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3 de enero 2008 - 00:00

A dos puntas, para jugar a ganador

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Hugo Chávez
Cristina de Kirchner y Néstor Kirchner, en privado, resolverán cómo salir de la crisis en que los envolvió su intervención en el conflicto de los rehenes en poder de las FARC. La idea de ambos es que el país debe seguir siendo parte de los veedores internacionales, junto con Brasil y otros estados latinoamericanos, pero sólo embarcarse públicamente en el futuro cuando la situación sea más clara y no haya posibilidades de fracaso. Mientras tanto, y después de las declaraciones de ayer del canciller Jorge Taiana, lo que se buscará es que el tema, especialmente el rol del ex presidente como cabeza de los « comisionados internacionales» organizados por Hugo Chávez, se adormezca. Por supuesto, ya hay en el gobierno una caza de brujas para castigar a los responsables de haber comprometido a los Kirchner en este bochorno. Fuentes del gobierno argentino aseguraban ayer que la intención de la Presidente es la de continuar interviniendo en el conflicto colombiano y seguir formando parte de las fuerzas y misiones humanitarias internacionales que se organicen en el futuro. La cuestión que se abre entonces es decidir cuáles de las estrategias en marcha tendrán el aval oficial. Aquí aparece la posibilidad de que surja algún conflicto entre el matrimonio presidencial sobre la marcha que tomará el país.

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Néstor Kirchner, a su retorno de la jungla colombiana, se manifestaba decepcionado, para usar un término suave para describir los comentarios que el ex presidente hizo en privado sobre ambos jefes de Estado. Según su descripción dentro del Tango 01 en el viaje de retorno al Calafate, tanto Uribe como Chávez y las FARC (que considera una sola fuente) están resolviendo una interna e intentaron utilizar a los «comisionados» para dirimir sus diferencias.

Sin embargo, y quizá obedeciendo a lo que le dicta su corazón, Kirchner se encuentra más inclinado hacia la posición bolivariana que a la oficial colombiana; especialmente luego de escuchar a Uribe explicar por qué no era posible la liberación total de las regiones que pedían las FARC para que el «operativo Emmanuel» sea posible. Según los datos que le dio el presidente colombiano, sólo estaba dispuesto a establecer un «corredor» para el traslado de los rehenes, y no la liberación durante más de 72 horas de varias provincias colombianas para que durante ese período las FARC se movieran como lo desearan. Según las explicaciones de Uribe, esto es lo que la guerrilla viene pidiendo desde hace décadas para poder realizar operativos múltiples vinculados al narcotráfico; algo que no tiene nada que ver con la liberación de rehenes, al menos a los ojos de Uribe.

  • Desenlace

  • Kirchner, cualquiera sea el desenlace de la historia, tampoco vio con buenos ojos la forma en que el colombiano contó en conferencia de prensa desde Villavicencio la posible localización del niño Emmanuel, hijo de Clara Rojas (una de las rehenes que iban a ser liberadas), en Bogotá desde hace años en lugar de permanecer en poder de las FARC. Para el ex presidente, Uribe no debería haber hablado públicamente hasta no tener absolutamente confirmados los datos del ADN del niño. De todas maneras, esta información que llevó el colombiano a Villavicencio fue lo que determinó que Kirchner decidiera terminar con las gestiones humanitarias en las puertas de la selva.

    Cristina de Kirchner mantendría -según sus entornistas- otra visión sobre la forma de enfrentar el conflicto de los rehenes. Como primera diferencia, la Presidente tiene otro concepto de Uribe; mucho más positivo que el de su marido. Luego del encuentro personal que mantuvo el 11 de diciembre durante su asunción, Cristina de Kirchner y el colombiano se prometieron hablar largamente sobre la situación de los rehenes, algo que se concretó el 26 de diciembre pasado durante una larga conversación telefónica. Allí, Uribe dijo que apoyaría la misión organizada por Chávez, pero dejó en claro su pesimismo. Sin embargo, comentó el plan de la Iglesia de su país, que incluye una «zona de encuentro» de 150 kilómetros cuadrados, donde durante 30 días sacerdotes dialogarían con las FARC, y también intervendrían veedores internacionales. La Presidente argentina pareció más interesada en este proyecto que en la aventura selvática organizada por Chávez, pero dejó en claro que debía apoyar la idea del bolivariano y que sólo cuando ésta fracase se podría hablar de la intervención de la Iglesia, situación que parecería ser la actual, luego del fracaso de Villavicencio.

    Otra intención que tiene la Presidente es la de profundizar las consultas con Luiz Inácio Lula da Silva para que cualquier próximo paso se dé bajo el paraguas del Mercosur, o al menos con la « chapa» de los dos principales socios del bloque.

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