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20 de julio 2007 - 00:00

Las advertencias del FMI que nunca se atendieron

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La sombra de la inquietante crisis energética argentina actual acompañó al gobierno de Néstor Kirchner desde su hora inicial.

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No había cumplido su primer mes en el ejercicio del poder cuando recibió la visita de la cúpula del FMI en las personas de su director gerente, Horst Köhler, y del conocido director del Departamento Occidental del organismo, el hindú Anoop Singh.

Los visitantes, con especial crudeza, alertaron acerca de los severos riesgos que se correrían en esta materia en caso de no adoptarse determinadas medidas. Se habló del sinceramiento tarifario de los servicios públicos y -tras el sacudón del default-también de la necesidad de la reconexión de nuestro país con el mundo.

Obviamente, la búsqueda de condiciones de seguridad jurídica conformó todo un amigable programa sugerido por el muchas veces denostado organismo multilateral de crédito para alcanzar el marco indispensable que hubiese hecho posible la inversión, en ésa y en muchas otras áreas. Todo esto, acompañado con el recuerdo de la verdadera autoría del plan de contención social conocido como Plan Jefas y Jefes de Hogar, a su turno presentado por ellos mismos al predecesor de Kirchner, el hoy hipercrítico Eduardo Duhalde.

  • Registro

  • La descripción detallada de un encuentro realizado entre la delegación fondomonetarista y algunos dirigentes -entre ellos, técnicos, políticos, miembros directivos de determinadas ONG, y hasta un par de obispos-quedó registrada en una nota firmada por el periodista Horacio Verbitsky en la edición del día 29 de junio de 2003 del aún oficialista diario «Página/12».

    Tras escuchar reiteradas críticas al papel desarrollado por el organismo hasta el final de la gestión aliancista, Köhler sostuvo: «En el Fondo hemos aprendido de nuestros errores» (justificando así el cese del apoyo al elenco actuante hasta diciembre de 2001), aunque manifestando también su desazón por la tendencia argentina a buscar siempre «culpables externos y chivos expiatorios». Agregó luego que, según su entender, no era imposible «la reconstrucción del mercado con equidad social», para lo cual su acompañante ejemplificó con el diseño inmediatamente posterior al estallido delarruista del referido megaplán de asistencia a los sectores más carenciados, frente a lo cual denunció que buena parte del dinero que debía aplicarse a esa acción «iba a parar a bolsillos que no correspondían, que había corrupción, que se usaban los planes para comprar votos».

    En torno a la cuestión energética, el ping pong con los representes de la dirigencia argentina dejó bien a la vista la concepción local de rechazo al nivel de ganancias de las empresas permisionarias de provisión de gas, de luz u otras prestaciones (con calificativos tales como «grandes» o «exorbitantes»), ante lo cual Köhler vaticinó que, frente a un crecimiento saludable de la economía, «los servicios van a colapsar porque no están invirtiendo».

    Tras rechazar enfáticamente el cuestionamiento al FMI cual si fuese un mero «cobrador de deudas», aclaró que sólo se trataba de «recomendaciones para que haya energía para el desarrollo», añadiendo: «Si las tarifas se congelan, las empresas no invierten y estaríamos (así) subsidiando a los ricos».

    Anoop Singh, por su parte, agregó: «No estamos insistiendo en aumentar 5% o 10%, sino en establecer un nuevo marco macroeconómico y fiscal».

    (*) Analista político

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