(Ricardo López Murphy protagonizó un animado diálogo con Ari Paluch, quien trató de defender logros del gobierno ante el economista opositor que terminó venciendo al animador de radio «Spika». De paso, el ex ministro apartó a Roberto Lavagna como un mero «sucedáneo» de Néstor Kirchner.)
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Ricardo López Murphy: Cuando la doctora Carrió proclamó su candidatura, cuando el Presidente proclamó la suya -con pingüino o pingüina-, cuando el doctor Lavagna comenzó a coquetear con la posibilidad de ser el candidato de la coalición Duhalde-Alfonsín, no había más remedio que señalar que las fuerzas de centro iban a participar. A partir de ese análisis y sobre la base de ese contexto dije: «Ok. Si estamos todos de acuerdo, voy a tomar esa responsabilidad. Estamos todos de acuerdo. Chau». Eso fue lo que ocurrió. Eso fue lo que salió.
P.: Hasta la aparición de Lavagna, esto, más o menos, era Kirchner o «Kirchnera» contra Macri, ¿no?
R.L.M.: Yo diría que lo que ha ocurrido es que los grupos que acompañan al gobierno habrían producido un sucedáneo que, obviamente, está ofreciendo lo mismo de Kirchner, sin la crispación, sin la violencia, sin la intolerancia, sin las groserías. A mí no me gustan ni el original ni el sucedáneo.
P.: ¿Lavagna un sucedáneo de Kirchner?
R.L.M.: La clave en la política es que usted ofrezca una cosa diferente.
P.: ¿No ve las cosas desde lo ideal?
R.L.M.: Desde lo ideal, no.
P.: Lavagna supuestamente aseguraría el crecimiento de la economía, pero no sería tan provocador, ni tan prepotente, ni tan autoritario...
R.L.M.: Eso es lo mismo que creer que existe una economía seria. Es que ésa es la gran confusión. La espectacular confusión.
P.: Pero usted se equivocó, también, cuando decía que no iban a reestructurar la deuda...
R.L.M.: No. Eso yo nunca lo dije. Mire. Que la reestructuración iba a implicar una operación de transformación de los pasivos del país a muy largo plazo, era inevitable. Segundo, yo calculaba que íbamos a terminar, en lugar de 8%, como ofrecía el gobierno, pagando algo así como un tercio de lo que valía la deuda original. Fue lo que, finalmente, hicimos. No se engañe sobre esto. En eso tengo las cosas escritas.
P.: Pero pocos pensaban que el país iba a crecer cuatro años seguidos a este nivel.
R.L.M.: Véalo desde otro punto. Pocos pensaban, también, que el mundo iba a crecer a 50%-70% arriba de la tendencia histórica de los últimos cuatro años. Han sido cuatro años espectaculares. ¿A usted no le llama la atención que todos los países del mundo vuelan?
P.: Sí, pero ninguno crece, salvo China, ninguno crece a la tasa de la Argentina.
R.L.M.: Pero nosotros veníamos de una caída del veintipico por ciento del producto. Tome como base el año 98, antes de la caída, y la Argentina está por debajo de Brasil y México, de Chile y Perú. Chile y Perú están muy arriba, en el medio están Brasil y México, y nosotros estamos abajo. No se mienta a sí mismo.
P.: No, no, no...
R.L.M.: Lo único que nosotros hicimos fue que caímos mucho y nos recuperamos. Ahora, distinto sería si usted me dijera: «No. Fíjese. En el año 98, igual Brasil, la Argentina, México, Chile y Perú; nosotros, con esta conducción, ya lo hemos sobrepasado abiertamente». No es cierto eso.
P.: Correcto.
R.L.M.: No dan los números. En la Argentina, desgraciadamente, reconozco que es nuestra desventaja, no se miran los números.
P.: No lo incluyo a Ricardo López Murphy, pero cuando se empezó a crecer, decían que era un veranito, que estas tasas eran insustentables.
R.L.M.: Le puedo asegurar que estas tasas son insustentables. Reconózcame que si estamos igual que en el año 98 respecto de estos cinco países, lo del crecimiento es un cuento, ¿estamos claro? El crecimiento, un cuento. Estamos rezagados...
P.: O sea que si hubiera ganado otro en lugar de Kirchner hubiera sido lo mismo porque las circunstancias externas son las que tienen el mérito. Es como dice Menem: «Suerte y soja»...
R.L.M.: Yo diría que, en buena medida, las circunstancias externas hubieran estado. Eso no quiere decir que no hubo algún mérito. Hubo uno muy importante, que es crucial, que es decisivo y que es el capítulo central de lo que impidió que esta vez las cosas volaran en pedazos, que fue el gran esfuerzo de superávit fiscal. Eso es innegable. Eso sí que es genuino. La política hizo eso. Pero yo creo que se va diluyendo. Eso sí que es lo original del país.
Dejá tu comentario