«Redrado
debería recordar
que su mandato
no es cumplir su
propio programa
monetario, sino
tener una
inflación baja»,
sostiene el
economista
Federico Sturzenegger.
«El gobierno tiene una estrategia de aguantarlos problemas todo lo posible.» Así lo definió Federico Sturzenegger en alusión a la crisis energética que atraviesa el país y a la inflación.
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Para este economista, profesor de Macroeconomía y de Finanzas Internacionales en la Kennedy School of Government de Harvard y en la Universidad Torcuato Di Tella, es posible aplicar ciertas medidas para frenar el aumento de precios. «Redrado debería recordar que su mandato no es cumplir su propio programa monetario, sino tener una tasa de inflación baja.»
El ex secretario de Política Económica de Domingo Cavallo sostuvo que es necesario «corregir el engaño en los datos que publica el INDEC que destruyeron la posibilidad para el gobierno de financiarse en pesos indexados».
Consultor de varios organismos internacionales como actualmente del Banco Interamericano de Desarrollo, Sturzenegger respondió a los interrogantes de Ambito Financiero desde Sudáfrica, país al que asesora desde 2005.
Periodista: ¿Cree que se va a dar algún cambio en el rumbo económico con la asunción de Miguel Peirano?
Federico Sturzenegger: Nunca se sabe, aunque creo que es difícil dados los tiempos políticos. El gobierno tiene una estrategia de aguantar los problemas todo lo posible, y no veo por qué esto habría de cambiar antes de las elecciones. Además, respecto del problema energético, para octubre la temperatura ya habrá subido y no me extrañaría que entremos en la fantasía de que el problema se resolvió. Y después está el problema de la inflación. El nuevo gobierno, quienquiera que sea, no podrá evitar enfrentar estos problemas en serio.
P.: Es justamente la inflación uno de los principales problemas, pero se mencionan distintas causas; ¿qué considera que la origina?
F.S.: Esa es probablemente la única pregunta que los economistas saben contestar: hay inflación cuando existe demasiada liquidez para lo que se produce. Todo lo demás son sofismas presentados para confundir. Cuando el Banco Central dice que cumple el programa monetario, genera mucho incremento de precios. (Martín) Redrado debería recordar que su mandato no es cumplir su propio programa, sino tener una tasa de inflación baja.
P.: Pero mantener baja la inflación pareciera que no es sencillo...
F.S.: Sí, lo es. Si se construye una lista de países cualquiera, son muy pocos los que tienen alta inflación. Si se quiere, es posible no tenerla; es algo que se sabe controlar.
P.: ¿Sería necesaria una apreciación para relajar la presión inflacionaria?
F.S.: Espero que no. Hay que relajarla desacelerando la expansión de los agregados monetarios y no apreciando la moneda. El tipo de cambio alto es un gran acierto. Un tipo de cambio subvaluado mejora el potencial de crecimiento. Lo demostraron Japón y Europa en la posguerra y lo hace China hoy.
P.: ¿Habría entonces que continuar con la intervención del Banco Central en el mercado cambiario?
F.S.: En realidad, no, porque allí reside en parte la necesidad de expandir los agregados monetarios. Lo cierto es que el Central está atrapado entre cuatro objetivos: mantener el tipo de cambio en $ 3,10, acumular reservas, expandir el producto y bajar la inflación. Los primeros tres se contradicen con el cuarto. La solución es que Economía use parte de su superávit para comprar activos externos, liberando al Central y permitiendo que se focalice en la inflación.
Energía
P.: ¿Qué consecuencias a nivel macro puede tener el faltante de energía?
F.S.: Se habla mucho de las empresas a las que les cortan la luz o la falta de combustible, pero lo más importante es quizás lo que no se ve, que son todos los proyectos que no ocurren por no haber garantía en el suministro de energía. Lo mismo pasa en petroquímica, fertilizantes, ni hablar de electricidad y muchos otros sectores que habían crecido en la última década. Existe, además, otro efecto: el gobierno está gastando cada vez más recursos del contribuyente en mantener los precios de la energía atrasados. Con ello el país termina aumentando el gasto en subsidios en detrimento de inversiones en rutas, en educación o en salud. A mí me parece un uso de los recursos muy desacertado.
P.: ¿Son reversibles en el mediano plazo estas consecuencias?
F.S.: Todo es reversible, pero no se va a resolver tan rápido como en otras ocasiones. Existe una diferencia clara con la situación que fue la sentencia de muerte del gobierno de (Raúl) Alfonsín. Hoy la electricidad que existe está siendo usada a su máxima capacidad. En gas también es otra la situación: en aquel entonces las reservas eran de más de 20 años, en cambio en el último tiempo la diferencia de rentabilidad local comparada con la internacional es tan abismal que las empresas no repusieron reservas, por lo que el total se ha ido reduciendo. Así, para aumentar la oferta en ambos sectores va a ser necesario invertir, y mucho.
P.: ¿Y eso cuánto tiempo puede tomar?
F.S.: Invertir lleva tiempo. Lo bueno es que existe gas y petróleo, si es que alguien tiene un incentivo razonable para hacerlo. Es difícil entender por qué les pagamos a los bolivianos lo que no dejamos que cobren nuestros propios empresarios. Existe una pequeña válvula de escape que es la puesta a pleno de Yacyretá. No entiendo cómo el gobierno no resolvió todavía los problemas de asentamientos para subir la cota ya que le hubiera sumado al sistema unos 1.000 MW, casi la potencia que faltó en esta crisis. El gobierno se dejó estar y ahora tiene que ser considerado responsable.
P.: ¿Considera suficiente el nivel de inversión actual?
F.S.: Es una pregunta difícil. Siempre me gustaría mucha más inversión porque garantizaría mayor crecimiento. Pero tenemos que preguntarnos también sobre la calidad. Es decir, ¿vamos a invertir hoy porque hemos distorsionado el mercado del gas y pasarla a pérdida mañana cuando racionalicemos ese mercado? Similarmente, cuando una empresa invierte en autogeneración, se produce una pérdida de eficiencia. Es un sinsentido que cada una produzca su propia electricidad. Todo esto compromete el crecimiento y la competitividad futura.
P.: ¿Sería conveniente crecer menos?
F.S.: Siempre es mejor crecer a la mayor tasa posible, el tema es el horizonte sobre el cual uno se focaliza. El gobierno con su política fiscal tan expansiva en los últimos dos años está alimentando desequilibrios que se manifiestan en la inflación y la crisis energética. Este era el momento de aumentar el superávit, no de bajarlo, de manera de armar el margen para poder aplicar una política expansiva cuando realmente la necesitemos. Es la historia de siempre, la de políticas fiscales pro cíclicas que terminan exacerbando el ciclo, tanto para arriba como para abajo. Fue un error que cometió la gestión económica de (Carlos) Menem en la recuperación postequila y que este gobierno la está repitiendo.
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