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También se encuentra reconocido este principio en la Convención Americana de Derechos Humanos, en el Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos (art. 26) y, especialmente, en la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre. Esta última es especialmente explícita al agregar que las personas tienen los derechos y deberes consagrados en la Declaración, sin distinción de raza, sexo, idioma, credo, ni otra alguna (art. II); pero también declara que toda persona tiene el deber de obedecer a la ley y demás mandamientos legítimos de las autoridades de su país y de aquél en que se encuentre (art. XIII).
Para estos ciudadanos comunes, el solo hecho de estacionar su vehículo por dos minutos en una calle poco transitada para comprar cigarrillos en un quiosco, o no llevar consigo el último recibo de la patente del coche, serán gravísimas faltas que tendrán inmediata sanción. No sería de extrañar que el mismo taxista, cuya cabeza fue rota por un sujeto que minutos antes había sido arrestado y luego liberado, pueda ser multado, minutos después por las mismas fuerzas del orden que observaban su agresión -con instrucciones de no intervenirpor haber utilizado un celular para llamar a la ambulancia mientras estaba sentado al volante de su taxi. Para quienes gozan de estos nuevos fueros personales, todo es distinto. Quien cometa cualquiera de estos actos invocando su condición de beneficiario de estos nuevos fueros, bajo la denominación genérica de
Pero lo descripto es sólo la punta del iceberg. En realidad, estas personas y grupos van más allá, pues ya no sólo se valen de los fueros para sus propósitos específicos, sino que, además, conscientes de que el Estado ha resignado su derecho al ejercicio del monopolio de la fuerza, están aprovechando estos fueros para colocarse -como legitimados para el uso de la violencia en forma impune-al servicio de otros ciudadanos que no tengan dichos fueros y que les piden ayuda para resolver cuestiones particulares.
Así, si los vendedores ambulantes, los travestis u otro grupo de afinidad necesitan cometer tropelías para hacerse notar y oponerse a algún proyecto legislativo o reclamar por sus intereses, y tienen miedo de ser sancionados o impedidos de hacerlo,
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