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12 de agosto 2026 - 11:46

Por qué la tokenización cambia para siempre la manera de invertir

Durante décadas, para invertir en un activo real se necesitaba tener el capital completo o quedar afuera. Ese supuesto empieza a caerse.

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Durante décadas, para invertir en un activo real se necesitaba tener el capital completo o quedar afuera. 
Imagen: Freepik

Durante décadas, para invertir en un activo real, un departamento, un campo o una cartera de créditos, se necesitaba tener el capital completo o quedar afuera. Ese supuesto, tan naturalizado que casi no lo cuestionábamos, empieza a caerse. Hoy es posible ser dueño de una fracción de un edificio, de una planta de energía renovable o de un vehículo que genera renta, con montos que hace pocos años hubieran sido impensados. Eso es la tokenización, y no es una promesa a futuro: ya está pasando.

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La lógica es simple de explicar pero profunda en sus consecuencias. Un activo físico se divide en miles de unidades digitales (tokens) que representan una porción real de su valor. Cada una puede comprarse, transferirse o negociarse de forma independiente. Lo que antes exigía un capital elevado y una estructura legal pesada, hoy se resuelve con una fracción del monto y una transacción que se liquida en minutos. No es una versión más rápida de lo mismo: es una arquitectura distinta para el acceso a la inversión.

Ahí aparece el rol central de la blockchain. No como una moda ni como un vehículo especulativo, sino como la infraestructura que hace posible todo esto de forma confiable. Como lo fue el software para los ordenadores. Los estándares usados para tokenizar activos del mundo real incorporan controles de identidad y cumplimiento directamente en el protocolo, algo que ningún sistema de digitalización tradicional ofrecía. La blockchain no reemplaza la regulación: la hace cumplir de forma automática, en cada transacción, sin depender de que un intermediario la verifique manualmente. Es la diferencia entre confiar en una promesa y confiar en un protocolo.

Un activo físico se divide en miles de unidades digitales (tokens) que representan una porción real de su valor.

Argentina tiene, en esto, una posición poco habitual. A fines de 2025, la Comisión Nacional de Valores (CNV) marcó un hito en América Latina al aprobar el primer régimen regulatorio integral para la tokenización de Activos del Mundo Real (RWA). Esta normativa, pionera en una región donde la mayoría de los países carece de marcos similares, abrió la puerta a una continua expansión regulatoria. Desde entonces, el organismo ha emitido sucesivas medidas estratégicas encaminadas a consolidar e institucionalizar este vehículo de inversión en el mercado financiero.

A eso se suma un ecosistema técnico maduro y una cultura financiera acostumbrada, por historia y necesidad, a buscar alternativas de inversión fuera de los caminos tradicionales. No es casualidad que el interés crezca más rápido acá que en mercados mucho más grandes.

Ese interés, además, tiene nombre y apellido generacional. Entre los inversores más jóvenes, la búsqueda de vehículos de inversión fraccionada y accesible no es una curiosidad: es una demanda concreta. Un relevamiento reciente de EY y Taquion Group muestra que el 56% de los encuestados cree que su interés en la tokenización va a crecer en los próximos dos o tres años. Pero ese número se dispara entre los más jóvenes: en la Generación Z (18 a 29 años) trepa al 77%. Y cuando se les pregunta qué impacto tendrá esta tecnología en la economía argentina, el 64% de ese grupo lo ve positivo.

El sector inmobiliario lidera sus preferencias de inversión con el 28%, seguido por tecnología (25%) y energía y minería (22%). Lo que buscan es precisamente esto: quieren invertir por partes, diversificar sin necesitar el capital de una generación anterior, y hacerlo con la misma naturalidad con la que hoy pagan con el celular. La tokenización resuelve un problema real de acceso.

Esa resolución es un fenómeno mundial, ya que según Boston Consulting Group, el volumen global de activos tokenizados podría pasar de los actuales US$600.000 millones a US$15,6 billones para 2030, una cifra equivalente a cerca del 10% del PBI global proyectado. Firmas como BlackRock, JPMorgan y Franklin Templeton ya tienen productos tokenizados en el mercado, confirmando que esto dejó de ser un terreno exclusivo de startups cripto para convertirse en una pieza más de las finanzas institucionales.

Nada de esto depende de una promesa a futuro porque la infraestructura ya está construida, ya existe. Con el marco regulatorio es lo mismo; ya existe y se está sofisticando. Y por su parte, la demanda también se manifestó, sobre todo entre los inversores más jóvenes. Lo que falta es ver más gente entendiendo que los activos reales se pueden comprar con un celular, cambiando para siempre la forma de invertir en el sistema financiero tradicional.

Cofundador de Blockenfy, plataforma que provee infraestructura tecnológica para la tokenización de activos del mundo real.

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