(El funcionario menemista Moisés Ikonicoff estuvo hace treinta años entre los funcionarios «marxistas» cuyos retratos exhibieron autoridades de la SIDE en una reunión de gabinete del gobierno de Juan Perón. En esa oportunidad, como relató el ex secretario técnico de la Presidencia Gustavo Caraballo, se mostraron los antecedentes de funcionarios de esa ideología que tenían nombramientos que debían ser revisados por el gobierno. Nunca, según Caraballo, se indicó orden alguna de eliminación física, como ahora dice el secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde. Moisés Ikonicoff relató en diálogo con este diario detalles de aquellas peripecias sangrientas que ahora refluyen.)
PERIODISTA:¿Cómo llegóa ser funcionario de Perón si usted tenía ya una trayectoria antiperonista en los años 50?
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Moisés Ikonicoff: En el año 1969 conocí en Puerta de Hierro a Perón. Yo vivía en París desde 1962 y en aquel entonces era profesor de la Universidad de París y director del Instituto de Desarrollo Económico y Social que formaba mayormente los cuadros de los países recientemente descolonizados del llamado Tercer Mundo.
M.I.: Creo que hubo un artículo en la revista francesa «Nouvel Observateur» en el que hablaba de ecología y Tercer Mundo que llegó a las manos de Perón a través de un amigo común. El pareció interesarse y por eso concertamos una entrevista en Madrid donde tuve la ocasión de hablar de estos temas. Lo hicimos en varias oportunidades más en el transcurso de los años siguientes.
P.: ¿El lo convirtió al peronismo?
M.I.: Desde la primera vez que lo vi le fui totalmente sincero sobre mi historia política. Había sido militante antiperonista antes del 55, estuve preso en Villa Devoto y recuperé mi libertad unos días antes del golpe de Estado del 55. Luego fui militante estudiantil de izquierda, presidente del centro de estudiantes de la Facultad de Derecho, presidente de FUBA y otras cositas por el estilo.
P.: Un opositor a Perón...
M.I.: Claro. Y por esa militancia también estuve varias veces detenido en dependencias de la DIPA, la Dirección de Investigaciones de Personas Antidemocráticas de la Policía Federal.
P.: ¿Hacía política en Francia?
M.I.: En Francia tuve en permanente contacto con los movimientos de liberación nacional y fui asesor en Argelia y otros países africanos. Le conté esto a Perón quien me dijo estar informado de mi historia. Le dije que consideraba que el peronismo era la expresión del movimiento de liberación nacional en la Argentina y que quería colaborar. Me dijo que no había ningún problema y que era bienvenido.
P.: ¿Cómo llega a ser funcionario?
M.I.: En 1973, cuando lo eligen presidente, Perón me invita a la Argentina y me propone crear el Instituto Nacional de la Administración Pública. Hice el proyecto, Perón lo aprobó y me propuso la dirección del mismo. Fui nombrado finalmente luego de superar las trabas que ha contado Gustavo Caraballo de sectores que me objetaban como un presunto marxista.
P.: ¿Qué hizo usted?
M.I.: Yo ignoraba esas objeciones, salvo por una conversación con José Gelbard, quien me dijo que los militares se oponían al nombramiento, que llegó con algún retardo. Perón me defendió contra viento y marea a pesar de que yo no era un peronista histórico sólo y juzgando lo que pensaba que yo podía aportar.
P.: ¿Cuánto duró en el cargo?
M.I.: Ejercí el cargo con toda libertad y sin presiones de ninguna clase hasta la muerte de Perón. Poco tiempo después fui echado sin explicación alguna. Dos meses después de la expulsión recibí insistentes llamadas telefónicas de personas que se titulaban miembros de la Triple A conminándome a abandonar el país en tres días bajo amenaza de «hacerme boleta».
P.: ¿Usted qué hizo?
M.I.: Dado lo que estaba sucediendo y en vista de mis famosos antecedentes consideré verosímil la amenaza y me fui urgentemente del país. Volví a buscar a mis hijos después de la caída de López Rega pensando que el peligro había disminuido. Estaba por retornar definitivamente a Francia con ellos cuando me sorprendió el golpe de Estado de los militares. A partir de ese día viví escondiéndome esperando la oportunidad de dejar el país. Más cuando se publicó en ese período un libro, que tuvo gran repercusión, del periodista Roberto Aizcorbe que retomaba las acusaciones de las que hace mención Caraballo, atribuyéndome ser el coordinador de la guerrilla mundial desde mi puesto en París. Logré viajar a Brasil y de ahí a Francia. Como quedó demostrado no aprendí nada y doce años después reanudaba mi vuelta al país ya con Carlos Menem.