Al menos 10
aviones
Mirage
utilizados
durante la
guerra de
Malvinas
fueron
aportados
por Perú.
Los diplomáticos y los militares son por naturaleza celosos protectores de la información y, por cierto, nada cándidos. La venta en secreto de una decena de aviones de combate peruanos fabricados en Francia concluye en una circunstancia particular del vínculo bilateral con Perú. Un ex oficial del Ejército peruano, Ollanta Humala, se perfila como el ganador en las elecciones presidenciales del próximo fin de semana. Otros uniformados peruanos de la fuerza aérea de ese país, contemporáneos del candidato, tuvieron un rol protagónico en la iniciativa de ayuda militar secreta a la Argentina durante la guerra por las Islas Malvinas.
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Ocurrió a mediados del mes de mayo de 1982. Los 10 pilotos salieron de la base La Joya en el desierto de Arequipa vestidos con su traje de vuelo verde oliva y armados para el combate. En el trayecto a la pista se detuvieron unos instantes ante la imagen de tez morena. Era la Virgen de Loreto, patrona de los aviadores de la Fuerza Aérea del Perú (FAP).
Luego de una breve oración, los oficiales peruanos subieron a los 10 aparatos Mirage 5P que harían un vuelo histórico hacia territorio argentino. Comenzaba la operación militar más arriesgada emprendida por pilotos peruanos en combinación con argentinos que burló el cerco político de la comunidad internacional: la prohibición de transferir material bélico a la Argentina. Después del 1 de mayo, el alto mando de la Fuerza Aérea Argentina (FAA) evaluó que las pérdidas de cazas interceptores ponía en peligro la capacidad ofensiva y reducía las posibilidades de la supremacía y control del espacio aéreo sobre las islas.
Ese día fue abatido el primer caza Dagger M-V matrícula C-433 del primer teniente José Ardiles quien iba en formación con el entonces capitán Carlos Rohde (ex jefe de la Fuerza Aérea). Luego vendrían en proyección aritmética más derribos de Dagger, los únicos que podían trabar combate aéreo -en desigualdad de condiciones técnicas- con los Harrier de la fuerza aérea británica. Para mediados de mayo, el conteo llegó a más de una decena de Dagger entre los destruidos en combate y los que sufrieron averías de consideración.
La gestión del Perú por Malvinas, solidaria con la Argentina en las cuestiones de fondo, fue constante en la búsqueda de la paz y en el arribo a una solución negociada definitiva del conflicto. La noche del 1 de mayo, el canciller peruano Javier Arias Stella se comunicó con Nicanor Costa Méndez para actualizar su información sobre los resultados del ataque británico de ese día, requerir la actitud que tomaría el gobierno argentino y sugerir una alternativa que estaba tratando en esos momentos el presidente Fernando Belaunde Terry. Era la conocida propuesta de siete puntos para iniciar una negociación con Gran Bretaña, conversada con el entonces secretario de Estado norteamericano Alexander Haig y luego transmitida la madrugada del 2 de mayo al general Galtieri.
Como se sabe, coincidió con el hundimiento del crucero General Belgrano, torpedeado a las 16 del 2 de mayo. Quedó claro para la cúpula de la Junta Militar que no había vuelta atrás y la Fuerza Aérea aceleró la búsqueda de aparatos de combate. El comodoro ( ingeniero aeronáutico) Pedro Martínez fue designado jefe de la misión técnica encargada de la evaluación de los Mirage 5P que ofreció la Fuerza Aérea de Perú.
El gobierno peruano aprobó la venta de 10 aeronaves, misiles AS-30 filoguiados (el sistema de guiado al blanco se hace por un cable) y equipo de repuesto a través del decreto legislativo secreto Nº 133 y la resolución ministerial Nº 2152/ AE del 14 de diciembre de 1981.
El contrato final de gobierno a gobierno fue fechado también en 1981, ardid que esquivó el embargo de armas que pesaba sobre la Argentina. El país pagó 50 millones de dólares al contado por los cazas de fabricación francesa.Justo el anticipo que necesitaba el general del aire Hernán Boluarte, entonces comandante de la FAP, quien ya había iniciado en simultáneo una negociación con la empresa gala Marcel Dassault para reemplazar esos aviones por la versión Mirage 2000, los más modernos de aquel momento.
Aliados e intereses
La Fuerza Aérea peruana recibió luego 12 cazas Mirage 2000 sobre un pedido de 24 aeronaves. En la guerra hay aliados y también intereses que van de la mano. ¿Es posible que Francia haya ignorado las tratativas para vender cazas a la FAA y que eran parte de un negocio con Dassault para comprar aviones nuevos para la FAP?
El entonces jefe de inteligencia de la Fuerza Aérea Argentina, brigadier Gustavo Revoll, montó una operación de velo y engaño con los agentes de la Regional Centro de Inteligencia ubicada en Córdoba. La maniobra tenía que encubrir el vuelo de los 10 Mirage desde La Joya, Perú, hasta la base aérea de Tandil previo una escala nocturna en Jujuy para reabastecimiento.
La inteligencia británica al parecer nunca detectó el movimiento de los cazas peruanos hacia territorio argentino. O por lo menos no lo consignó en el capítulo: «La Iniciativa Peruana» del libro «The Official History of the Falklands Campaign, Vol. II, War and Diplomacy», que escribió Lawrence Freedman con el auspicio informativo del gobierno de Tony Blair. Tampoco hay indicios de que la inteligencia chilena se haya dado por enterada del traslado de los aparatos y tripulación peruanos. Claro, el esfuerzo de los trasandinos estaba centrado en espiar las actividades de la fuerza naval criolla en el Sur.
La «pantalla» fue un Hércules C-130 de la FAP con destino Ezeiza que figuró en los registros como un vuelo regular de la empresa Aeroperú, pero que próximo a ingresar en la zona de control, se desvió hacia Tandil, por «problemas técnicos» y con él, los 10 aviones Mirage. Dos pintores de la FAA viajaron a la base La Joya un día antes de la partida de los cazas peruanos y pintaron las escarapelas argentinas y las siguientes matrículas en alas y fuselajes: C-403, C-404, C-407, C-409, C-410, C-419, C-428, C-430. C-433 y C-436. El titular actual de la Fuerza Aérea Peruana, teniente general del aire Felipe Conde Garay, y el subjefe, teniente general del aire Augusto Mengoni Vicente, además del general Gonzalo Tueros Mannarelli, actual comandante de la 2º Región Aérea Territorial, en aquel tiempo con la jerarquía de mayor, son tres de los diez pilotos que aterrizaron en Tandil.
Conde Garay no era un desconocido para los aviadores argentinos, había asistido entre 1979 y 1980 al curso de tiro de combate aire-aire que la FAA daba en la base de Moreno, provincia de Buenos Aires, primer asiento del Grupo Aéreo de Caza Nº 8 de Mirage III. Con la misión cumplida y luego de un asado que convidó el entonces capitán de la FAA Jorge Rati, quien luego sería brigadier y agregado de la fuerza en los Estados Unidos, los peruanos abordaron el Hércules de regreso al Perú.
Los Mirage adquiridos nunca llegaron a participar en las operaciones de guerra porque los sistemas de armas (los misiles AS-30) eran de menor performance en relación con los Shafrir israelíes de los Dagger. Estos aparatos con modernizaciones sucesivas aún están en servicio en la VI Brigada Aérea de Tandil.
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