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7 de octubre 2021 - 13:48

El fuego amigo y las porristas alientan el 20 aniversario de 2001

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En esto días asistimos al regreso de las porristas, aquellas que omiten la historia reciente de los Directores Gerentes del FMI como Rodrigo Rato que acabó encarcelado por malversación, Strauss Kahn procesado por abuso sexual, Lagarde condenada por mala administración de fondos públicos como ministra de Sarkozy, entonces The Economist y, le pide la renuncia a Kristalin... El ministro Guzmán se juntará con Georgieva en la reunión anual del FMI y el BM en Washington. Kristalina está dispuesta a perfeccionar el acuerdo. No obstante está siendo operada desde varios frentes.

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El acuerdo con el FMI está cerrado, lo que resta es aprobar la baja de la tasa de interés. Necesitamos calma, Argentina no puede pagar y el FMI lo sabe bien. No tenemos u$s19.000 millones en 2022, u$s19.300 millones en 2023 y u$s4.850 millones en 2024. ¿Qué sentido tiene discutir horadar a Guzmán? El préstamo que tomó Macri se evaporó. Lo mejor que podían haber hecho los economistas y legisladores del fuego amigo era: tener listo un informe contundente en 2019 -tuvieron tiempo- e iniciar una gira internacional antes de la pandemia. El Presupuesto 2022 presentado por el ministro, ya contemplaba un acuerdo con el FMI. El acuerdo pasará por el Congreso, después de las elecciones de noviembre. Paz.

Esa capacidad de establecer temores, para explicar una imperiosa necesidad de establecer la austeridad del gasto social como algo necesario para la vida en democracia, fue un instrumento decisivo en la arquitectura de lugares comunes desde las que se construyeron los relatos que articularon la hegemonía ideológica y cultural del poder por cuarenta y cinco años.

El peso que han adquirido hasta hoy mismo los organismos económicos globales, las universidades y sus egresados para homogeneizar un discurso político que desnaturaliza y tergiversa sistemáticamente los hechos políticos y económicos intensificaron también el fenómeno. Lo extraño es el modo en que los medios y los académicos de centro-derecha ignoraron completamente lo que escribían intelectuales progresistas, hasta el punto de destratar a todo otro espacio de opinión.

Se incentivaba antes y se estimula ahora desde las universidades, alumnos y redacciones de medios a no tener en cuenta en absoluto las consecuencias sociales de un eventual estallido. Pero lo más preocupante es cómo ese relato hizo callar aun al peronismo en los años noventa. En 2001 hasta el FREPASO-ala izquierda de la Alianza-propiciaba el retorno de Domingo Cavallo al ministerio de economía de la Nación. Sabemos ahora por los archivos escritos y audio visual que todo fue avalado por los grandes medios que apoyaban como si la batería de leyes, decretos y normativa de 2001 en general, se hubiera tratado de una sucesión de certezas incontestables.

Parece lógico pensar que, por encima de la fantasía, la realidad debería haberse abierto paso antes, pero eso no sucedió hasta que la crisis provocó el estallido social de diciembre de 2001. Se cumplen 20 años de la catástrofe.

Luego de la crisis de 2001 emerge un relato alternativo y, sobre todo, sabemos qué tuvo capacidad de ser coherente y de articularse políticamente. La experiencia Argentina parecería mostrar que no alcanzan las instituciones cuando se deslegitima la representatividad política. [Gervasoni: Lo que puede denominarse “crisis argentina de 2001” fue en realidad un conjunto de crisis de diferente índole que ocurrieron al mismo tiempo, y que en muchos casos se reforzaron unas a otras. Hubo crisis económica (agravamiento de la recesión), crisis financiera (huida de capitales, explosión del riego-país, corrida bancaria, default y maxidevaluación), crisis social (aumento del desempleo y la pobreza; correlativo aumento en el nivel de protesta social) y una o varias crisis políticas (la renuncia del vicepresidente y líder de uno de los dos partidos de la coalición gobernante en octubre de 2000, la renuncia de varios ministros en protesta por los anuncios de ajuste fiscal del nuevo ministro de economía López Murphy en marzo de 2001, y la caída del gobierno de la Alianza en diciembre de ese año)].

Gervasoni hace mención exhaustiva de sucesos del estado no tanto de sus costos y sus actores específicamente, pero podemos agregar que; por ejemplo en el “Megacanje” se realizó a una tasa del 15% en dólares, y los propulsores de la negociación eran-reconocidos técnicos de Fundaciones y universidades financiadas por empresas privadas o ex gerentes de Banco (el equipo de colaboradores de Cavallo eran: Federico Sturzenegger, Guillermo Mondino, Daniel Marx) quienes tuvieron una activa participación, imponiendo un plan denominado “Regla de Déficit Cero”, que comprometía al país con el FMI, la banca de inversión internacional y los tenedores de bonos a una política de austeridad extrema.

Antes pasaron por el gabinete: (López Murphy, Daniel Artana, Manuel Solanet, de FIEL) y en la secretaría de inteligencia el presidente del Banco de Crédito Argentino, Fernando De Santibáñez. Gervasoni luego pasa directamente a la declaración formal del default, cuando de facto, ya se había producido al incumplir compromisos y extraer en forma compulsiva dinero de las AFJP, primeramente privatizadas.

Dice entonces Gervasoni: [El estado se quedó sin financiamiento de los mercados voluntarios y, luego de recurrir a mercados especiales (primero una ayuda del FMI en septiembre y luego a la apropiación de una creciente proporción de los fondos de jubilación locales) que le permitieron postergar el default por unos meses, declaró la suspensión de pagos de la deuda pública a partir de fines de diciembre (durante la brevísima presidencia de Adolfo Rodríguez Saá)].

La cesión del poder político a la tecnocracia y/o las finanzas (BCRA independiente del poder político, “superministro de economía” con poderes supremos votados por el Congreso de la Nación), ha tenido una incidencia decisiva en el devenir de la crisis argentina de 2001, fundamentalmente al seguir las recomendaciones que “establecían los organismos multilaterales de crédito” y las “mejores prácticas de mercado; entendiendo que los legítimos responsables políticos (el poder ejecutivo primero, y el poder legislativo más tarde con la sanción de la Ley denominada “de poderes especiales”), como se mencionaba, delegaron en funcionarios del ministerio de economía las decisiones políticas, y a su vez estos últimos, aceptaron la totalidad de las condicionalidades del FMI , incluyendo las recomendaciones del mismo organismo, como de la banca de inversión, consultoras internacionales y locales.

Podríamos agregar un epifenómeno donde se apoyaría la idea que los funcionarios argentinos del ministerio de economía-quienes en marzo de 2001 llegaron a recibir “plenos poderes” del Congreso-, no hicieron lo suficiente para preservar los intereses locales, ejerciendo los derechos soberanos de establecer las propias políticas públicas, que incluyeran aspectos económicos, sociales e internacionales, más bien podría ser que sus decisiones hayan coincidido con las imposiciones externas e internas de la biósfera ideológica y política internacional, evocada como el “entorno neoliberal”.

Fue la expedición de la denominada “Ley convertibilidad” que reglamento el fenómeno político económico que le da significación al neoliberalismo local, pero lo hizo en términos de legalidad frente a la ciudadanía, estableció las condiciones previas para iniciar un proceso de privatizaciones y apertura de los mercados nunca antes visto, estableciendo una estructura institucional de apoyo, reiterando una vez más la eficacia simbólica de las leyes y la dominancia ideológico-tecnocrática, en contraposición con la aguda brecha social que se iría consolidando y finalizaría con una crisis financiera e institucional .

Cobra así, especial relevancia el concepto “liberalizador” de las políticas públicas, el tratamiento forzado hacia el Congreso para converger con los postulados del Consenso de Washington y los organismos multilaterales de crédito. Las causas del desplazamiento del poder político hacia las finanzas-manejadas por representantes de corporaciones privadas u organismos multilaterales de crédito (concepto de: puerta giratoria de Stiglitz, que significa que estos funcionarios de un elenco más o menos estable, en un tiempo trabaja para las instituciones públicas y luego en otros tiempos lo hacen para las corporaciones privadas), mucho más forzado por la globalización de los mercados en los noventa, son complejas y tienen una relación estrecha, tal y como se afirma con la concesión de los políticos de la Alianza vinculados por el sector más conservador y cercano al establishment de la UCR, hacia las diferentes formas y metodologías de obligar mediante presiones a un país, a riesgo de caer en conflictos sociales y económicos, muchos de los cuales paradójicamente, son la consecuencia de aplicar este tipo de políticas públicas.

Los economistas cuantitativistas deben estar preparados para hacer uso de los datos económicos sin dejar de lado que los fundamentos son, en el mejor de los casos, una vislumbre imperfecto de la realidad. La introducción al estudio del ingreso nacional de González y Tomasini que estudiábamos en primer año, ha sido una literatura bostezada para luego alistarse a la ciencia ficción de la macroeconomía. Eso no significa que los cuantitativistas conciban sucesos, creemos que perseveran considerablemente buscando coincidencias y su trabajo es enormemente meritorio. Lo que sucede es que en una ojeada próxima a cómo se construyen las cifras, se puede saber que la cubierta de los datos siempre es de enfoque parcial y los vacíos se rellenan con estimaciones desfiguradas.

INFLACIÓN

Conocemos a un buen número de economistas cuantitativistas que todavía se enojan con quien sea que ponga en duda que la inflación es un fenómeno exclusivamente monetario. Aunque el FMI haya expresado que la inflación es un fenómeno multicausal. Un ejemplo del enfoque monetario simplificara las cosas diciendo que un incremento de la emisión monetaria de “n puntos porcentuales” (ej.: de 30% a 35%) requiere una caída de la velocidad de circulación del dinero de 5%, o un aumento de la demanda de dinero, para que no se acelere la tasa de inflación. Los neoclásicos y monetaristas afirman que si se deteriora la situación fiscal y el BCRA emite dinero, va acelerarse la inflación.

La demanda real de dinero puede aumentar o, lo que es lo mismo, la velocidad de circulación del dinero descender. Conclusión, el nivel de inflación depende del comportamiento de la demanda de dinero. Si expandimos mas, la gente tiene que decidir querer tener más dinero, o quedarse más tiempo con él. Por lo tanto para este marco teórico el problema no es la magnitud de las necesidades de financiamiento del sector público, sino la dependencia de la emisión monetaria. Si quisiéramos hablar de economía cuantitativista en forma coherente, hablaríamos de déficit o superávit. Esto determina las necesidades de financiamiento. Cuando hablamos de gasto público o impuestos estamos hablando de política y, Gobierna el FDT.

Sería menester repasar cuestiones desde una perspectiva histórica e ideológica, aunque esto no se podrá realizar sin entrar en un análisis antropológico. Sin embargo podemos citar al premio Nobel Joseph Stiglitz quien dice [Durante décadas los pueblos del mundo subdesarrollado se han rebelado cuando los problemas de austeridad impuestos en sus países han sido demasiado severos, pero sus quejas no solían tener eco en Occidente. ]…[El colapso argentino en 2001 es uno de los más recientes fracasos de los últimos años (el libro es de 2002). Dada la alta tasa de desempleo de los últimos años, lo asombroso no es que los ciudadanos se amotinaran sino que sufrieran en silencio durante tanto tiempo].

El ministro Guzmán aseveró que el Gobierno va a profundizar la política de precios e ingresos, para reducir los niveles de inercia inflacionaria. “La inflación es el objetivo más importante de la política económica. La contracara es buscar una recuperación del salario real, que continúe en los años por venir” (Guzmán). Es que aunque sea un fenómeno multicausal, la inflación es una carcoma para los ingresos de la población.

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