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28 de julio 2006 - 00:00

"Tengo más votos que Kirchner tres meses antes de su elección"

«Para mí casi es imposible vivir sin ir, en mi provincia, al club, al cine, al fútbol, a comer dos o tres veces por semana afuera. Nunca tuve problemas y eso que estuve doce años al frente del gobierno.» Así habla Jorge Sobisch, gobernador de Neuquén, candidato -«no paro más hasta octubre de 2007»- a la Presidencia.

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Jorge Sobisch confia en imponerse en la elección presidencial de 2007.
Periodista: Convengamos en que Kirchner, también en Santa Cruz, va al café, pasea, circula como un ciudadano más. En todo caso, para no generarse problemas, donde evita contactos inesperados es en la Capital Federal, ya ni siquiera va a ver a Racing.

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Jorge Sobisch: Ojo que Neuquén es una provincia jodida, muy politizada, donde un tipo te para por la calle y es capaz de generarte un disgusto, bien radicalizada, con problemas en la Universidad y con un clima parecido al de Buenos Aires. Bien diferente de otras más pequeñas donde todos se conocen.

P.: ¿Y cómo le fue con Kirchner?

J.S.: Bien, me atendió bien para facilitar la salida del crédito. Y para interesarse en otras obras respecto de la energía. Además, no estoy como los gobernadores de otras provincias, complicados con más empleados públicos, más salarios, más atención de salud, educación, seguridad, sin coparticipación del impuesto al cheque, ni las retenciones. Así el país es inviable. Muchas provincias no van a poder absorber los aumentos de sueldos, y eso es preocupante. O banca el Estado nacional o cambiarán las relaciones de fuerzas.

P.: Igual, no parece fácil hoy salir a enfrentar a Kirchner en 2007.

J.S.: Claro, pero no soy suicida ni loco. La decisión la tomé hace tiempo, creo que uno tiene tiempo para ciertas etapas de la política. De gobernador, luego de dos períodos, no vuelvo más, a pesar de que la última vez gané por más de 40 puntos y muchos creían que me iba a quedar para siempre. Me lanzo a presidente porque creo que desde el 83 hasta la fecha no sólo persisten, sino que se agudizaron los mismos problemas. Debido a que los grandes partidos siguieron con las mismas estructuras, el mismo formato de gobierno, y no pueden resolverlos. Como el caso de la educación, terminaron haciendo una ley que hasta los que la votaron decían que no servía. Lo mío no es negociable, yo voy, camino y construyo espacios en todo el país para competir desde una posición de fuerza. Yo me podía quedar atrás de algún caudillo, negociar y llegar; o, como Cavallo, Béliz, Alvarez, hacer mucha prensa, y gracias a eso convertirme en referente. Ninguna de las dos variantes me gusta, prefiero instalar una propuesta en todo el país, más dura y laboriosa. Ofrezco los resultados de Neuquén, los módulos que han sido exitosos en mi provincia y que se pueden trasladar y aplicar en la Nación: del sistema educativo al simple recurso de llevarle agua a la gente. Eso lo sé hacer. Además, tambien sé que asumo como presidente teniendo minoría en las dos cámaras, de modo que si no tengo política propia, con un electorado fuerte, no tendré posibilidad de hacer nada para cambiar el modelo que está.

P.: Usted está inclinado en un sector de centroderecha, donde ya hay varios candidatos como Mauricio Macri, con quien tiene una relación de entendimiento.

J.S.: Primero, hay que aclarar que no se discute más el espacio. Ni centroderecha ni centroizquierda. En realidad, el espacio es los que están con el gobierno y los que están en contra. Esas son las corrientes. Y allí no está solo Mauricio, también otros candidatos, inclusive hasta algún desprendimiento del propio oficialismo. Yo quiero construir poder y tener la capacidad de sentarme, no de negociar. Con eso sólo le basta a la oposición. Con Mauricio, a pesar de ciertas interferencias, estamos bien. Primero, sentarnos a debatir cuestiones serias, lo que le preocupa a la sociedad. ¿Podemos tener 40% de la población sin cloacas, 15 millones de argentinos con gas natural?, ¿que falte una red de coparticipación que fortalezca a las provincias?, ¿qué vamos a hacer con las Fuerzas Armadas, hoy en una situación híbrida?

P.: ¿Por qué no con Kirchner?

J.S.: Yo no soy crítico de Kirchner porque le tenga bronca o una cuestión personal. No, nada de eso. No me gusta el modelo que él está imponiendo, que nos hace enfrentar a una mitad de los argentinos con la otra mitad. Eso es lo básico.

P.: Pero usted ya venía con diferencias con él de los tiempos en que ambos eran gobernadores.

J.S.: Sí, tuvimos diferencias, pero en el tema de los hidrocarburos. Yo planteaba y planteo ahora que el titular de la OFEPHI ( Organización Federal de Estados Productores de Hidrocarburos) no debe ser por la cantidad de votos de los distintos componentes, sino en función de lo que producen. Son todos peronistas o radicales, y así ocupan los cargos en lugar de los que más producimos y, entonces, la mayor productora de gas del país, Neuquén, nunca va a poder conducir la OFEPHI. Esa era una discusión. No nos dejaron ni estar en la vicepresidencia. Así no se puede negociar con el gobierno, porque sólo se maneja desde lo partidario. Lo mismo ocurre con las empresas. Por eso me peleaba con él, pero ésas eran diferencias que nunca fueron personales.

P.: Pero a usted lo enfriaron en estos tres años.

J.S.: Sí, la independencia de una provincia como la nuestra le provoca molestias a un tipo de gobierno como el de Kirchner. Nuestro partido, el Movimiento Popular Neuquino, nunca se sometió al poder de turno, por otra parte. Ahora hay que sumarle a esa independencia la disposición de un representante por competir en el orden nacional.

  • Titánico

    P.: Trasladar su experiencia local a lo nacional no parece sencillo.

    J.S.: La verdad, es titánico. Me duermo en todas partes, en el avión, en la camioneta. Tengo las ideas claras, pero hay que ponerle un enorme esfuerzo, porque aparte yo arranco de cero. A mí me conocen en ciertos lugares, en el establishment político, pero afuera puedo ser Sobisch, Sofovich o el que administra Neuquén. Hay que hacer tareas todos los días para que lo entiendan a uno, lo conozcan y, además, mirar la casa para no perder la elección en la provincia, donde tuvimos que enfrentar a todos los que estaban con Kirchner.

    P.: Tampoco se ven soportes a su candidatura, ni siquiera equipos, técnicos conocidos.

    J.S.: ¿De dónde voy a sacar la plata? Primero hay que tener claros los objetivos políticos. Eso viene. Primero hay que construir un candidato y un núcleo con posibilidades. Mire, yo no voy a tener la hipocresía de decir que voy a hacer una campaña con 500 mil pesos. Es una mentira y arranca mal porque hay que fraguar documentación. Una campaña costará 10 millones de dólares, para poner un ejemplo -no la del gobierno, claro-, pero desde el principio queremos ser transparentes y el que ponga tendrá que jugarse. No estoy convencido de que haya tanto miedo para colaborar en alguien que le importa. Yo lo hice en Neuquén, soy el único partido que presentó todos los balances. Me parece que el Frente para la Victoria todavía sigue sin presentarlo.

    P.: En su esquema de oposición, ¿qué lo diferencia a usted de Macri o Roberto Lavagna?

    J.S.: Yo tengo gestión para mostrar, clara como gobernante. Macri es presidente de Boca, le sirvió para ser conocido, pero es titular de un club. Y Lavagna fue ministro de Economía, importante, pero yo tengo el voto y respondo al voto. Fui electo en 4 oportunidades, cumplí mi rol, he sido exitoso. No desmerezco a los otros, pero es una diferencia. Hay muchos ejemplos de ministros exitosos que no saben ganar una elección. Y hay los que saben ganar elecciones, pero no saben cómo manejar el país, como Chacho Alvarez o De la Rúa.

    P.: Usted no se llevaba tan bien con Cavallo como Kirchner.

    J.S.: ¿Y qué le parece? A mí cuando me hablan de la época de Menem, yo vi el besamanos, lo vi yo, no me lo va a contar nadie. Yo veía los que iban por el costado. Yo no privaticé el banco, a ver ¿cuántos gobernadores no privatizaron el banco?

    P.: Usted lo dice por Santa Cruz.

    J.S.: Entre otros. Yo tampoco entregué la caja de jubilaciones. Otros entregaban las cajas de jubilaciones. Cuando Cavallo planteó los Lecop en el gobierno de De la Rúa, yo dije que no estaba dispuesto a suicidarme y me negué. Tampoco privaticé las empresas públicas, pero no por ideología, sino porque las empresas públicas en ciertas provincias son imprescindibles: ¿qué privado le va a llevar el gas a un pueblito alejado de 800 habitantes si eso implica una obra de 3 millones de pesos? Además no hay un modelo económico para todos igual, no hay una receta. Mire Italia, el mismo modelo, el Norte anda bien pero el Sur no. Lo mismo el libro del hijo de Sturszenegger, con el ejemplo de Neuquén: 40 años creciendo más que España, que los países asiáticos, más que Irlanda, en un momento en que las provincias argentinas se pulverizaban. Y no es sólo por el petróleo.

    P.: Con Macri tal vez, entonces, ¿tirarán la monedita?

    J.S.: Vamos a elegir un método. Me gustaría que Mauricio, López Murphy y otros, a ver si nos aguantamos y vamos a una compulsa. Hay que sentarse para discutirlo. Pongamos una fecha, mientras seguimos construyendo. Y el que gana entonces, el compromiso es que se acompaña al que gana. Esto, me parece, lo hemos logrado con Mauricio, vamos a ver quién llega mejor.

    P.: Con la ingeniería constitucional de la Argentina, el segundo debe sacar 30% para pasar a la segunda vuelta. Si son muchos, no llega ninguno.

    J.S.: Bueno, esto es en lo que insisto: separados vamos a conseguir un pedacito de nada. Por eso, pienso, hay que confluir al final. Yo voy a seguir creciendo, más que otros. Esto se divide, por lo tanto, hay que ser inteligentes, pensando que al otro día hay que gobernar porque no se puede seguir dividiendo a los argentinos, donde hay muertos buenos y muertos malos, asesinos buenos y asesinos malos.

    P.: Usted sabía entonces que Kirchner, cuando le dijo seguí solo, le estaba diciendo que se quedara con un pedacito de la nada.

    J.S.: Fue, creo, inteligente en términos políticos, pero yo no me como los caramelitos.

    P.: Bueno, también se dijo que en la entrevista Kirchner le dijo que usted tenía 5% de intención de voto.

    J.S.: Sí, más de lo que él tenía tres meses antes de convertirse en presidente.
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