18 de mayo 2026 - 16:00

La Ciudad necesita una alternativa democrática, moderna y lejos de los extremos

El radicalismo tiene una enorme responsabilidad histórica de representar una opción basada en el consenso y el diálogo, que interprete el malestar social y logre correrse de la lógica del enemigo. Para ello, creemos que es necesario construir un frente político y electoral amplio y democrático a través de una gran PASO.

El radicalismo, una alternativa racional, republicana y humana.

El radicalismo, una alternativa racional, republicana y humana.

La Argentina atraviesa uno de los momentos más difíciles de los últimos años. Mientras millones de argentinos hacen enormes esfuerzos para llegar a fin de mes, gran parte de la dirigencia política parece más preocupada por alimentar enfrentamientos permanentes que por construir soluciones reales para la sociedad.

En ese contexto, la Unión Cívica Radical tiene una enorme responsabilidad histórica: volver a representar una alternativa democrática, moderna, republicana y profundamente humana frente a los extremos que hoy dominan la discusión pública.

Porque no creemos que el futuro del país sea elegir entre el kirchnerismo y Javier Milei. La Argentina necesita salir de esa lógica pendular que tanto daño le hizo. Los argentinos no pueden seguir condenados a optar entre modelos que, aunque se presentan como opuestos, terminan compartiendo muchas prácticas negativas: intolerancia, violencia política, personalismo, agresión permanente y falta de diálogo.

UCR UNIVERSIDADES

Una gran PASO para construir un frente político amplio

La UCR tiene historia, territorialidad, militancia y una enorme capacidad política para liderar una alternativa distinta. Pero para hacerlo debemos entender el momento histórico y actuar con responsabilidad.

Nuestro partido tiene presencia en cada barrio, en cada comuna, en los clubes de barrio, en los centros de jubilados, en las universidades, en las cooperadoras escolares y en miles de espacios sociales donde todavía existe un compromiso genuino con la comunidad. Esa territorialidad no se improvisa. Se construyó durante décadas de militancia, de cercanía y de vocación pública. Y justamente por eso, hoy más que nunca, necesitamos fortalecer la unidad partidaria.

La sociedad no espera dirigentes encerrados en discusiones internas eternas. La sociedad espera madurez política. Espera dirigentes capaces de construir consensos y de entender que la Argentina necesita amplitud y no sectarismos.

Por eso creemos que debe construirse un gran frente político y electoral amplio, democrático y plural, donde distintos espacios políticos puedan expresar sus ideas y competir legítimamente dentro de una gran PASO abierta a la ciudadanía. Un frente donde participen sectores del radicalismo, del progresismo, del socialismo, del desarrollismo, del humanismo y de todos aquellos que crean en la democracia, en las instituciones y en un Estado eficiente pero sensible.

La mejor manera de resolver liderazgos es permitiendo que la sociedad elija. No creemos en las decisiones cerradas entre pocos dirigentes. Creemos en la participación, en la competencia democrática y en la construcción colectiva.

JUAN LOUPIAS

Diálogo, consenso y soluciones al malestar social

Pero, además, debemos ser capaces de interpretar el enorme malestar social que existe hoy en la Argentina. Porque mientras desde el Gobierno Nacional se habla de números macroeconómicos, millones de personas viven una realidad completamente distinta.

Hay trabajadores que tienen empleo, pero igualmente son pobres. Jubilados que no llegan a comprar medicamentos. Comercios vacíos porque no hay consumo. Pymes que cierran después de décadas de esfuerzo. Profesionales jóvenes que sienten que no tienen futuro en el país. Universidades públicas desfinanciadas. Hospitales que funcionan con enormes dificultades. Familias enteras que viven endeudadas para poder comer.

Se siguen destruyendo ingresos, mientras aumentan constantemente las tarifas y el transporte. Y aunque es necesario ordenar la economía y combatir el déficit fiscal, ningún equilibrio económico puede hacerse destruyendo el tejido social argentino. No se puede construir un país viable dejando afuera a millones de personas.

También nos preocupa profundamente el clima de violencia política permanente que se impulsa desde el poder nacional. Un clima de agresión constante hacia periodistas, artistas, universidades, gobernadores, dirigentes opositores e incluso ciudadanos que piensan distinto. Y acá hay algo importante para decir: esa violencia política se parece demasiado a prácticas que también vimos durante años del kirchnerismo.

La Argentina necesita terminar con la lógica del enemigo. Necesita diálogo, convivencia democrática y respeto institucional. No podemos naturalizar que desde el poder se utilice la agresión como herramienta política cotidiana.

Tampoco podemos mirar para otro lado frente a hechos graves que merecen ser investigados y esclarecidos. El caso Libra y las denuncias vinculadas a posibles hechos de corrupción dentro del Gobierno Nacional generan enorme preocupación en la sociedad. Lo mismo ocurre con situaciones que involucran al vocero presidencial Manuel Adorni y distintos manejos opacos que deben explicarse con absoluta transparencia.

La lucha contra la corrupción no puede ser selectiva ni utilizada solamente como herramienta discursiva contra adversarios políticos. Debe ser un compromiso real y permanente.

Una alternativa racional, republicana y humana

La Argentina necesita recuperar la ética pública. También necesitamos volver a discutir un proyecto de desarrollo nacional. Porque un país no crece únicamente ajustando variables financieras. Crece generando producción, trabajo y movilidad social.

Sin desarrollo industrial, sin incentivo a las pymes, sin ciencia, sin tecnología y sin obra pública estratégica, no existe posibilidad de crecimiento sostenido.

La obra pública no es corrupción. La corrupción es corrupción. Y debe combatirse siempre. Pero paralizar rutas, escuelas, hospitales, viviendas o infraestructura básica perjudica directamente a millones de argentinos y condena al país al atraso.

El radicalismo tiene que ser la voz de quienes creen en un Estado inteligente, moderno y eficiente, pero también presente donde la sociedad más lo necesita. Tenemos que recuperar la esperanza de millones de argentinos que hoy sienten frustración, angustia y cansancio. Y para eso hace falta coraje político, amplitud, sensibilidad social y una enorme vocación democrática. La Argentina necesita una alternativa racional, republicana y humana.

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