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15 de junio 2005 - 00:00

¿Abren conflictos ahora sin el control oficial?

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• La instrucción política a sus funcionarios fue promover la caída de las leyes de punto final para evitar el karma de todos los presidentes argentinos desde 1987: cada vez que llegaban a un país extranjero, eran piqueteados en la escalinata del avión por familiares de víctimas o activistas de organizaciones humanitarias reclamando el juzgamiento de los represores en esos países. La Justicia de esos países, además, atosigaba la mesa de entradas de la Cancillería argentina con infinitos pedidos sin respuesta de extradición de esos represores. El argumento era que, con las leyes de punto final, sus sistemas judiciales hacían inevitable el pedido de extradición. Kirchner les pidió a sus legisladores y operadores judiciales que, cuanto antes, se revirtiese esa situación con la nulidad de esas leyes tapón. Hoy puede decir con el fallo en la mano lo que hasta ayer era una mera expresión de deseos: que los represores serán juzgados en la Argentina. Cada vez que llegue de visita a algún país, no lo esperarán con pancartas de queja; tampoco las habrá de recibimiento gozoso, porque ya no habrá abogados de esas causas en terceros países.

• Si se mira la estética que Kirchner busca darle a su incursión por la presidencia, parece el terreno ideal. Acomplejado por un mundo que comenzó a conocer cuando recién tenía fueros de presidente, puede ufanarse de que con la sentencia de ayer la Justicia argentina se pone a la vanguardia de la defensa de los derechos humanos en el mundo. Lo había hecho en realidad hace un año, cuando la Corte dijo en el caso Arancibia Clavel (muerte del general chileno Carlos Prats) que los delitos de lesa humanidad era imprescriptibles. Ahora confirma la validez aquí de la convención internacional que declara que los delitos aberrantes cometidos desde antes de la Segunda Guerra Mundial no prescriben y que son nulas las amnistías y los indultos que se hayan dictado en todo el mundo en los últimos 6 años. ¿Se animará este santacruceño a reclamarles ahora a los chilenos que anulen la amnistía de Pinochet, a los españoles las de Francisco Franco, a los franceses las de De Gaulle por Argelia? Vaya venganza global.




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