El experto en mercados internacionales personificado como Gordon Gekko, el banquero de la película «Wall Street» -ya se prepara la segunda parte también con Michael Douglas, pero sin la dirección de Oliver Stone-, opina que pese al cúmulo de indicadores que señalizarían una pronta recesión, hay otros, como el comportamiento de la Bolsa y la industria, que siguen a todo vapor; la Reserva Federal aún quiere convencerse de que dominó la inflación para encarar un recorte de tasas. Este es el diálogo que mantuvo con este diario.
P.: La Bolsa se infla sin límites; se recuperan la producción industrial y los inicios de nuevas viviendas, pero, a la par, se reducen las ventas minoristas y los permisos de obra de construcción sucumben a niveles inéditos desde 1997...
G.G.: Es un cruce de caminos. Es natural que haya flechas apuntando en distintas direcciones.
P.: ¿Quién tiene, entonces, la prioridad de paso? ¿La Bolsa? Se admite que su talento natural es la anticipación...
G.G.: Es verdad. Sin embargo, no es el único predictor a mano.
P.: Pero, a ciencia cierta, es un indicador de gran peso. Y, más que nada, no titubea. A diferencia de los demás, que parecen insinuar un mensaje este mes y afirman todo lo contrario, el siguiente; la Bolsa es un tren expreso que arrolla. No amaga con detenerse en la próxima esquina...
G.G.: La Bolsa muestra una gran convicción. Uno diría que sabe cómo termina la película. Aunque a fines de febrero y principios de marzo estuvo viendo otra cinta. Y tenga presente que está lejos de ser infalible...
P.: Me queda claro que la crisis inmobiliaria no es un asunto que se resolverá pronto. Pero, por ejemplo, las acciones -sin negar el problema- parecen mirar más allá. Descuentan una solución...
G.G.: No es la única fuente confiable para otear el horizonte. Cuando uno revisa los indicadores líderes en su conjunto (otras variables cíclicas que, como la Bolsa, se destacan por su capacidad predictiva), el futuro no luce tan soleado. El índice que los agrupa -y que publica hoy (por ayer) el Conference Board- registra, de hecho, una merma de 0,5% en abril.
P.: La Bolsa es una especie de Llanero Solitario...
G.G.: Tampoco es así. La oferta monetaria real también señala vientos propicios. Y yo diría que en mayo habrá que sumar la contribución de los subsidios por desocupación, los que alientan mejores expectativas sobre el mercado de trabajo que el flojo informe de empleo de abril...
P.: ¿Y cuáles son los indicadores de anticipación que contradicen a la Bolsa y a la oferta de dinero?
G.G.: Son siete de un total de diez, según la lectura del mes pasado. O sea, una cómoda mayoría. El más negativo, por lejos, es la serie de los permisos de construcción. Pero se trata de un abanico amplio que barre desde las órdenes de bienes de capital hasta la pendiente invertida de la curva de rendimiento, o desde la menor demora en el cumplimiento de las entregas en la industria hasta las menguadas expectativas del consumidor. Todos ellos arrojan mediciones que siembran dudas...
P.: ¿Y qué tan buena ha sido, en el pasado, su habilidad de predecir la marcha de la economía comparada con la de la Bolsa?
G.G.: Tomar el grupo en su conjunto ha sido mucho mejor que apoyarse en un solo indicador individual. Y el índice líder -así considerado- ha caído en tres de los últimos cuatro meses computados. Tampoco, quiero decir, titubea mucho.
P.: ¿Significa que hay que esperar una caída futura de la economía, una recesión lisa y llana?
G.G.: No. En principio, sus valores son compatibles con una economía que se mantiene en un sendero de crecimiento débil. Si uno ensancha el marco de análisis y acopla variables que, si bien no anticipan, tienden a moverse en tándem con el nivel de actividad, ahí adquiere una mayor convicción de que proseguirá el curso actual de aterrizaje suave...
P.: ¿Cuáles son esas variables?
G.G.: Usted mencionó la producción industrial. Repuntó los dos últimos meses. La producción automotriz, muy castigada y forzada a reducir inventarios, aumentó 3,3% en abril. La producción del sector industrial de alta tecnología también se mantiene sólida. Es un punto a favor. Lo mismo vale para el empleo o para la suerte del ingreso personal disponible. Otro tanto ocurre con las ventas del comercio y la industria. Uno puede conformar una canasta con estas cuatro variables y las cuatro están creciendo, aunque en forma moderada. Y es una tendencia que no ha entrado en zona de disputa, se preserva uniforme...
P.: Si la oferta monetaria crece generosamente -con la tasa clavada en 5,25%- y si las variables que mejor predicen no auguran una recesión, ¿por qué pensar que la Fed tendrá que arremangarse y rebajar las tasas de interés antes que termine el año?
G.G.: Si la Fed no estuviera en offside con la inflación (esto es, si la inflación núcleo no superase 2%), la decisión de recortar tasas, a mi juicio, ya se hubiera tomado. ¿Por qué razón? Por la misma con que se construyen guard rail en los caminos de cornisa. Por las dudas. La economía transita por el filo de la navaja. Y nadie garantiza que no habrá un resbalón.
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