, pero además de eso he cobrado intereses mientras miraba pasar al vendedor de churros en la Bristol. Esta vez, fue del 1,25%, equivalentes a u$s96. Por lo tanto, tengo u$s2590. Doy un sorbo al cafecito, y pienso que tan mal no estuvo el viaje de 20 años, aunque en el medio seguramente me haya ganado el odio de mi tío.

Al fin y al cabo, mi inversión inicial de u$s1000 ahora equivale a u$s2590. En el medio, llegué a tener mucho más que eso, pero en el balance, mi inversión subió más del 100%. Le gané a la inflación de Estados Unidos (al menos por ahora) y mi poder adquisitivo creció. Decido que el lunes vendo todo, y así lo hago.

Ahora bien, tengo u$s2590 frescos en la caja de ahorro. Decido dejar la plata fresca hasta agosto. Me levanto el lunes y entro a ver cómo están los mercados para elegir en dónde volver a poner esos dólares. ¿Criptomonedas? ¿Índices americanos? ¿Una cochera? Abro Twitter y leo las paridades de los bonos. Nuevamente, están en la zona del 20%, como hace 20 años. ¿Y si la historia se vuelve a repetir? ¿Y si me llama Román? ¿Y si volvemos a la paridad del 100% como hace cinco años? El botón COMPRAR AL30 me mira con cariño.

Pienso en mi familia. Pienso en Guzmán. Pienso en mi tío. Pienso en Román.

Y le doy comprar, porque al fin y al cabo, plata y miedo, nunca tuve.

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