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2 de febrero 2005 - 00:00

Los errores de política comercial

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Ya falta menos de una década para que se cumplan cien años del comienzo de la Primera Guerra Mundial, fatídico hecho que marcó el final de un lapso de profunda globalización económica mundial que se había iniciado en las dos últimas décadas del siglo XIX. En el período entre guerras (1918-1939) y hasta la finalización de la Segunda Guerra Mundial en 1945 el mundo vivió casi en autarquía, sin demasiado comercio ni flujos financieros internacionales. La Argentina no fue la excepción a esa tendencia. Sin embargo, los países que triunfaron en la segunda conflagración mundial, en general lo que hoy conocemos como mundo libre, civilizado y desarrollado, a partir de la segunda mitad del siglo pasado han vivido cada vez más intensamente del comercio en bienes y servicios con economías bien abiertas. Pero esta vez los argentinos sí fuimos una excepción porque desde entonces vivimos encapsulados en una estrategia económica muy típica de la vieja Alemania nazi y la Italia fascista: el Estado es socio del sector privado en el diseño de la política económica y al pueblo hay que mantenerlo lo peor educado posible para que, a pesar de que se le proponga cualquier cosa, lo vota igual porque carece de capacidad de discernimiento.

Por supuesto que los que terminan gozando de las bondades del socio Estado son los que tienen gran poder de lobby. En la Argentina, todo lo que tenga ver con la sustitución de importaciones o con lo que sea fuertemente demanda internaintensivo, desde hace muchas décadas goza del favor oficial casi sin limitaciones.



¿Está mal? Obviamente que sí. Con el anterior argumento ¿porqué no proteger y compensar a todos los que tienen problemas de cualquier tipo? Si se procediera así el Estado sería un pandemónium de corrupción y negociados peor del que ya es. Tampoco significa avalar los errores en la apertura comercial que se hicieron con Martínez de Hoz y Menem. Ambas nunca buscaron insertar a la Argentina en el mundo como hay que hacerlo (en base al comercio libre) sino que el objetivo fue amenazar con una avalancha importadora que evitara la suba de precios domésticos causada por la expansión fiscal de un Estado fuertemente deficitario. Los déficit fiscales financiados externamente atrasaron el tipo de cambio de manera espectacular generando lo que se ha dado en llamar la «apertura indiscriminada de los '90".



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