5G y Huawei, el sacudón geopolítico

Opiniones

Ya transcurrido el primer mes de la tercera década del siglo, podemos ver como la tecnología va proponiendo una nueva bisagra en la historia y particularmente el 5G hace vibrar el tablero geopolítico.

Considerando fechas que suenan como hitos, ya transcurrido el primer mes de la tercera década del siglo, podemos ver como la tecnología va proponiendo una nueva bisagra en la historia y particularmente el 5G hace vibrar el tablero geopolítico.

En tal sentido la gran potencia, Estados Unidos, ha incrementado en este tiempo sus apelaciones a no utilizar equipamiento chino para las redes móviles de Quinta Generación. Mantiene y profundiza su alegato de que la compra de equipamiento de telecomunicaciones chino (Huawei o ZTE), es una amenaza grave para la seguridad nacional, y lo sustenta en la supuesta capacidad de Beijing de realizar espionaje y apropiación de la información a través de esos equipos.

Esta presunción no resulta para nada descabellada: el conocimiento profundo sobre la arquitectura de una red de comunicaciones le otorga a su creador algunas “ventajas” sobre el mero usuario. Asimismo, es moneda corriente los contactos existentes entre agencias de inteligencia y compañías de telecomunicaciones y/o fabricantes de equipamiento. Más allá de las denuncias contra Huawei de facilitar información al Partido Comunista Chino (PCCh), también han existido en el pasado cercano denuncias sobre la introducción de programas de vigilancia en equipos de la firma Cisco Systems por parte de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) de EEUU. Nadie estaría exento del espionaje.

Por lo tanto, sin dudas que las cuestiones de seguridad tienen un peso por demás significativo a la hora de elegir con quien avanzar en las redes de 5G. Pero también cuentan los negocios, y detrás del catch up de la tecnología móvil existe un mercado de u$s 3,5 trillones a apropiarse. Y aquí es donde China está mejor preparada, por costos y calidad de prestaciones. Y aquí es donde los países y sus economías vacilan, buscando imaginariamente el lugar que les siente más cómodo entre los supuestos issues de seguridad y la tan deseada competitividad.

En tren de tomar decisiones difíciles, Australia y Nueva Zelandia han sido los primeros entre los “aliados” al mundo occidental liderado por EEUU: ambos países han prohibido la participación de Huawei en la arquitectura de sus redes de telecomunicaciones, so pena de quedar fuera del “club”, particularmente del “Five Eyes”, red de intercambio de información de inteligencia que EEUU además comparte con Canadá y Gran Bretaña. Los costos asumidos no han sido menores: las relaciones económicas, los intercambios comerciales y culturales con China son intensos y seguramente se verán perjudicados.

En la semana que pasó ha sido el turno de Londres: el primer ministro Boris Johnson se pronunció a favor de una veda parcial del gigante chino, excluyéndolo del core de las redes 5G (los procesadores de información) pero permitiendo su participación en el edge (la periferia) del sistema, hasta en un 35 % del mercado: módems, routers, terminales, etc.

El aparente desaire a la Casablanca que significó esta decisión (la administración Trump pretendía la prohibición total de Huawei) se tornó en una suerte de go forward, un “vamos viendo” de acuerdo con las declaraciones posteriores del secretario de Estado, Mike Pompeo. El funcionario le bajó el precio a la decisión de Johnson: todo indicaría algún previo acuerdo entre Londres y Washington para el pronunciamiento sobre Huawei, con intenciones de ganar tiempo y alcanzar una solución propia para sustentar las redes 5G.

La cuestión no es sencilla. Estados Unidos quiere un sistema alternativo al que dominan los chinos, tanto para propio uso como para poder “ofrecer” al mundo una opción a la propuesta del gigante asiático. Es cierto que cuenta con el apoyo de la tecnología 5G de origen europeo, como son las desarrolladas por la sueca Ericsson y la finlandesa Nokia, pero ambos corren aún por detrás de Huawei.

Los norteamericanos entonces estarían dispuestos (en apariencia) a poner mucho dinero. Existe un proyecto en el Senado de promover el desarrollo del sistema Open RAN, a los fines de eludir la operatoria en RAN (Radio Access Network), tecnología que China domina ampliamente; se propone aplicar u$s 1000 millones a este programa y abrir el juego a un amplio mercado de “vendors” (fabricantes de equipamiento).

La idea pierde fuerza si se considera que la cifra mencionada representa tan sólo el 4% de lo que suman los gastos aplicados en 2018 a investigación y desarrollo por Huawei, Nokia y Ericsson, lideres y principales propietarios de patentes de 5G, particularmente en RAN. El entusiasmo norteamericano puede decaer más aún si esperan cooperación real de las tres firmas para el Open RAN: la cuestión no sólo afectaría a China en ingresos por regalías sino que también a los campeones europeos mencionados.

En este escenario, la Unión Europea (UE) también ha establecido ciertos lineamientos para la elección de proveedores de equipamiento tecnológico. Sin nombrar a ninguna compañía, estarían restringiendo la expansión de Huawei en la Eurozona, con la íntima esperanza de lograr que sus “campeones” alcancen el nivel competitivo de los chinos.

Aunque no obstante, Europa cuenta con una carta más audaz para jugar hacia China: profundizar las relaciones de cadenas de valor. Así, la cercanía existente entre firmas alemanas y compañías chinas, casi desde los albores de las primeras tecnologías de comunicaciones móviles, podría profundizarse, y arrastrar al resto del cluster europeo de telecomunicaciones.

Volviendo a los mencionados guidelines dados recientemente a conocer, los mismos no son vinculantes sino meramente recomendaciones. Los países de la UE mantienen entonces el debate sobre las redes 5G, observándose a nivel general una suerte de compás de espera en la decisión sobre la adjudicación de los despliegues, directamente relacionado con las presiones de Estados Unidos sobre la seguridad. Esta situación perjudica a aquellas naciones que aún no arrancan con la nueva tecnología, ya que pierden competitividad con respecto a los que ya lo hicieron.

En definitiva, la disyuntiva a resolver por la mayoría de los países europeos pasa por lograr la mejor ecuación entre la modernización lo más pronto posible de sus redes de telecomunicaciones y el mantenimiento de unas buenas relaciones con Washington. En los casos más extremos también entran en juego los acuerdos vigentes de cooperación en inteligencia.

La vacilación europea y la tardanza de Estados Unidos en alcanzar a los chinos en el desarrollo de equipamientos de redes 5G, alimentan aún más una mejor posición de Huawei en el mercado. La firma se apalanca además con el Plan China 2025 y con la Ruta de la Seda. El plan es completo.

Así, todo parece indicar que será difícil darle la espalda al poder ¿blando? de la tecnología del gigante asiático, principalmente por una cuestión económica. Pero asimismo también va a ser difícil desairar a Estados Unidos y a su dogmático cuidado de la seguridad.

Particularmente en Europa y en el globo en general, la geopolítica se inquieta.

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