La economía argentina ha sufrido varias crisis a lo largo de la historia. La magnitud, duración y consecuencias de cada una de ellas han sido de lo más variadas. Sin embargo, en la gran mayoría de los casos existió un factor común: un desequilibrio o inconsistencia fiscal que gatilló o potenció la crisis. A partir de esto, la relevancia de la cuestión fiscal nunca puede ser desestimada.
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En este sentido, la pregunta que nos hacemos es: ¿por qué estamos preocupados por la situación fiscal? Las razones son varias. Veamos.
1) Porque el perfil de solvencia ya se deterioró en 2005. El superávit primario consolidado (Nación + provincias) como porcentaje del PBI se redujo casi 1 punto durante 2005. Mientras que en 2004 el ahorro primario representó 5,3% del PBI, en 2005 se habría reducido hasta 4,4% del producto. Si bien el superávit primario del Sector Público Nacional (SPN) como porcentaje del PBI sólo se redujo marginalmente en relación con el año previo (3,7% del PBI en 2005 vs. 3,9% en 2004), la caída más pronunciada se observó en las provincias (de 1,4% del PBI en 2005 a 0,7% en 2004).
Incluso, en el caso de las provincias durante el segundo semestre de 2006, lejos de verificarse un excedente, se habría producido un déficit primario cercano a los $ 1.400 millones.
2) Porque el deterioro no se debió a una brusca desaceleración de la tasa de expansión de los ingresos, sino a un gasto que crece a un ritmo muy elevado (incluso superior al de los ingresos) como consecuencia de la decisión de disponer prácticamente de todo el aumento de los recursos. En 2005 el incremento de los ingresos totales del SPN resultó de +19,7%, mientras que el gasto discrecional hizo lo propio con un aumento de +21,5%. De esta manera, mientras que la tasa de expansión de los ingresos se redujo marcadamente respecto a las verificadasen 2003 y 2004 (+36,2% y +34,0%, respectivamente), el gasto discrecional siguió creciendo prácticamente al mismo ritmo que los años previos. A nivel consolidado, la disparidad entre el ritmo de expansión de los ingresos y el gasto en 2005 resultó aún mayor. Los ingresos totales crecieron +18,9%, al tiempo que el gasto discrecional aumentó +23,5%. La dinámica expansiva del gasto público en 2005 se explica por la decisión de las autoridades de gastar buena parte del incremento de la recaudación.
En efecto, de los $ 16.205 millones que aumentaron los ingresos totales del SPN, unos $ 13.910 millones (es decir, 86%) se utilizaron para aumentar el gasto discrecional, mientras que sólo unos $ 2.300 millones (14%) se destinaron a incrementar el superávit primario. Entre los rubros del gasto que más crecieron están las transferencias de capital a provincias (incluye fondos que la Nación gira a las provincias para la realización de obra pública), las transferencias corrientes al sector privado (incluye los pagos relacionados con subsidios) y las transferencias corrientes a provincias. Las prestaciones de la seguridad social y los pagos de salarios también crecieron significativamente el año pasado.
3) Porque la dinámica que se vio en 2005 se repitió durante los primeros tres meses de 2006. De los $ 5.560 millones que aumentaron los ingresos totales del SPN en el primer trimestre, unos $ 4.915 millones (es decir, 88%) se utilizaron para aumentar el gasto discrecional, mientras que sólo unos $ 645 millones (12%) se destinaron a incrementar el superávit primario. Entre los rubros del gasto que más crecieron están las transferencias corrientes al sector privado, las prestaciones a la seguridad social y las transferencias de capital a provincias.
4) Porque, de continuar la actual tendencia, el perfil de solvencia volvería a deteriorarse en 2006. Según nuestros cálculos, el superávit primario del SPN ascenderá este año a los $ 22.500 millones (equivalente a 3,5% del PBI), mientras que el ahorro primario provincial se mantendrá en torno a los $ 3.500 millones (0,5% del PBI). Así, el superávit primario consolidado en 2006 equivaldría a 4,0% del PBI. Si bien un nivel en términos absolutos relativamente elevado, casi un punto y medio más bajo del registrado durante 2004. Asimismo, las recientes decisiones de aumentar los haberes de los empleados públicos y jubilados generan inercia en el gasto. Es decir, no sólo hay un costo fiscal para este año, sino que se compromete un incremento de las erogaciones para el próximo año. Sin ir más lejos, y sólo como consecuencia de dichas decisiones, el gasto público durante 2007 resultará $ 3.200 millones superior al que se verifique en 2006. Si a esto le sumamos que 2007 será un año netamente electoral (aunque 2006 también puede serlo, si se materializan los rumores que aseguran que Kirchner lanzará su reelección el próximo 25), las perspectivas de que se produzca una contención del gasto en el futuro inmediato lucen cuanto menos difusas.
En síntesis, mientras que la «fotografía» de la situación fiscal muestra una Argentina bastante más disciplinada y está lejos de convertirse en un pasivo capaz de potenciar o gatillar una crisis, lo que sí genera preocupación es la tendencia. Porque de no mediar un cambio de comportamiento en el gasto público el perfil de solvencia fiscal se irá deteriorando progresivamente y porque una política fiscal expansiva no es la mejor receta cuando de contener la inflación se trata.
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