Mi propósito en la vida, o mi fin último, es la felicidad. Se lo tomé prestado a Aristóteles. Y es un propósito completamente alineado con el propósito de mi empresa.
El camino del Triple Impacto es un camino sin retorno. Tal vez sea simplemente sentido común, aunque, como suele decirse, no siempre es el más común de los sentidos.
El triple impacto se refiere a un modelo empresarial que busca generar valor no solo económico, sino también social y ambiental.
Mi propósito en la vida, o mi fin último, es la felicidad. Se lo tomé prestado a Aristóteles. Y es un propósito completamente alineado con el propósito de mi empresa.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Descubrir mi “para qué” me llevó varios años de búsqueda, pero una vez que lo entendí, pude verlo reflejado en distintos ámbitos de mi vida. Hoy, todo lo que hago me orienta hacia ese norte: estudiar filosofía, viajar con mi familia, pasar tiempo conmigo mismo, estar en mi huerta, trabajar en Trasa, la empresa que fundé, y ser parte del movimiento de Triple Impacto en Latinoamérica. Cada uno de estos puntos me ayuda a visualizar mi propósito en acción. Y creo que, en ese sentido, estoy en el camino correcto.
Ya no se trata solo de ser actores protagónicos dentro del sistema, sino de atrevernos a reescribir el libreto. Estamos en el Mes de las Empresas B, organizaciones que operan con una lógica distinta a la de la vieja economía de la que provengo. Son parte de una transición hacia un nuevo modelo que me gusta llamar Capitalismo Consciente. Hoy hay más de 9.500 Empresas B en el mundo, y más de 280.000 compañías que miden su impacto socioambiental con la Evaluación de Impacto B. Esto demuestra que el cambio no solo es posible, sino que ya está en marcha.
Personalmente, la experiencia con mi empresa me transformó. Fue un recorrido que, si tuviera que marcar un punto de partida, comenzaría con una caminata por la ex Villa 31. A partir de ahí, hubo hitos que marcaron nuestra transformación, como la apertura de un local con colaboradores en ese barrio y la instalación del primer cajero automático en dicha comunidad.
Ahí comprendimos algo fundamental: el flujo del dinero podía mejorar la realidad de la comunidad. Antes, muchos vecinos retiraban efectivo en bancos de zonas como Recoleta y regresaban con bolsas llenas de mercadería comprada fuera de su barrio. Con la instalación del cajero, ese dinero comenzó a circular localmente: se gastaba en la verdulería, la carnicería, la panadería. Esto generó un impacto económico real y tangible, beneficiando a los comercios y fortaleciendo el tejido social.
Descubrí que participar activamente en el Movimiento B es profundamente enriquecedor, ya sea presidiendo el Círculo de Impacto B, una comunidad que tiene como principal objetivo instalar el Triple Impacto en el mainstream empresarial, o formando parte del Directorio de Sistema B Argentina, una organización que trabaja para crear un sistema económico inclusivo, equitativo y regenerativo para todas las personas y el planeta.
Elijo hacerlo porque me hace bien. Me motiva rodearme de personas que me alegran la vida, en un espacio donde se prioriza el estar juntos por sobre el estar siempre de acuerdo. Veo a las personas como puentes y conectores, formando un entramado que, para mí, es completamente natural, aunque otros lo vean como algo distinto o hasta antinatural.
El camino del Triple Impacto es un camino sin retorno. Tal vez sea simplemente sentido común, aunque, como suele decirse, no siempre es el más común de los sentidos.
Presidente del Círculo de Impacto B y fundador de la Empresa B Trasa
Dejá tu comentario