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17 de noviembre 2004 - 00:00

Medidas sobre salarios son para una elite de empresas protegidas

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Pero los objetivos de la política pública son otros, y se pretende una recuperación de los salarios también rápida. El problema sigue siendo la inconsistencia entre este objetivo y el instrumento del tipo de cambio devaluado, para mantener bajos los costos.

La lógica económica no da margen, y por lo tanto no es extraño que a pesar de los deseos, el salario real promedio esté aún 15% por debajo de su nivel en diciembre de 2001. Sólo el promedio de trabajadores formales privados, que representa a 34% de la población urbana ocupada, tuvo una caída menor del orden de 3% a 10,5%, según se tomen los datos del CVS (INDEC) o los del sistema integrado de pensiones.

Para los asalariados informales y los trabajadores por cuenta propia, que representan casi dos tercios de los ocupados privados, la contracción es de casi 25%, y para los empleados públicos llega a poco más de 27%.

La recuperación salarial choca, del lado del sector público, con la necesidad de mantener un alto superávit, no sólo para servir la deuda sino para sustituir con plata la falta de instituciones y de horizonte. Con «caja» se puede enfrentar la crisis energética, se puede reemplazar parte de la inversión privada que no se hace, se pueden otorgar subsidios a los grupos y sectores elegidos, se pueden pagar los pasivos contingentes que aparecen todos los días, y también se sirve la deuda «performing».

Para aumentar los salarios privados, en cambio, no hay límite, ya que no afecta el objetivo fiscal, y por lo tanto allí se usaron todas las «mezclas» heterodoxas: decretos del Poder Ejecutivo con aumentos compulsivos, en blanco y en negro, aumentos del salario mínimo (150%, si se computa la existencia de un adicional «no remunerativo» que debe sumarse al básico), y finalmente aumentos vía convenios colectivos centralizados. Como aún así el salario real está rezagado, se llegó a evaluar un nuevo aumento salarial por decreto, aunque parecería haberse ahora desistido de esta alternativa.

La cuestión es ¿por qué los salarios «se resisten» a subir, sin impulso oficial? Veamos tres razones: la pérdida de competitividad de la economía, el alto desempleo, y la misma política pública.







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