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En rigor, la mecha la encendió otro hombre del Presidente, Brown, cuando comenzó a girar un proyecto para gravar con un impuesto especial a las beneficiarias del decreto de pesificación indiscriminada. Pero en Olivos fue el rionegrino Zúñiga quien encabezó el cacerolazo: «Se está indexando toda la economía, la caída del poder adquisitivo de los salarios es espectacular y no vamos a poder salir a la calle con este regalo que les hacemos a los más poderosos a los que les licuamos pasivos por 60.000 millones de pesos. Y esto lo estamos llevando a cabo porque fracasó la Ley de Quiebras, que era el compromiso originario con los grandes grupos, no nos engañemos».
Duhalde escuchó en silencio hasta que se sumó Roggero, quien se había mantenido ajeno al problema de la pesificación durante los últimos días. Explicó la transferencia de renta «tan evidente» que se produce «en beneficio de los más poderosos que tampoco son los más eficientes porque muchos están quebrados». Después acusó de alguna irregularidad oficial en la gestación del decreto.
Duhalde creyó necesario frenar allí la tertulia, con una intervención. Se justificó así: «Muchachos, si nosotros defendemos las empresas de 20 o 30 empleados como fuentes de trabajo, ¿cómo no vamos a defender las de 6.000 o 60.000 empleados? Tenemos que ayudarlas, no podemos dejarlas caer». Se ve que muchos de los presentes no habían escuchado el discurso presidencial del viernes pasado; de lo contrario no se hubieran ofendido: Duhalde había dicho que «estamos aliados al pequeño tallerista y a las grandes empresas nacionales». Un argumento similar al que emplearon Jorge Capitanich y Oscar Lamberto anoche, cuando el bloque de senadores del PJ se sublevó también contra la pesificación: «No existe una razón técnica sino que la licuación de las deudas responde a una decisión política» explicó Lamberto, quien -como el jefe de Gabinete- adelantó que pronto volvería a la Cámara alta.
Duhalde tomó el mismo camino en la reunión de Olivos, pero no se detuvo a contestar la acusación de Roggero.
La palabra pasó a Díaz Bancalari, quien intentó hacer una síntesis de las exposiciones de sus colegas de bloque. Ya había concluido pero el riojano Quintela se quejó: «Esto no nos interpreta a todos. Acá estamos hablando de ganancias extraordinarias que no se pueden tolerar y que nosotros estamos alentando».
Duhalde quedó en silencio y apenas atendió a dos o tres consejos, entre ellos que salga más al interior y que convoque «a la plaza». Se reía Díaz Bancalari a la salida: «Que convoque pronto porque si no, como siga este clima, van a venir solamente Magnetto y Soldati».
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