La interacción y colaboración entre los sectores público y privado es un eje trascendental para el desarrollo de cualquier país. A nivel local, vivimos en la Argentina algunas falsas dicotomías y respecto a esta relación: “No te salva el privado, sino el Estado”, dicen algunos. “No puede vivir todo el mundo del Estado”, responden otros. Lo cierto es que cuando el sector privado y el Estado se alinean, pueden resultar programas interesantes para el desarrollo, como supieron serlo el Plan Conectar Igualdad o la promoción de la industria del software, en su momento.
En la Argentina de hoy, así hablemos de la gestión de la pandemia o de sus problemas económicos estructurales, una articulación inteligente entre los sectores público y privado es clave para lograr progreso. Hay tres factores clave a considerar para que esto suceda de la mejor manera: comprender la lógica de cada sector, el rol de los medios de comunicación y entender quiénes son los aliados que puedan acercar las posiciones de ambos sectores.
Desde una perspectiva sistémica, el sector público tiene un rol claro: definir normas, medidas y procesos que la sociedad debe seguir. Lo hace con su propio lenguaje, protocolos y con su lógica de quién detenta el poder y quién no. El sistema económico, que tiene como objetivo la generación de intercambios de dinero, funciona con otra dinámica completamente distinta. Obviamente que los sistemas se vinculan permanentemente, pero sus lógicas son claras y bien diferentes.
En este sentido, si se busca comprender la posición del otro se deben dejar de lado los prejuicios, una de las principales trabas para poder lograr una interacción productiva. Por ejemplo, preconceptos que puede tener el sector privado respecto a la total ineficiencia o corrupción del Estado. O la sospecha, desde los funcionarios públicos, sobre intereses poco transparentes o contrarios a los del país, por parte de las empresas.
Flexibilidad, es la palabra clave. Capacidad para planificar en escenarios volátiles, inciertos, complejos y ambiguos (VUCA, en inglés), es lo que debe explorarse con el objetivo de lograr entender en qué puede ser útil la empresa, para los objetivos del gobierno.
Los medios de comunicación
En el último tiempo, a razón de la emergencia por Covid-19, observamos que grupos empresarios y cámaras sectoriales han manifestado su voluntad de colaborar y acercar ideas al gobierno. Entonces elaboran y envían documentos con propuestas, que, en paralelo, son enviadas a los medios de comunicación y aparecen al día siguiente en las noticias, sin que el Gobierno haya tenido tiempo de estudiarlas. Esto precipita una discusión pública en una etapa embrionaria.
Además, se debe comprender que la política en muchos casos toma este tipo de acciones como un método de presión. Y cuando los actores de gobierno se sienten presionados, afloran los preconceptos que mencionamos en el punto anterior. Por ello, se debe ser estratégico a la hora de presentar una posición ante el sector político. Siempre, en una primera instancia, es mejor comenzar a abordar las propuestas con los niveles más operativos (secretarios y subsecretarios), con los que se puede trabajar en el detalle y generar consensos, antes de elevar la propuesta a una autoridad política de mayor relevancia. De esta manera, al momento de llegar a la agenda pública, la idea ya se encontrará más avanzada y el análisis de los medios será también más adecuado.
Los aliados
La dinámica público-privada necesita un abordaje estratégico y profesional, con el objetivo de comprender qué actores son los mejores aliados para abordar al sector público.
Aquí juegan un rol central las organizaciones de la sociedad civil, los sindicatos e incluso los referentes de la comunidad donde operan las empresas, entre otros. Estos eventuales aliados, con quienes deben compartirse valores e intereses, o al menos un objetivo en común, pueden en muchos casos mediar ante posiciones distantes, ya que ellos combinan características propias de uno y otro sector: trabajan sobre lo social, sin un objetivo claro y único de generar negocios.
En concreto, es importante entender quiénes son los mejores aliados y cómo lograr incluirlos en la estrategia de relacionamiento. Estos son elementos claves que pueden ayudar a los actores del sector privado a acercarse de una mejor manera al gobierno y que el sector público logre comprender de mejor forma las propuestas de las empresas.
En conclusión, el sector privado debe ser flexible y trabajar en comprender cómo es la política, sus procesos y las interacciones entre los distintos actores que conforman un espacio; analizar qué figuras y organizaciones son los aliados correctos para una estrategia de relacionamiento exitosa; y entender cuáles son los mejores canales para abordar esos diálogos.
(*) Analista político y Director de la consultora JeffreyGroup.