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20 de octubre 2026 - 12:50

El comercio mundial cambia de mapa

“El comercio es como el agua: siempre encuentra un camino”, afirmó Ngozi Okonjo-Iweala, directora general de la OMC, en Bangkok. Las guerras están obligando a buscar nuevas rutas y proveedores. Algunas de esas decisiones podrían sobrevivir a los conflictos que las provocaron.

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Ngozi Okonjo-Iweala, directora general de la OMC, advirtió que las guerras en Ucrania y Medio Oriente podrían modificar de manera duradera los flujos del comercio internacional.

Mariano Fuchila

Las guerras pueden terminar sin que el mundo regrese a la situación anterior. Lo sabemos por la historia de las fronteras, las alianzas y los equilibrios de poder. Algo semejante está ocurriendo con el comercio internacional.

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Ngozi Okonjo-Iweala, directora general de la Organización Mundial del Comercio (OMC), advirtió el 15 de octubre, durante las reuniones del FMI y el Banco Mundial en Bangkok, que las alteraciones provocadas por las guerras en Ucrania y Medio Oriente podrían modificar de manera duradera los flujos comerciales.

Su observación encierra una cuestión de fondo: las decisiones económicas adoptadas para enfrentar una emergencia pueden terminar transformando la organización del comercio mundial.

Ngozi Okonjo-Iweala, directora general de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

La guerra con Irán ofrece un ejemplo. Las dificultades para navegar por el estrecho de Ormuz, uno de los pasos estratégicos del comercio energético, obligaron a buscar rutas alternativas, contratar nuevos servicios logísticos y asumir mayores costos. La OMC estima que las exportaciones de Medio Oriente caerán alrededor del 17% durante 2026 y sus importaciones, un 15%.

La directora del organismo sostiene que algunas de esas alternativas podrían mantenerse incluso después de que termine el conflicto. Las empresas han comprobado que depender de una única ruta, por económica que resulte, puede convertirse en una vulnerabilidad.

Durante décadas, la expansión de la globalización respondió a una lógica dominante: producir donde fuera más barato, transportar por los corredores más eficientes y organizar las cadenas de suministro para reducir costos y tiempos.

Ese criterio sigue vigente, pero ahora debe convivir con otro que adquiere creciente importancia: la seguridad.

Una empresa puede aceptar un transporte más caro si con ello reduce el riesgo de quedarse sin insumos. Un país puede diversificar sus proveedores aunque eso implique renunciar a ciertas ventajas de precio. La continuidad del abastecimiento comienza a pesar tanto como su costo.

La transformación venía gestándose. La pandemia reveló la fragilidad de cadenas productivas demasiado concentradas. La guerra en Ucrania alteró los mercados de energía, alimentos y fertilizantes. La rivalidad entre Estados Unidos y China incorporó restricciones tecnológicas, controles de exportaciones y consideraciones de seguridad nacional a las relaciones comerciales.

Los conflictos actuales aceleran esa tendencia. Las empresas revisan dónde producen, adónde compran y cómo transportan sus mercancías. Los Estados, a su vez, procuran asegurar el acceso a bienes y tecnologías que consideran estratégicos.

La geopolítica ha ingresado así en decisiones que durante mucho tiempo estuvieron gobernadas principalmente por criterios de eficiencia económica.

Las dificultades para navegar por el estrecho de Ormuz obligaron a buscar rutas alternativas y asumir mayores costos logísticos, en un escenario de creciente incertidumbre global.

Hay otro fenómeno que ayuda a comprender la magnitud del cambio. La OMC acaba de elevar del 1,9% al 3,9% su previsión de crecimiento del volumen del comercio mundial de mercancías para 2026. Una revisión que sorprende en medio de guerras, aranceles e incertidumbre.

La explicación se encuentra, en buena medida, en la inteligencia artificial. Según Okonjo-Iweala, los productos vinculados con esta tecnología representaron alrededor del 47% del crecimiento comercial registrado durante el primer semestre.

La demanda de semiconductores, servidores y equipos informáticos impulsa los intercambios internacionales mientras otros sectores padecen las consecuencias de los conflictos. La directora de la OMC advirtió que ese dinamismo tecnológico está ocultando tendencias menos favorables en el resto del comercio.

El dato revela una nueva asimetría. Los países y las empresas que participan de las cadenas tecnológicas más avanzadas encuentran oportunidades de expansión, mientras otros enfrentan mercados más inciertos y costos crecientes.

Además, la inteligencia artificial ocupa un lugar central en la competencia estratégica entre las grandes potencias. El acceso a semiconductores, minerales críticos e infraestructura digital influye tanto en las decisiones comerciales como en las políticas de seguridad.

Estamos, por lo tanto, ante una reorganización del comercio internacional en la que las consideraciones económicas y geopolíticas resultan cada vez más difíciles de separar.

La Argentina cuenta con recursos estratégicos como alimentos, energía y litio, pero su aprovechamiento depende de inversiones, infraestructura, previsibilidad y una mayor diversificación de los mercados.

Nuestro país dispone de recursos que adquieren valor estratégico en un mundo preocupado por la seguridad del abastecimiento: alimentos, energía y minerales críticos. La producción agroindustrial, Vaca Muerta y el litio ofrecen oportunidades que merecen ser examinadas en este nuevo contexto.

Pero la disponibilidad de recursos naturales garantiza poco por sí sola. La capacidad de aprovecharlos depende de inversiones, infraestructura, logística, previsibilidad y acceso a mercados.

También exige una política exterior que comprenda la transformación en marcha. Cuando las grandes potencias procuran reducir sus dependencias estratégicas, para un país como la Argentina resulta especialmente importante multiplicar sus relaciones económicas internacionales, diversificándolas. La excesiva concentración de mercados, en cambio, aumenta la exposición a conflictos y decisiones ajenas.

La globalización fue concebida, en buena medida, sobre la expectativa de que una mayor interdependencia económica contribuiría a moderar los conflictos. Hoy comprobamos que esos mismos conflictos están modificando las formas de la interdependencia.

La advertencia formulada en Bangkok trasciende, entonces, la coyuntura de Medio Oriente. Las rutas alternativas, los nuevos proveedores y las inversiones decididas bajo la presión de las guerras pueden consolidar una geografía comercial diferente.

Las guerras alteran las fronteras del poder. También pueden redibujar las del comercio. Y el nuevo mapa puede perdurar mucho después de que las armas hayan callado.

Presidente Fundación Embajada Abierta. Ex Embajador ante ONU, Estados Unidos, Portugal y Cabo Verde. Ex Sherpa de la Argentina en el G20

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