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28 de agosto 2007 - 00:00

Por gremios, pierde la Argentina liderazgo laboral contra EE.UU.

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La Argentina es uno de los países más competitivos en materia laboral y corre serios riesgos de perder el liderazgo con la amenaza de las reformas laborales retrógradas y con la embestida sindical por aumentos de salarios. Se insiste tanto en buscar el fracaso que inexorablemente se fracasará, si no se utilizan las ventajas surgidas de los mercados globales, que por obra y gracia de la realidad de los precios internacionales, dan la oportunidad de seguir creciendo.

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Esta insistencia va en contra de la corriente de la búsqueda desesperada de países que pierden competitividad en forma vertiginosa como Estados Unidos, Italia, España, Francia, Inglaterra y Alemania, entre otros. En el otro extremo se observa el crecimiento exponencial de Polonia, Rumania y República Checa tras la ex cortina de hierro, o China, India, y otros países asiáticos que lideran el proceso de crecimiento y son ejes de las megatendencias internacionales de los mercados, los productos, el consumo, la venta y el cobro confiable, y en definitiva, la búsqueda de rentabilidad.

En la Argentina, los salarios, la legislación y los convenios colectivos, por distintas razones conforman un costo laboral competitivo, y la ofensiva sindical y legislativa amenazan con rifar esta oportunidad histórica de ser proveedores del mundo en materias primas, producción y elaboración de las mismas, y en servicios a distancia.

  • Dependencia

  • Resulta claro que el crecimiento y fortalecimiento del mercado laboral depende del fortalecimiento de las inversiones con el fin de ser proveedores del mundo, ya que el mercado interno tiende a estabilizarse en un marco creciente de restricciones y de controles cruzados de precios y de salarios. Como además este cruce de supuestos controles están desbordados entre las pautas oficiales y las reales, el dinero de curso legal pierde rápidamente valor de compra, y el consumo se mantiene con los ingresos superiores, con un claro deterioro de los sectores de menores ingresos o de ingresos fijos inferiores a los $ 3.000. Para visualizar la necesidad de adecuar el mercado laboral interno, con los parámetros del mercado local, y con las posibilidades del mercado global, sirven algunas comparaciones:   

  • El valor de una hora de ingeniería de proyecto en el país cuesta 40 euros, en EE.UU. cuesta el mismo aporte u$s 300, y en Alemania unos 330 euros.   

  • Un abogado senior de Buenos Aires vende su servicio internacional por 170 dólares, contra unos 400 en EE.UU. y otros 350 euros en Francia.   

  • Un operador de call center tiene un costo de u$s 500 mensuales contra unos 2.000 en EE.UU. y 1.200 euros en España o en Italia. Mientras los países centrales buscan variabilizar la remuneración en base a mejora de la productividad, aquí los sindicatos quieren incluir en las remuneraciones fijas de los convenios los salarios integrales de cada actividad. Se repita la historia: los sindicatos nunca fueron motor del crecimiento ni componentes esenciales de ningún proceso de crecimiento sustentable.

    En materia de estabilidad, mientras en el país se insiste en «la doble indemnización», y en las multas por pago insuficiente deficiente o en mora de la indemnización por despido, en EE.UU. no hay indemnización -aún cuando existe un seguro de desempleo omnicomprensivo- y en Europa crecen las contrataciones temporales, eventuales, a plazo o por temporada, para quebrar la estabilidad de por vida o las «garantías de estabilidad» que se ha convertido en el drama nacional de países centrales como Alemania, Francia, España o Italia.

    En lo que hace a la jornada laboral y los descansos, la Argentina, que había ingresado a los horarios promedio, a la jornada variable o de tiempo parcial, quiere misteriosamente reducir su jornada, que sacó de competencia a las empresas en Francia, Alemania, Países Bajos, España, Italia, y ahora los países escandinavos, Bélgica y Grecia.

    En síntesis, a pesar de las oportunidades que se nos brindan, parece que vamos en contra de lo que resulta conveniente y recomendable. Si los salarios deben adecuarse a la productividad, aquí se los quiere igualar por vía de los convenios. Si en el mundo se desea flexibilizar la estabilidad aquí se busca la máxima rigidez. Si otros buscan readecuar la jornada, en el país, donde hay una muy competitiva, se quiere imitar modelos que han fracasado y que tratan de regresar al que aquí se aplica. Es hora pues de que veamos al derecho laboral como una adecuada combinación entre el sistema de relaciones laborales, las necesidades de ser competitivos a nivel global, que los salarios se incrementen en forma genuina por productividad, y que sigamos compitiendo en el mundo con lo mejor que tenemos, porque con lo peor quedaremos fuera de él.
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