Mariana
Idrogo,
especialista
en identificar
fraudes
de empleados.
«Cuando se descubre un fraude y hay que hacer una denuncia en sede penal, la mayoría de las empresas opta por no concretarla. Los abogados les aconsejan no hacerlo porque el sistema está muy saturado y es difícil que prioricen la investigación en este tipo de delitos», asegura Mariana Idrogo, de la empresa de investigación e inteligencia Kroll.
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Con sólo 36 años y un bebé de dos meses al que lleva a la oficina, lidera una compañía que hace trabajos de investigación interna en empresas para identificar fraudes de empleados, entre otros delitos.
Asegura que ser mujer le facilitó pasar inadvertida en investigaciones encubiertas aunque reconoce que el lenguaje de los negocios es todavía «profundamente masculino».
Periodista: Con el crecimiento de la economía, ¿aumentan los fraudes dentro de las empresas?
Mariana Idrogo: Lo que puede decirse es que aumenta el interés de las empresas en descubrirlos. En realidad hay temas comunes en los que trabajamos siempre con las compañías, ellos son fraudes, delitos económicos en los que resultan perjudicadas, prevención de lavado de dinero, piratería, abuso de propiedad industrial e intelectual, seguridad, conflictos sociales, desastres naturales y ambientales. Pero es cierto que el trabajo de Kroll varía mucho dependiendo del ciclo económico.
P.: ¿Qué es lo que más preocupa a los empresarios hoy?
M.I.: Cambió mucho. A fines de los 90 había mucha investigación para concretar fusiones y adquisiciones. Se trazaba el perfil de los principales ejecutivos de la empresa que se iba a comprar más allá de los efectos contables o financieros. Buscamos situaciones de conflicto ocultas. En la crisis el trabajo cayó mucho en ese sentido porque también se resintió la economía. En 2002 y 2003 se pasó a tener mucho trabajo de seguridad. La mayor preocupación era la protección a los ejecutivos ante intentos de secuestros. En los últimos años, volvió principalmente la investigación de inteligencia comercial y de fraude.
P.: ¿Es posible cuantificar cómo la prevención o el descubrimiento de delitos internos beneficia a las empresas?
M.I.: Es muy difícil porque se trabaja sobre situaciones muy concretas. Por ejemplo, trabajamos para una empresa que tenía problemas de robo de mercadería para el que armamos un sistema de protección. Perdían 1 millón de dólares por camión robado y después de aplicar el plan, pasaron a tener cero robo desde hace 4 años.
P.: ¿Cómo hace una compañía que trabaja en una suerte de «espionaje», para no violar los límites del derecho de intimidad de las personas?
M.I.: El derecho de intimidadde las personas está basado en el poder absoluto que tiene el Estado para investigar, ya que los jueces y la Policía tienen la facultad de averiguar todo y recoger evidencias. Ahí es importante que se respeten las garantías individuales para defender a las personas de posibles abusos del Estado. Es distinto cuando es entre privados porque ningún individuo tiene omnipotencia. Igualmente, hay que saber manejarse dentro de la ley. Nosotros sólo obtenemos información para que el cliente tome una decisión.
Saturación
P.: Cuando descubren que hay un fraude dentro de la empresa, ¿los dueños suelen finalmente denunciarlo en la Justicia?
M.I.: Generalmente no. Cuando hay que hacer una denuncia en sede penal, la mayoría de las empresas opta por no concretarla. Los abogados les aconsejan no hacerlo porque el sistema está muy saturado y es difícil que prioricen la investigación en este tipo de delitos. Cuando hay incumplimientos contractuales en sede civil, lo piensan un poco más. Si se descubre que un empleado cometió una irregularidad, tampoco es común denunciarlo porque el sistema laboral está también muy saturado.
P.: ¿Cómo se resuelven entonceslos fraudes internos?
M.I.: Por lo general se decide echar al empleado que lo cometió, pero para no pasar por un juicio se hace un acuerdo en donde no se le paga una indemnización completa.
P.: ¿Cuando hacen las investigaciones internas, los empleados lo saben o son de incógnito?
M.I.: Depende de la investigación. A veces la compañía quiere que se enteren y otras prefiere sorprender.
P.: Para investigar en forma encubierta ¿ser mujer es un problema o facilita el trabajo?
M.I.: Nunca lo consideré un problema pero desde que decidí estudiar derecho penal todos me decían que estaba loca, que era una carrera de hombres, que las mujeres tienen que estudiar derecho de familia o comercial. Hay muchas penalistas mujeres pero en las reuniones con socios de grandes estudios son todos hombres. Cuando yo empecé como investigadora me resultó positivo ser mujer. Muchas veces trabajaba en forma encubierta y nadie imaginaba que era investigadora.
P.: Y para ejercer su puesto de titular de la empresa en el país, ¿ser mujer la condicionó en algún sentido?
M.I.: No. De hecho fue la empresa la que me buscó cuando yo trabajaba en un estudio jurídico investigando temasque en ese momento llamábamos de corrupción interna. También tengo un acercamiento más personal con el resto del staff. Pero es cierto que los compañeros no hablan conmigo de la misma forma que lo hacen entre ellos. Hay bromas que probablemente no se hacen si yo estoy presente aunque no soy una mujer que se ruboriza. Creo que el problema es que a los hombres les cuesta relacionarse con las mujeres, más que a la inversa.
Identificable
P.: En reuniones con otros empresarios, ¿la situación es igual?
M.I.: En los eventos suele haber muchos más hombres que mujeres y noto que podemos hablar de negocios pero no compartir temas de la vida social. Me di cuenta cuando tuve clientes mujeres, porque no sólo hablamos del tema de la reunión sino también de hijos, marido, peluquería, dónde compramos ropa. Igual que los hombres hablan de partidos de fútbol nosotras nos relacionamos desde otros ámbitos. Lo positivo es que por ser mujer enseguida soy identificable entre tanto empresario hombre.
P.: ¿Siente que se masculiniza al relacionarse con empresarios?
M.I.: Sí. El lenguaje de los negocios es todavía muy masculino. Las poses y muchos detalles del discurso de los negocios es de hombres. Sin embargo, cada vez veo más empresarias que son muy femeninas y tienen una presencia muy agradable en un ámbito de negocios.
P.: A pesar de tener un bebé está en la oficina, ¿Cómo equilibra la carga laboral y la familiar?
M.I.: Me resultó más fácil de lo que pensaba. Fue un shok más fuerte para mis compañeros que para mí. Todos me preguntaban: «¿qué va a pasar?, ¿te vas a tomar licencia? ¿vas a tener el celular prendido?». La verdad es que nunca me desconecté de la oficina y cuando hay algo importante vengo a trabajar, incluso paso con mi hija si hace falta. Tengo a mi esposo y también a alguien que me ayuda en casa. Pero no encuentro excluyente el trabajo de la familia.
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