La fortaleza del modelo

Opiniones

El modelo económico argentino demostró poseer una fortaleza para evitar el cimbronazo de la crisis internacional manteniendo las predicciones respecto a la tasa de crecimiento de la economía en el transcurso de 2008 que seguramente superará 7%.

Los fundamentos macroeconómicos de la economía permanecen sólidos. La política fiscal muestra claramente una tendencia del superávit primario base caja equivalente a 3,3% para el ejercicio fiscal, con un superávit fiscal financiero superior a 1,2%. La política monetaria muestra desde el segundo semestre de 2006 un crecimiento de los agregados monetarios (base monetaria o M2) inferior al crecimiento del PBI nominal. La política cambiaria se consolidó como flotante, estable, predecible y competitiva sin oscilaciones bruscas que perjudiquen la toma de decisiones por parte de inversores.

En efecto, en los 198 años de historia económica argentina jamás se cumplieron tan rigurosamente la continuidad de años consecutivos de una consolidación de los fundamentos macroeconómicos como en este último período de casi 6 años.

Este modelo económico se fundó sobre la base de la consolidación de superávits gemelos, que en sentido amplio, involucra a los resultados fiscales primarios y financieros juntamente con los comerciales y de cuenta corriente. Esta convergencia de superávits posibilitó la acumulación sistemática de reservas, que al superar la conversión técnica entre las mismas y la base monetaria y al liberar aquellas de libre disponibilidad, permitió una estrategia permanente de reducción de la deuda pública.

La cancelación de la deuda al FMI, la cancelación de deudas con organismos internacionales de crédito, la manifestación de firme voluntad de cancelación de las deudas con el Club de París permite determinar claramente que el crecimiento de los activos se destinan a la reducción de pasivos a los efectos de promover la solvencia económica y financiera del estado en su registro de contabilidad patrimonial.

Los resultados del modelo fueron contundentes: creación de 3,9 millones de empleo; aumento de u$s 25.600 millones de a u$s 72.000 millones de exportaciones con superávit comercial acumulado de u$s 84.000 millones en el período; reducción de la tasa de desempleo de 23,3% a 7,8%; reducción de deuda equivalente a casi u$s 90.000 millones computando el canje más otras operaciones de cancelación disminuyendo la participación de la deuda pública de casi 160% a 52% del PBI; crecimiento sostenido y real de 31% del salario real en el contextode casi 800 convenciones colectivas de trabajo negociadas y homologadas por el Ministerio de Trabajo de la Nación; crecimiento de 47,6% de la actividad industrial desde 2003.

Pero en estas circunstancias, es preciso evaluar las fortalezas y las debilidades del modelo respecto a su continuidad en el tiempo. El impacto de la crisis financiera internacional puede impactar de diversas maneras posibles atento al desarrollo de la misma, el efecto contagio y el tiempo.

El sistema financiero argentino presenta dos diferencias sustanciales respecto a otras crisis. Por un lado, el prestamista de última instancia, es decir, el BCRA posee capacidad de intervención ante problemas de liquidez en la misma moneda en que las entidades financieras poseen sus activos y pasivos. Además, la exposición del sector público en la cartera de los activos de las entidades financieras se redujo de 60% de los préstamos a 14% en la actualidad.

Hoy el sector público ahorra en el sistema, antes demandaba sus fondos. Este cambio cualitativo permite visualizar que el sistema financiero presenta mayor liquidez derivado de las reservas acumuladas por encaje para afrontar cualquier retiro de depósitos. Y también se advierte que el grado de morosidad del sistema no supera 3,1% del total de préstamos, contabilizando la cartera con anterioridad a la crisis de 2001. Si se analiza la cartera con posterioridad la morosidad es aún inferior llegando a 2,2%.

  • Depósitos

    Por lo demás, es preciso remarcar que los depósitos de plazo fijo del sistema financiero argentino superan ligeramente los $ 60.000 millones, y alcanza a más de $ 100.000 millones cuando se contabilizan los depósitos en caja de ahorro y en cuenta corriente. También la calificación de la cartera, las prevenciones sistémicas y la regulación existente determinaron el posicionamiento de las entidades financieras, tanto públicas como privadas, hoy respecto a crisis anteriores. Una prueba evidente es la liquidez y solvencia del Banco de la Nación Argentina, de los bancos públicos en general y de la banca privada.

    Pero esto no es todo. Es cierto que existen muchas críticas realizadas por economistas, banqueros, analistas, calificadoras de riesgo, bonistas e inversores internacionales respecto a la calificación de nuestro país, a nuestro « supuesto aislamiento internacional», y a la reiteración de conductas de incumplimiento de nuestras obligaciones.

    Pero es justo admitir que frente a críticas infundadas existen resultados contundentes.Y esto merece la instrumentación de acciones complementarias. Frente al desconcierto de ahorristas del exterior que temen por sus ahorros podría ser aconsejable generar las condiciones para la sanción de una ley de repatriación de capitales que permita destinar el producido de estos recursos a proyectos productivos e infraestructura que aumente las perspectivas del crecimiento económico y la generación de empleo. Paralelamente, sería deseable sostener una estrategia para perfeccionar el funcionamiento más transparente de los mercados de alta concentración económica a través del funcionamiento pleno del tribunal de defensa de la competencia. Las críticas de muchos analistas económicos nacionales e internacionales se centraron en los siguientes puntos:

  • El gasto público creció 64% el último año como consecuencia del aumento de los subsidios, esto impacta en el resultado fiscal y la crisis reducirá parte de los ingresos. Por tanto, el superávit fiscal será equivalente a 2% del PBI para el ejercicio fiscal 2009.

    Falso: es preciso que los analistas se detengan a verificar los datos y la composición del mismo. En efecto, los subsidios tienden a reducir su participación en la estructura del gasto público como consecuencia del aumento de las tarifas a sectores de mayores ingresos logrando al mismo tiempo un impacto redistributivo y también como consecuencia del aumento de la oferta energética y la reducción del precio del petróleo. Parte de los mayores subsidios eran consecuencia de la intervención del mercado energético. De aquí a 2009 aumenta la producción de energía en 2.870 Mw, mientras que el programa de inversiones alcanza a 2011 un monto estimado de $ 57.000 millones, de los cuales $ 31.000 millones se destinan al incremento de 12.000 Mw de energía; $ 18.000 millones para destinar a gas plus por 45 millones de metros cúbicos hasta llegar a 200 millones de metros cúbico/día y $ 8.000 millones para garantizar la ejecución de 6.144 kilómetros de líneas de alta tensión.

    Este análisis implica reconocer que si el precio del petróleo baja, también disminuye el costo del subsidio, y paralelamente es preciso reconocer que, mientras la oferta energética aumenta por las inversiones generadas, también se reducen los subsidios para la disponibilidad inmediata de energía.

    También es necesario reconocer que la composición del gasto público frente a dificultades de financiamiento es más elástico a la curva de inversiones y a la acumulación de fondos en el sistema de seguridad social, máxime teniendo en cuenta la certidumbre de la ley de movilidad jubilatoria.

    La incidencia del gasto público está dado por remuneraciones (escasa participación porcentual), seguridad social (superávit del sistema), inversión pública (regulable por efecto de la administración del cronograma y la curva de inversión) y transferencias ( administración de la reducción de subsidios por readecuación tarifaria y aumento de la oferta energética).

  • Caída de los recursos fiscales como consecuencia de la reducción de los precios internacionales de productos exportables.

    Falso: si bien esto es cierto en parte, esta caída se compensa por menores subsidios de los alimentos y la energía para mantener la estructura de precios de exportación a los productores y a los consumidores. Los derechos de exportación se reducen, pero también lo hacen los subsidios, por lo tanto, no alteran significativamente los resultados.

  • La crisis financiera internacional genera dificultades de financiamiento por parte de los mercados.

    Falso: esto se resuelve por la renegociación de la deuda y la disponibilidad de u$s 5.000 millones frescos que pueden ser más por la incorporación de otros bancos y la colocación del saldo faltante en el mercado doméstico que en virtud de la liquidez existente garantiza su instrumentación sin mayores costos.

    Los analistas internacionales y locales criticaron sistemáticamente los subsidios, la falta de voluntad del país para cancelar la deuda con el Club de París y renegociar la deuda con los holdouts, la disminución de los resultados fiscales, la inflación y el supuesto ocultamiento de la información de los índices de precios y la falta de comunicación del gobierno.

    Este gobierno tomó todas las decisiones de sana política económica. Respecto a la inflación sostuvo que frente a la inexistencia de fundamentos macroeconómicos que justifiquen un aumento de precios era necesario intervenir en la fijación de políticas para sostener el precio de bienes y servicios que constituyen elementos esenciales para el desarrollo del bienestar de las familias. Por ello, estableció un precio FOB para los exportadores, un precio FAST para los productores y un precio de abastecimiento con subsidio incorporado para los consumidores. Las retenciones fueron el instrumento eficaz para divorciar el precio internacional del interno y generar las condiciones para que el precio de bienes transables de alto impacto en la inflación externa sean neutralizados por políticas activas. Así, por ejemplo, ocurre con el precio de las materias primas, del petróleo y de los minerales.

    El aumento del empleo, la disminución de la desocupación, la recuperación del poder adquisitivo del salario real generó un crecimiento de la demanda hasta agotar en algunos rubros la capacidad instalada, para lo cual se necesitan más inversiones que permita corregir esta asimetría intertemporal.

    El modelo demostró su fortaleza en estos cinco años y seguirá demostrándola con crecimiento sostenido. Quizá la repatriación de capitales en proyectos de inversión de la economía real nos garantizará mayor fortaleza para poder salir indemnes de la crisis y potenciar nuestras perspectivas de crecimiento.

    Quizás de esta crisis una cosa queda en claro. No hay un refugio seguro para el dinero si éste no se aplica a la economía real para producir más bienes y servicios que aumenten el bienestar de las familias.
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