El periodista dialoga con el especialista en mercados mundiales que se escuda bajo el personaje del banquero de inversión Gordon Gekko de la película «Wall Street», quien advierte el renacimiento de la ola de fusiones y adquisiciones. «Hay mucha liquidez y nadie quiere dejar de hacer negocios», explica, pero pone reparos si la tasa de largo llega a 5,5% anual. Veamos.
PERIODISTA: Bastó que las aguas se calmaran para que el huracán de las compras de compañías se desatara de nuevo...
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Gordon Gekko: Hay toneladas de cash en los fondos de private equity («capital cerrado»). Ese efectivo permanece ocioso y presiona en procura de aplicación.
P.: ¿Pero ya se despejaron los interrogantes sobre los mercados de deuda de alto riesgo? ¿Tanto como para abrir paso a una nueva tanda de operaciones?
G.G.: Yo diría que se temía por el estruendo de la caída de los dos fondos de cobertura («hedge funds») de Bear Stearns y ese derrumbe no se produjo.
P.: Pero, en paralelo, otros trastornos engrosaron la lista...
G.G.: Es verdad. Caliber Global Investment, un fondo de unos 900 millones de dólares, muy expuesto al riesgo subprime, anunció que cierra sus puertas. Varios fondos Horizon (administrados por United Capital), si bien no serán liquidados, han suspendido, en forma unilateral, los retiros a sus inversores. El propio cálculo del valor de los activos netos de los fondos de Bear Stearns se ha dilatado y aun se ignora la cuantía del daño patrimonial. Hasta en Inglaterra afloran consecuencias poco agradables de la saga hipotecaria norteamericana. Con una pizca de condimento nativo.
P.: ¿Todo eso no cuenta?
G.G.: Sensibiliza. Pero más pesa, a juzgar por el flujo de los acontecimientos, la urgencia por hacer negocios. No se olvide que, a los fondos de private equity, el reloj los apura.
P.: ¿Imagina que el tema subprime quedó subsanado; que cicatrizará por sus propios medios, con la ayuda del mero paso del tiempo?
G.G.: Mientras la crisis inmobiliaria no dé respiro, el problema se va a acentuar. Piense en la batalla naval, el capítulo de la deuda subprime es un buque que ya fue tocado en febrero y marzo y ha vuelto a ser alcanzado en junio. Navega, se mantiene a flote, pero su vulnerabilidad es evidente.
P.: Los inversores (los que pueden hacerlo) abandonan el barco pero no las ansias de navegación. Abordan con entusiasmo los fondos de private equity. Todo lo que huela a compra y fusión de compañías. ¿No se trata, en esencia, de la misma historia de empujar el apalancamiento al máximo?
G.G.: Son dos buques gemelos. Como el Titanic y el Olympic. Pero es uno solo el que hoy está averiado.
P.: El mismo iceberg que hundió al primero puede acabar con el segundo.
G.G.: Por eso los inversores cambian de ruta. Ya no quieren oír historias de hipotecas ni de inmuebles. Pero les resulta imposible no ceder al nuevo canto de sirena. Es obvio que nada resistiría la colisión contra una suba sostenida de las tasas de largo plazo. Es más, en junio, dicho ascenso generó un parate ostensible en el nivel de takeovers. Lo recortó 40% comparado con mayo. Hubo que posponer emisiones de bonos corporativos.
P.: Un descanso que prueba ser temporario...
G.G.: Como la suba de tasas largas. A 5% los negocios florecen. A 5,25% se congela el tubo.
P.: ¿Y a 5,50%?
G.G.: ¿Qué pasaría con la fluidez de los segmentos de deuda de alto riesgo? ¿Y con los préstamos bancarios apalancados? En la medida que esa liquidez se resienta, el eje se traslada de cómo generar nuevos negocios a cómo remar para mantener a flote los vigentes.
P.: ¿Cambia el juego este hecho novedoso de que los fondos de capital cerrado («private equity») ahora estén abriendo su capital en Bolsa? Me refiero a la colocación de las acciones de Blackstone Group. ¿Es la respuesta temprana a futuras dificultades de financiamiento?
G.G.: Es una decisión estratégica anterior. De hecho, el primero que se movió en ese sentido fue Fortress y lo hizo en febrero. Una mayor base de capital no perjudica. Pero los fondos no van a diluir ni la toma de decisiones (venden acciones sin derecho a voto) ni la rentabilidad prometida de las operaciones. La intención no es nivelar la relación capital/ endeudamiento de cada transacción, sino poder atrapar peces de mayor tamaño.
P.: Blackstone emitió sus papeles a 31 dólares la acción; el tope del rango de precios estimado en el prospecto. Abrió a más de 36 dólares. Pero tres ruedas después cotizaba por debajo de 30. ¿Dónde estaban los underwriters?
G.G.: Contando sus comisiones. Fue la emisión primaria inicial más importante desde 2002.
P.: ¿No hay algo que huele mal?
G.G.: La gente quiere participar. La agencia china de inversiones, le recuerdo, tomó otra tajada de casi 10% en la firma. Sucede que Blackstone Group ha sido tremendamente exitoso en el pasado. Y fija sus condiciones. Lea el prospecto: tras ganar 2.300 millones de dólares el año pasado, se prevé un período indefinido de sequía de utilidades. En el Congreso hubo quien quiso frenar la oferta pública y hay muchos más que pretenden alterar su tratamiento impositivo. Dejar de gravar las ganancias a 15% (la tasa de las ganancias de capital) para aplicar la alícuota ordinaria de 35%. No importó: la emisión fue 5 veces sobresuscripta. No es una fiebre muy distinta de la que generó el iPhone de Apple, salvo el valor promedio de los boletos de compra. Y, pese a todo, hay más colocaciones en las gateras: KKR, Apollo Management y quizá Carlyle Group y TPG.
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