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13 de septiembre 2006 - 00:00

Hacia dónde va la educación en el Primer Mundo

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Recientemente participé de la misión organizada por la Cancillería argentina a Australia, en el marco del impulso que quiere darle nuestro país a las relaciones con el Asia Pacífico, del que se espera que aquel país sea una buena puerta de entrada. El marco de la misión fue dado por la puesta en marcha del reactor nuclear, la más importante exportación argentina en términos de tecnología. La licitación internacional fue ganada por la empresa estatal INVAP con sede en Bariloche en el año 2000, luego de varios años de invertir e investigar, pero la coronación del éxito se da en estos días.

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Un grupo de empresarios de varios sectores y representantes de la educación superior participaron de la misión. Interesante fue observar cómo evolucionan las universidades en un país desarrollado, su integración con el mundo y el inevitable comparativo con la universidad argentina. Es importante destacar que el sistema universitario australiano cuenta con 38 universidades públicas y sólo dos privadas. 

A las privadas asisten, por ejemplo, los hijos del sultán de Brunei, por lo que puede considerárselas en principio como espacios de contención de lujo más que como integrantes de un sistema educativo superior. Las universidades públicas cuentan con un cada vez más restringido presupuesto estatal y la mayor parte de sus recursos provienen del cobro de matrículas a sus estudiantes. No existe, como se ve, la extravagancia argentina de universidades públicas masivas y gratuitas, donde los recursos para la formación de grado provienen exclusivamente del Presupuesto estatal. Es decir, toda la comunidad aporta por medio de los impuestos que paga al servicio educativo que beneficia exclusivamente a quienes lo toman, es decir, a quienes asisten y en definitiva se gradúan en nuestra universidad pública. Las universidades australianas están obligadas a captar alumnos y cobrarles sus cuotas y matrículas, pues de otro modo no pueden sobrevivir. Es inconcebible pensarlas de otro modo.

  • Proceso interesante

  • A partir del abandono que hizo Inglaterra de sus socios protegidos integrantes del Commonwealth, se produjo en sus ex colonias un interesante proceso que culminó con la integración de éstas a diferentes mercados. En efecto, luego de un proceso que se profundizó hace unos treinta años, los australianos debieron transitar un período anodino en donde se quejaron de haber sido abandonados a su suerte, y maximizada esa desidia por la posición geográfica extrema en la que se encuentran. No en vano llaman a su tierra «down under», más abajo que abajo, comparable con el fin del mundo con que los argentinos denominamos a nuestro sur más extremo. Con un territorio extensísimo (un continente en sí mismo) pero con escasos 20 millones de habitantes, poco podía esperarse de continuar aislados del mundo y sin conexión con centros más poblados. Pasar de ser una tierra protegida por los británicos a integrarse al mercado mundial, fue un proceso que dejó sus huellas incluso en la composición étnica de los australianos. No tuvieron más remedio que salir de Oceanía y buscar socios en el Asia Pacífico, lo que hizo que una buena corriente de asiáticos se trasladaran con sus familias a Australia, a instalarse en el «down under».

    Hoy, recorriendo las calles de Sidney o Melbourne, se nota la cantidad de personas de origen oriental.
    Confirmado esto por datos oficiales que extienden a 40% de habitantes australianos de ese origen. Este proceso general que se verificó en el país también tuvo lugar en las universidades. Allí, acotados los presupuestos del Estado, los Centros de Educación Superior Australianos no tuvieron más remedio que salir a los países asiáticos en busca de alumnos que aumentaran sus matrículas. Ello coincidió con el acceso de buena parte de la población china al mercado de consumo y por lo tanto en la incorporación de nuevas masas de habitantes que pretendían educarse en sistemas occidentales. Esta incorporación de chinos, vietnamitas, coreanos y distintos habitantes del Asia Pacífico al modo de vida occidental, hizo que muchos estudiantes universitarios quisieran cursar sus estudios en Australia. La cercanía geográfica fue la primera atracción. El idioma inglés, la segunda lengua, ya que dominarla les da acceso al resto del mundo. Recorriendo los campus de las universidades australianas es normal observar una enorme cantidad de estudiantes con rasgos orientales. Más de 50% de los estudiantes hablan mandarín u otra lengua china como primer idioma.

    Esta captura de estudiantes en Asia y sobre todo en China fue llevada adelante en forma agresiva por las universidades «aussies». En cada viaje de promoción que realizaban sus directores de relaciones internacionales se suscribían convenios que representaban el ingreso de cuanto menos 3.000 estudiantes orientales. Y esto lo hacían impulsados por la creciente restricción presupuestaria que impone el Estado australiano a sus universidades y por la amenaza de fusión y cierre de las mismas. De este modo las universidades australianas fueron internacionalizándose de modo creciente, aunque esta ampliación exponencial de sus matriculados hizo que fueran perdiendo prestigio. Debe destacarse que estos centros educativos cuentan en general con campus de enormes extensiones, edificios góticos que semejan las universidades británicas más prestigiosas y el idioma de enseñanza es el inglés.

    Todo ello hace que estén en general bien en los rankings internacionales de las universidades, apareciendo algunas de ellas entre el puesto 57 y 67. Esto sumado a que muchas cuentan con más de 150 años de existencia, conforman un cuadro atractivo pero que este proceso lo va desgastando. Se suma a ello que para perfeccionar el negocio, muchas universidades australianas hicieron convenios con socias chinas para impartir clases directamente en territorio chino. Y luego, para completar el círculo, como si fueran multinacionales que exportan productos transables, abrieron campus en distintos países del Asia Pacífico.

    Todavía la educación universitaria no es un commodity, pero se comercializa de modo cada vez más agresivo.

  • Revisión

    Actualmente los australianos están revisando estas políticas, pero también se ve que universidades norteamericanas y europeas, algunas de gran prestigio, comienzan a recorrer un camino parecido. Por ese lado se vislumbra que los títulos de grado tendrán cada vez menos valor en el mundo pues serán «piezas intercambiables».

    Ese camino se ve muy lejano en nuestro país, porque las universidades privadas no están buscando alumnos afuera de nuestras fronteras y las públicas están saturadas con lo que tienen y apenas pueden atender a sus masivos estudiantes. Pero los centros de enseñanza de idiomas han comenzado a captar este negocio y se muestran muy dinámicos en su crecimiento, mirando estos mercados y aprovechando la coyuntura de una Argentina barata para los extranjeros y una China con una nueva clase consumidora y ávida de colocar estudiantes en otros países.
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